La Jirafa

Un suplemento cultural que se publica todos los sábados en las páginas del Diario de Zapotlán, realizado por personas de la región sur de Jalisco, aunque con colaboraciones de cualquier parte del mundo.

Enero 31, 2008

Poesía para llevar

                                                                                        Carlos López de Alba

En el intrincado mundo de la edición literaria en México las problemáticas que abordan a sus editores son diversas: financiamiento, distribución, comercialización, representación, entre otros.

   Y es que la vitalidad de estos proyectos reside justamente en el cuidado editorial y la selección de sus contenidos. Apuestan por autores jóvenes y locales, o van tras el hallazgo de rarezas que los lleven hacia un lector educado y consciente del oficio de hacer, publicar y cerrando el ciclo leer buena literatura, dejando un registro tangible de la producción y el pulso del acontecer literario en una determinada época, generación y geografía.

Dentro de este panorama, las soluciones que se asumen van desde la búsqueda de coediciones con instituciones nacionales y extranjeras, subvenciones, apoyos y becas, hasta el patrocinio y el mecenazgo de particulares.

Algunas editoriales pequeñas, por sus tiradas y alcances, llamadas también “independientes”, optan por la venta anticipada de la edición completa entre un círculo cautivo de lectores, a manera de club o abonos; otras han dirigido sus estrategias hacia la profesionalización de su oficio, es decir, aseguran la supervivencia no sólo de su proyecto editorial, sino de su sustento y manutención personal, a través de la oferta de sus servicios y conocimientos editoriales, llámese corrección de textos, traducciones, diagramación y diseño de publicaciones, además de apostar por ediciones comerciales, como libros de textos educativos, autoediciones de autores o de bestsellers locales, como una alternativa para registrar ingresos económicos que les permitan invertir en la continuidad de sus catálogos literarios, por medio de la publicación de ensayo, poesía, cuento y novelas cortas.

En este contexto, llaman la atención dos proyectos editoriales aparentemente dispares entre sí, por su respaldo y estructura, pero vinculados de manera estrecha debido a su perfil y motor: el gusto por la poesía.

En Guadalajara, a mediados del año anterior salió a la luz Polvo lugar, publicación debut tanto para la joven poeta Xitlálitl Rodríguez como para la Editorial La Zonámbula, dirigida por Francisco Enciso y el poeta Jorge Orendáin. Al ritmo de un libro cada dos meses, el proyecto ha publicado cuatro títulos (Por si la recua, de Dora Moro; Transmutación incorpórea, de Arnulfo Rodríguez; y Cabroncito Standard, de Carlos Alberto Cortés). Lo interesante de La Zonámbula es que el esfuerzo de sus editores por publicar tiradas de 600 a 1000 ejemplares está encaminado a la inversión de autores, lectores y a la salud del propio género de la poesía, y no de dinero, ya que un gran porcentaje de las ediciones se regala entre los autores y los círculos literarios de Guadalajara y la región.

Por otra parte, hace menos de un mes se terminó de imprimir la edición del volumen Tonos de lo claro, del poeta sonorense Ricardo Solís, con el que se llevó en 2005 el premio nacional de poesía Ramón López Velarde, otorgado desde 1982 en Zacatecas.

Esta colección, que publica la Universidad Autónoma de Zacatecas, es impulsada por José de Jesús Sampedro, poeta y editor de la canónica revista Dos Filos; Sampedro también es promotor y coordinador del Festival de Poesía “Ramón López Velarde”, en el que se entrega el premio.

La edición del poemario ganador, si bien se realiza bajo apoyos institucionales, tiene el acierto de asegurar la difusión y lectura de una buena parte del tiraje, ya que se distribuye en su totalidad entre escuelas y bibliotecas, principalmente zacatecanas, de manera gratuita. Decisión que bien podrían imitar infinidad de editoriales universitarias que, una vez entregados sus 20 ejemplares al autor, realizada la presentación, donde los amigos y familiares de éste compraron otros 30 ejemplares más, y de haber enviado a lo mucho otros 20 más entre autoridades universitarias que irán a parar directamente a sus libreros, sin ni siquiera haber sido abiertos, dedican el resto del tiraje a ocupar espacio en sus bodegas por 10 ó 15 años, para, entonces, rematarlos en ferias del libro a menos de $10 pesos.

Si bien hay que mencionar que existen otras instituciones en el país que realizan un ejercicio editorial aparentemente similar como el CECA, en Jalisco, que distribuye una buena parte de las publicaciones que apoya entre la red de bibliotecas públicas del estado, el éxito de la colección del Premio López Velarde es que se da en un marco que no matiza ni utiliza a la poesía como relleno de otros programas o proyectos, el López Velarde es una fiesta, un homenaje al género como la apuesta de La Zonámbula, con un prestigio ganado a pulso.

Ambos proyectos no sueltan botellas al mar con su ejercicio, tampoco son redes que busquen agarrar “lo que sea” entre el mar de lectores, más que nada son anzuelos en busca del pez gordo, de ese lector que valora al libro como objeto, y a la poesía como recompensa.

Carlos López de Alba (Guadalajara, 1978) es editor y narrador. Dirige la revista Reverso.

criado por suplementolajirafa    5:27 pm — Categoría: La Jirafa

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