José Ayante Oceguera
En la mitología, el papel del héroe es preservar a la sociedad; también es protagonista de prácticamente todas las creaciones literarias, del cine, la dramaturgia, la ópera… ¿qué puede ser más impactante que la figura del héroe? la de un héroe fundador como Eneas, Alejandro, los patriarcas bíblicos, Rómulo y Remo, o Isildur. Las fundaciones siempre nacen de entre la violencia y la sangre -propia y ajena- que el héroe fundador deja a su paso.
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En Cien Años de Soledad, Gabriel García Márquez nos cuenta cómo José Arcadio Buendía salió de Riohacha tras matar con su lanza, en un duelo, a Prudencio Aguilar, entonces fundó Macondo, donde da origen a la familia Buendía, cuya historia se narra en las páginas de la novela.
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Los cien años de Macondo, sueñan/sueñan en el aire/y los ochenta años de Gabriel Trompetas/trompetas lo anuncian/encadenado a Macondo, sueña/don José Arcadio/y ante él la vida pasa, haciendo/remolino de recuerdos (…) Eres, epopeya del pueblo olvidado/forjada en cien años de amor esa historia. (Basado en la pieza musical “Macondo” de Óscar Chávez.)
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Cuando Rómulo y Remo fundaron una ciudad, trazaron con un arado el perímetro, según el rito etrusco. Rómulo juró matar a todo aquel que traspasara los límites sin permiso. Discutiendo sobre el nombre de la nueva urbe, decidieron que lo elegiría aquel que avistase más pájaros, prueba que superó Rómulo y otorgó a la ciudad el nombre de Roma. Remo, enojado, discutió con Rómulo y borró el surco de los límites de la futura ciudad; cumpliendo el juramento, Rómulo lo mató, regando así el surco con la sangre de su hermano.
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Como en Roma predominaba la población masculina, a Rómulo se le ocurrió organizar unas pruebas deportivas a las que invitó a sus vecinos de la Sabinia, entonces los romanos aprovecharon la ocasión para raptar a las mujeres solteras. Todo acabó amigablemente, pues las mujeres intercedieron por sus nuevos maridos, y Rómulo pactó con el rey sabino, Tito Tacio, una diarquía.
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Oh Banana Co./We really love you and we need you/And oh Banana Co./We’d really love to believe you.
But everything’s underground/We gotta dig it up somehow/Yeah yeah.
Oh she said “No go”/She said she’d like to/She’s seen you/But no, no go/She knows if you die then we all do.
And everything’s underground/We’ve gotta dig it up somehow/Yeah yeah/Everything’s burning down/We gotta put it out somehow/Yeah yeah. (“Banana Co.”, Thom Yorke, Radiohead. Pieza inspirada en Cien Años de Soledad.)
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José Arcadio Buendía terminó obsesionado con sus recuerdos, los comenzó a clasificar en un orden arbitrario, y no hacía otra cosa más que repasar su memoria una y otra vez. Lo dieron por loco, entonces lo amarraron a un árbol donde su única compañía era el espectro de Prudencio Aguilar; pasaba el tiempo platicando con él hasta que finalmente murió, quedando su espectro atado al árbol.
Algo similar ocurrió con su hijo, el coronel Aureliano Buendía, héroe de mil batallas perdidas, terminó sus días fundiendo oro para fabricar pescaditos, después los refundía y los volvía a hacer.
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Ars Poética de un editor. Una actividad para pasar el tiempo, bien puede ser recortar estos párrafos y acomodarlos en el orden que a usted más le guste, si no le agradan o le parece que no tienen nada que ver las imágenes que acompañan este texto, siéntase libre de ponerle otras, total, el periodismo se caracteriza por ser un arte efímero. Nada más de favor no le vaya a meter tijera a un libro.
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Moraleja: si quieres fabricar un constructo literario, ambiéntalo en la Selva Amazónica para que te den el Premio Nóbel, si te pones a escribir El Señor de los Anillos o El Silmarilión, los representantes de la Alta Cultura te van a tirar a loco y van a acabar amarrándote a un árbol.
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Era la historia de la familia, escrita por Melquíades hasta en sus detalles más triviales, con cien años de anticipación. (…) Melquíades no había ordenado los hechos en el tiempo convencional de los hombres, sino que concentró un siglo de episodios cotidianos, de modo que todos coexistieran en un instante. (…) pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra. (Fragmento de Cien Años de Soledad.)