José Luis Vivar
Al igual que en otras latitudes del país, en el puerto Veracruz las décimas que lanzan al viento marítimo los jaraneros, o expresa en mitad de la reunión o fiesta familiar el poeta cantador, resultan una forma de expresión, un modo particular de ir mostrando los sentimientos más profundos de quien improvisa o prepara con antelación. Son también infaltables para esgrimir con elegancia el albur con el que se busca derrotar al rival en turno, especialmente cuando se le hace alusión a los cuernos que le brotan en la frente por padecer una infidelidad que ignoraba. Por esa y otras razones son regocijantes, alegres, lúdicas. Verso y música para divertir, para animar el jolgorio, para hacer más llevaderas las penas. Pero un momento, las décimas también refieren situaciones actuales y propician la conciencia social porque son de la inspiración del pueblo.
Aquí en Ciudad Guzmán, no hay jaraneros ni melodiosas arpas que vibren en el corazón de los presentes, vamos ni siquiera existe la posibilidad de que en alguno de los portales a media mañana suceda un duelo verbal entre un par de decimeros –como suele llamárseles-, sencillamente porque no existe ese tipo de tradiciones en el Sur de Jalisco. Sin embargo, estas tierras arreolinas tienen el orgullo de contar con un poeta que vino desde San Isidro Mazatepec para hacer crónica de los días en jocosas y picarescas décimas.
Pedro Mariscal es un historiador de lo cotidiano, pero no de lo que asoma a la vista de todos, sino de esos mágicos detalles que pasan desapercibidos por nosotros los simples mortales. Entre la ironía y el desdén, entre la ternura y la nostalgia, plasma con el don de la palabra anécdotas de personajes entrañables, recuento de sucesos, lugares que ya no existen, tiempos que fueron mejores. Y por supuesto, anuncia el esfuerzo por mejorar la situación de los que menos tienen.
En su libro Evocaciones las remembranzas incluidas suman una destacada parte de sus vivencias. Es el balance honesto de un hombre que ha sabido cultivar el arte de la poesía desde que era un adolescente. Al igual que Lord Byron y Salvador Díaz Mirón –poetas mayores por ser verdaderos hombres de lucha social y no cursis versificadores-, este maestro orgullosamente normalista da muestras de una lealtad inalterable hacia la belleza de las cosas, a la mujer amada, al amigo que se ha marchado, y a ese niño que duerme en el vientre de su madre.
Sin portar la chirimía y el tamborcillo, ofrece una verdadera cátedra de cómo deben llevar el ritmo los danzantes que celebran al Señor San José. Octubre es una fiesta de letras luminosas en palabras asonantes que se confunden entre la algarabía de la sonaja y el retumbar de los guaraches sobre el asfalto frente a la Catedral.
La crónica de los días está presente en hojas de calendario, en postales de la laguna o en homenajes emotivos a Lázaro Cárdenas, Benito Juárez y este México que por momentos parece desmoronarse en nuestras manos.
Y después del reparto de décimas donde cada cual comenta cómo le fue en la feria nos llega el Día de Muertos con sus tradicionales calaveras. La chispa y el ingenio se ven presentes. Al igual que el cuento, la calavera funciona o falla. Pedro Mariscal acierta, porque detrás de cada décima bien estructurada está la explosión de su risa que a falta de jarana y arpa le da la musicalidad sonora para completar el cuadro, aunque haya más de uno que le disguste bailar con la huesuda sin haberse preparado ni vestir adecuadamente.
Los amigos, el señor cura, los políticos y los funcionarios que a veces no funcionan o dejan de funcionar. Nadie se le escapa. Para todos tiene la temática exacta, la eufonía suficiente y el pormenor acertado para provocar la sonrisa entre el público que lee o escucha con atención. Porque él sabe muy bien que así es el juego de las calaveras, para no sentir tan desagradable la presencia de la fría muerte cuando llegue la hora.
Evocaciones cierra con el deseo de volver a su lectura, de analizar con detenimiento los instantes que más llamaron la atención. De saborear cada verso que se multiplica a través de sus páginas desdibujando el rostro de su autor, invitándonos a no perderlo de vista, porque como todo buen decimero se aparece cuando menos se le espera, para sorprendernos con el verso a flor de piel.
Vayan entonces estas décimas con estilo veracruzano, en una adaptación libre del poeta jarocho Horacio Galván Urbina, para Pedro Mariscal, poeta de Zapotlán el Grande, en la celebración festiva de ver publicado su libro.
DÉCIMA DE LAS EVOCACIONES
Desde este bello lugar
Que por lustros has laureado
Y con mil versos gloriado
Con tu verbo y tu rimar
Deseo hoy dedicar
La pobreza de mi rima
A ti, por la gran estima
¡Oh insigne de la ironía!
Y rey de chusca poesía
Que hace reír y anima.
Pedro Mariscal tú eres
Un gran animador
Cronista e historiador
Ríen por ti las mujeres
Que olvidando sus deberes
Dejan quemarse el pepián
Y hasta se les tuesta el pan
Mientras leen Evocaciones
Agitando cadera y melones
Temblorosas como un flan.