La Jirafa

Un suplemento cultural que se publica todos los sábados en las páginas del Diario de Zapotlán, realizado por personas de la región sur de Jalisco, aunque con colaboraciones de cualquier parte del mundo.

Enero 2, 2009

Hoy

Fernando G. Castolo,

Cronista de la Zapotlán el Grande

 

 

Es el último día del año. La mañana es fresca y las calles se aprecian solitarias. El ambiente está impregnado de cierta nostalgia, como casi toda esta época de frío. Mientras unos tienen mucho que festejar, otros pasan por penas irremediables que ensombrecen los ánimos de los “buenos deseos”. En fin, como quiera que sea, la vida continúa y con ella la lucha constante por conseguir un lugar preponderante dentro del medio donde uno se desarrolla. He asistido muy temprano a la celebración eucarística en la iglesia Catedral. La gente poco a poco va ocupando sus sitiales para escuchar al sacerdote oficiante. Como cada año, en este día, los fieles ingresan de rodillas por la nave de san José. Expían sus culpas para limpiar sus almas pecaminosas, o simplemente como un gesto de agradecimiento por el año que termina y de solicitudes para el año que ingresará. No sé, pero me parece que es una tradición que escasamente se puede apreciar hoy día en Ciudad Guzmán, donde a muchos nos daría vergüenza el simple hecho de imaginar que alguien nos puede ver haciendo tal acto de devoción. Aún así, niños jóvenes, adultos y ancianos, que no responden a alguna circunstancia económica, en aquel acto de humillación sincera se postran al pie del patrono de Zapotlán. Las velas chisporrotean y humean el ambiente devocional del santuario josefino. Los rezos quedos y las oraciones que salen de labios entreabiertos se multiplican como ecos en el recinto. En la homilía se exhorta para que el año venidero traiga consigo la fe y la esperanza que anhela todo católico creyente. Fe y esperanza. —¿Qué es fe y esperanza?, cuestiona un niño que aún bosteza el interrumpido sueño matutino. —Es la felicidad, susurrando responde su amorosa madre, mientras acaricia sus cabellos. El monumental pesebre que han dispuesto en Catedral, al pie del retablo de san José, es el escenario que ofrece el toque de alegría de la temporada, donde los chiquitines sueñan con el obsequio que pronto les traerán los santos reyes. Los cantos navideños, interpretados por el coro, irrumpen el silencio sepulcral del espacioso recinto, y la luz del sol brillante aviva los colores de los vitrales dispuestos en la parte superior. De repente todo adquiere una nueva significación y la nostalgia poco a poco se disipa como la neblina madrugadora. Después de la bendición final los bríos se han rejuvenecido y el espíritu está dispuesto a aceptar lo que nos deparará el destino. Pronto llegará el año dos mil nueve y con él las promesas llenas de deseos positivos: la dieta, el ejercicio, la disciplina, el coraje y la determinación para ser mejores seres humanos. Quizá, al final, de este año que vamos a iniciar, estemos igual. No lo sé…

criado por suplementolajirafa    1:00 pm — Categoría: La Jirafa

Ahora que te cases

José de Jesús Juárez Martín

 

 

     ¡Navidad! Palabra explosiva que estruja el alma en cardiaco ritmo social, venero de ternura que estrecha las generaciones por la rendija del recuerdo milenario del nacimiento del Niño Jesús.

 

Si no recuerdo mal, fue en 1982, cuando tú, Jorge,  con tus puntadas me enterneciste y confieso que hice esfuerzos por contener las lágrimas, como ahora lo hago. Eras travieso, más bien inquieto como el más, hormiguita dinámica, motorcito diurno constante, subías y bajabas la escalera, perseguías, “pateabas” el balón, jugabas con tus hermanos, Guel, Huich y Eto; –así los llamabas…  Ese  día habían ayudado en el llenado de los “bolos” tú y tus hermanos. ¡Mmm! ¿De verdad habrán ayudado?  Lo dudo, pero así lo aseguró tu abuelita Sara.

 

            Aquella fecha recordada, había sido 24 de diciembre. Por la mañana, la mamá Ruth, llevó  a los pequeños a ver el “nacimiento de la abuelita” pero en su alegría, se sintieron tristes porque las luces no prendieron.

 

            La flamante “televisión, a color” se estrenaba y lucía en la espaciosa sala de un… digámoslo con consideración, joven matrimonio; a lo máximo, unos 77, bueno casi 80 de él,  de ella, unos 54 o 55.  –¡Kilogramos! Por supuesto.–  ¿Por qué siempre nos referimos a edades?

 

            Los torrentes de  comerciales, los mensajes  propios de la época, preparaban la “noche buena”. Igual que las cocinas calentaban el atardecer y llenaban la casa de gratos olores  frutales del sabroso ponche para la familia que se reúne por costumbre querida.

 

Estuvimos, temprano por la noche en la casa de tu abuelita, los cantos, los rezos de la posada, las luces cintilantes, los crujientes buñuelos, la alharaca de las  bonitas piñatas, la alegría de compartir los regalos, la sabrosa cena, los dulces de rechupete, ¡nada! ni los juegos te tranquilizaron. Raro, porque siempre disfrutabas de las convivencias familiares. Estabas contento, pero ansioso, pedías como nunca lo habías hecho, que regresáramos a la casa.  Cuándo pudimos al final complacerte, después de los abrazos de ¡Feliz Navidad! Era poco después de la media noche.

 

¿Por qué querías que nos viniéramos? — Volvió a preguntar mamá. Nunca hubo una contestación clara… al llegar a casa, subiste rápido a tu recámara y volviste triste, al comedor donde hacíamos inventario de los juguetes que habían recibido.  Tu inquietud había cambiado y casi llorando, comentaste: No hay nada, no hay nada.

 

– ¿Una avalancha? -¿Una bicicleta?-¿balón?

–¡No!  La hermanita que  pedí al Niño Dios en la escuela… contestaste: para dejarnos sin palabras.

 

–Ahora que te cases hijo, también le pediré a Dios que me traiga en tu casa una nietecita, puede ser que yo tenga más suerte que tú.  

                     

 

criado por suplementolajirafa    12:57 pm — Categoría: La Jirafa

Recordando a Irma González

 

Jesús Vázquez Barragán

 

A mediados de la década de los 60 me asomé al mundo de la ópera en el Palacio de Bellas Artes. Los elencos de entonces los conformaban: Roberto Bañuelos, Marco Antonio Saldaña, Jorge Lagunes, David Portilla, Rafael Sevilla, Rogelio Vargas, María Luisa Salinas, Ernestina Garfias, Rosa Rimoch, Graciela Saavedra, Hortencia Cervantes, Cristina Ortega y, la reconocida internacionalmente Irma González; todos destacados cantantes mexicanos.

A Irma González la escuché en su madurez interpretando sus grandes éxitos operísticos, “La bohemia”, “Madame Butterfly”, “Carmen”, “Aída”, “Turandot” y “Fausto”, entre otras, en conciertos de orquesta sinfónica (sé que cantó más de 60 veces la novena sinfonía de Beethoven), y en recitales de canto y piano (su maestra de lieder fue María Bonilla, quien también lo fue de mi maestra de canto).

En 1985, cuando regresé a radicar a Zapotlán, dejé de asistir a la ópera. En noviembre de 1992, el Palacio de Bellas Artes anunciaba una gala de ópera en homenaje a Irma González (ella se había retirado de los escenarios). Era una oportunidad única de escuchar en una sola tarde a treinta cantantes de primera línea, acompañados por varios directores de orquesta sinfónica. Tenía verdaderos deseos de ir, pero disponía de poco dinero porque me estaba construyendo mi casa. ¿Por qué no se va en tren? dijo el maestro albañil, le sale barato. Seguí su consejo, en Guadalajara pedí un boleto de primera numerado (me costó $14.00 pesos), y al día siguiente llegué a México. El concierto fue gratis y, un agasajo para el oído; regresé satisfecho a Guadalajara por el mismo conducto y, al llegar trasborde otro tren a Zapotlán; pagué $5.00 pesos más. Me asombró gratamente la gran variedad gastronómica de vendedores que subían en cada estación, parecía como si el tiempo se hubiera detenido; lástima que no tuve oportunidad de repetir este viaje.


Estreno de “El Pessebre”. Narcós Costa y la soprano Irma González, saludando al final de la audición.

Por un tiempo no tuve noticias de la maestra Irma, ¿vivirá todavía? me preguntaba, fue contemporánea de mi maestra; supe que sus últimos años los dedicó a la docencia, su alumno más brillante fue Francisco Araiza, gloria del “bel canto” en el mundo.

 

En los primeros días de diciembre de 2008 me enteré que falleció a los 92 años. Un aplauso por su trayectoria y por todo lo que nos dio.

 

 

criado por suplementolajirafa    12:37 pm — Categoría: La Jirafa

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