Junio 26, 2008
EL MINOTAURO
Lisseth Sevilla
Entraste sigilosamente en la estancia,
miraste a tu alrededor y todos, en las mesas,
te fueron familiares.
Seguiste tu camino, diste varias vueltas
antes de seleccionar a tu presa.
Hiciste la señal con los pitones de frente
te giraste a nuestra mesa en la que estábamos
sin imaginación y tiempo y decidiste estar ahí,
en ese lugar en el que se encontraba tu matador.
A partir de este instante comenzó una danza
decidiste con tu aliento que esta mujer te guiara a tu muerte,
decidiste danzar con las miradas de todos posadas sobre tu cuerpo
y tus movimientos…
Me miraste y sentí miedo
tus ojos rojos se clavaron en mis ojos
y querías acabarme
me miraste como tu presa
que lentamente destruyes en tu imaginación.
Sentí miedo
un minuto sin ti sobre mi cuerpo
Y volviste a mirarme
Arqueaste las cejas y habías cornado ya
con delicada sutileza
mi pequeño mundo de instantes…
Después ignoré tu presencia
me perdí en la música
y tu seguiste la envestida
contra las reglas de la naturaleza.
Me perdí en la copa de vino tinto
Y arrancabas mi ropa
No tuve deseos de destruirte,
cayó en mi realidad un baño de tierra
y asombro, bajé el estoque y dejé que entraras…
Nadie nos miraba
Escuchaba las voces
las risas
los movimientos de los otros
y tú clavabas tus garras en los restos de mi piel
desmenuzabas mis pensamientos y los hacías tuyos.
Pero antes de que terminaras conmigo
volví a ti, derrotada,
y ya solo me mirabas con ternura,
como el animal que ha sido saciado
y solo le queda la calma
el cansancio
y un mínimo
deseo de volver
de entrar en el cuerpo de otros
y hacerlos propios
con esa ansiedad
esa lujuria del que posee un instante
y se va.
criado por suplementolajirafa
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