Enero 9, 2009
Quisiera
Fernando G. Castolo
vivir en Tuxpan, para participar en cada celebración que llevan a cabo con aquella entrega. Vivir con emoción la intensidad de cada festividad traducida en toda una tradición. Iniciar el año con mi vestimenta de chayacate y bailar en una cuadrilla al son de la música a los pies de san Sebastián. Degustar los frijoles güeros con sus tortilas en la casa del capitán al término del ensaye real, en la víspera de la gran fiesta. Levantar, después —durante la Semana Santa—, en el zaguán de mi casa un enorme huerto, con verdura del volcán, y vestir con su cendal nuevo al vetusto Cristo de mis ancestros; y participar en la gran romería rumbo a la parroquia, llevando en la mano la palma de pinabete y olorosas hojas de laurel; y ser tomado en cuenta como donador de un patol, para ofrecérselo al Señor del Perdón. Encender, enseguida, con múltiples ceras —escamada, por supuesto—, y flores por doquier, la devocional cruz, envuelta en su blanco sudario artísticamente deshilado, y entornarle alabados en su honor. Elaborarle un enroso con cempasúchil, con gladiolas, con crisantemos y con nubes. Ofrecer a los padrinos, priostes y encendedores la tradicional comida de la cuaxala, y exaltar los ánimos con el ponche de granada. Quisiera con alegría estar presente en todas las actividades que se llevan a cabo en honor al milagroso Cristo, aquel que ha protegido a Tuxpan de calamidades naturales como los recordados temblores de 1806 y 1941, y que llaman cariñosamente Señor del Perdón. Ver a las mujeres vestir sus típicas sabanillas con xolotón y enrolarse en el pelo su maixtahuil; mirar cómo van esparciendo pétalos de flores —que llevan en vistosas bateas—, por donde transitará el trono que lleva al Señor del Perdón. Escuchar cómo en el cielo irrumpen las gruesas de cohetes, mientras la música tradicional acompaña los cánticos y los himnos que en su honor se entonan: “Venimos a darte / nuestro corazón / a verte y cantarte / Señor del Perdón”. Unirme a la fiesta de los Niños Dios. Presentar mis reverencias ante Jesús, Salvador y Jorge de Jesús. Ser elegido por los viejos como mayoral y organizar la celebración anual. Sellar el compromiso con el pan, el ponche y el cigarro. Vestirme a paixtle y, pausadamente, bailarle a los Niños Dios. Arrullarlos con los ancestrales cantos que aún se interpretan. Finalmente, quisiera ser un pastor, aprenderme los coloquios y los cantos. No me importaría ser abajeño, arribeño o pronunciado. Participar en las pastorelas y acompañar al Niño en la casa de cada capitán, donde de seguro nos obsequiarán los tamales con atole, como un gesto de agradecimiento por nuestro buen desempeño. Quisiera ver todo eso de cerca y sentirme parte del “pueblo de la fiesta eterna”, como lo bautizara el muy querido señor cura don Melquíades Ruvalcaba, seguramente ante al asombro de ver la multitud de celebraciones que en Tuxpan se llevan a cabo anualmente… Eso, también me ha impresionado a mí.

criado por suplementolajirafa
12:55 pm — Categoría: 

Comentario by wow power leveling — Marzo 18, 2009 @ 1:24 am
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Comentario by wow power leveling — Marzo 18, 2009 @ 1:25 am
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