Noviembre 28, 2008
La dulce aventura de Jonathan Jekill
José Luis Vivar
Una historia gráfica está formada por imágenes y textos. Imágenes que además de ser efigies, son dibujos que muestran un particular universo donde transcurre la trama que se presenta. El texto son palabras, mensajes, señales e ideas que complementan la acción misma. El sentido de todo esto es visualizar lo que sucede de forma secuencial en cada cuadro que se multiplica a través de las páginas.
El cine también es imagen, pero con mayores expectativas, porque muestra más allá de los límites que establece la física en las dimensiones reales. Y algo que no debe pasarse por alto, no se caracteriza por mostrar textos sino que cuenta con sonido. Sonido que reproduce lo que se escucha en la vida y lo que parece todo aquello real o ficticio que tenga posibilidades de emitir ondas sonoras al oído humano.
Del cómic a la pantalla. De la quietud artística al dinamismo plástico. De la penumbra al color. Al igual que los demás súper héroes de acción, Jonathan Jekill sufre una metamorfosis para beneplácito de sus lectores. Sin ruedas de prensa ni anuncios espectaculares, sigilosamente pasa de la celulosa del papel al celuloide fílmico. Imagen y voz transcurren en apenas veintitrés minutos, tiempo suficiente para degustar una aventura que se antojaba imposible de materializar: Ciudad Guzmán es el escenario de fondo para que se resuelva El Caso de la Dulce Remolacha.
Respetando el estilo inconfundible de su creador -Leonel Guerrero Cisneros-, este cortometraje de animación dirigido por Carlos Leal, presenta una historia lúdica con rasgos propios del cine negro, en donde nada es lo que parece y sin embargo sucede. Más que repetir lo propio de la historieta, Leal se encarga de construir un argumento sólido y de primer nivel. Empleando la técnica de Machinima –unión de dos vocablos en inglés, machine y cinema, o cine de máquina-, establece y condiciona elementos que le permiten orquestar un interesante ritmo narrativo.
De esta manera, lo destacable de la película no se limita a mostrar únicamente la figura del detective gris, sino a integrar sus motivaciones y conflictos, tal como obedece en el género policíaco: existe un crimen, hay varios sospechosos, y el héroe debe indagar, interrogar y descubrir quién es el asesino.
La tensión dramática logra ser bien visualizada, por eso que el desenlace, es como en todas las historias de Leonel Guerrero: sorpresivo, inteligente y al mismo tiempo regocijante; tal vez por esa dosis de humor negro que de manera sutil suele imprimirles.
Además de la impecable producción y el destacado trabajo en el montaje, debe destacarse la banda sonora y sobre todo el soporte profesional de las voces, cuyo mérito es sin duda de quien se encargó de integrar el reparto.
Todo un acierto de Minerva Cómics esta película de Jonathan Jekill, que independientemente del certamen internacional en que se presentó, es una muestra del talento de un joven cineasta tapatío y de la genialidad de un ilustre zapotlense.
criado por suplementolajirafa
11:50 am — CategorÃa: 
