5/2/10
El cuidador del archivo
Lizeth Sevilla
Durante mucho tiempo se ha hablado del valor que tienen los documentos que se encuentran dentro del Archivo Histórico Municipal de Zapotlán el Grande, del trabajo invaluable que han realizado los cronistas, pero hay una persona que ha sido guardia del Archivo Histórico, desde hace aproximadamente 20 años, y no precisamente es reconocido por su trabajo, salvo por el Cronista de la ciudad y sus compañeros en el Ayuntamiento.
Antonio Gutiérrez es originario de Guadalajara, llegó a Guzmán a la edad de 15 años, cuando todavía algunas colonias estaban siendo pobladas, como en la que le tocó vivir. Durante mucho tiempo, fue vecino del Maestro Ernesto Neabes Uribe; un día se encontró con la propuesta de trabajar en algunas actividades en Casa de la Cultura, mientras estudiaba la prepa, fue en 1989 cuando Toño aceptó el trabajo de mantenimiento en las instalaciones de Casa de la Cultura, no obstante, el Maestro Neabes, como vecino, era muy amable, pero en el momento de ser jefe, la cosa resultaba complicada, porque era estricto con las instrucciones que daba y a veces difícil de persuadir, Toño como adolescente aprendió a acatar algunas reglas. En tanto trabajaba, su padre le daba una carta de autorización, para que no sólo llevara a cabo sus actividades, sino que recibiera un sueldo y creciera como los demás trabajadores, cuando cumplió la mayoría de edad, fue cambiado de lugar de trabajo, fue entonces que en 1991 llegó al tan temido Archivo Histórico, cuando estaba don Juan Vizcaíno de cronista y escribo temido, porque Toño refiere que trabajar en el archivo era comparado a un castigo que se le levanta a un empleado por mal comportamiento; ya había escuchado acerca del archivo histórico, que su jefe sería una persona especial, pero no fue comparado con lo que vivió y con lo que aprendió en un primer momento. Al principio, no se acostumbraba a las llamadas de atención de don Juan, era la novedad escuchar que en las llamadas de atención maltratara o se dirigiera a ellos como cabron has bien las cosas, o muchachito hijo de…pero poco a poco, la novedad fue convirtiéndose en costumbre, en cariño y entonces dejaba de resultar una ofensa sus regaños, para convertirse en parte de la comunicación diaria. Con don Juan aprendió la mayor parte de cosas que sabe ahora, escribir los libros y empastarlos, ubicar archivos importantes por fechas y lugar, además de la disciplina de cuidar lo que guardan celosamente en el interior del Archivo Histórico de la ciudad.
Toño tiene muchas historias en el almanaque del tiempo que ha estado en el archivo, ha visto pasar gente que ponía el clima de trabajo tenso, anécdotas de sismos en los que don Juan era el protagonista, relatos de esos días en los que don Juan llegaba a trabajar a las tres de la mañana y las innumerables historias en las que personas que iban a buscar documentos para alguna investigación eran corridos por mal comportamiento, las reglas se acataban en general, sino que le pregunten al ex presidente en aquel entonces.
Una de las historias que Toño nos compartió fue aquél momento en que se vivió una transición de cronista de la ciudad, cuando en aquel entonces, el ahora Cronista el Arquitecto Fernando G. Castolo, dejó de ser el aprendiz disciplinado que era para convertirse en la persona que llevaría sobre sus hombros la responsabilidad de no sólo producir nuevas obras, sino de dar un buen uso de esas instalaciones y lo que contenía. El cambio fue notorio, don Juan nunca renunció, simplemente ya no se apareció por el lugar, desde entonces, cambió la producción y diseño de libros, mejoraron en muchos aspectos y es que los cambios deben tener esa cualidad, buscar trascender en los diminutos detalles para engrandecerse con los resultados. Desde ese entonces a la fecha, el trato fue diferente, el archivo dejó de ser la zona de castigo y Toño ha disfrutado cada etapa en la cual se inicia el proceso de un libro –aunque ya no se haga como antes- con esa responsabilidad que implica, él se siente orgulloso de poder cuidar y conocer cada recoveco de los documentos que ahí guardan, evitar que entre el polvo, que se hagan plagas adentro, que entre gente sin autorización, etc.
Uno puede llegar con Antonio al archivo histórico, buscando alguna información de la historia de Zapotlán y sabe dar referencias, uno puede preguntarle sobre aquellas historias que guarda de su experiencia con el Maestro Ernesto Neabes Uribe y con la misma emoción lo platica, las historias de temblores, de transiciones en el Ayuntamiento, de gente que ha llegado a trabajar con proyectos jugosos y que al mismo tiempo salen… su vida laboral ahí es de constates transiciones y guarda con mucho orgullo cada uno de esos recuerdos.
Yo me quedo con algunas historias, esperando que muchos de ustedes algún día se den a la tarea de buscar a esas personas como Toño, que realizan un trabajo loable y que siempre tienen la disposición para ofrecer el mejor de los servicios, o compartir lo mejor de sus experiencias laborando en áreas en las que pensamos, tal vez no se trasciende… en cada pequeño recoveco hay una gran historia.

criado por suplementolajirafa
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