Febrero 23, 2009
El Himno a la Bandera
José Luis Vivar
¿Qué tiene de particular nuestra bandera que la convierte en una de las más bellas que existen en el mundo? ¿Por qué sus colores nos otorgan a todos los mexicanos identidad, valores y orgullo nacional? ¿Por qué solamente en septiembre se adornan automóviles, casas y comercios? ¿Por qué sólo un día como hoy se le honra de manera oficialista?
Entre tantos cuestionamientos que pueden o no tener respuesta, este día dedicado al lábaro patrio, gracias a la propuesta del otrora Presidente Lázaro Cárdenas, vemos en la plaza principal de todos los pueblos la insignia patria que se engalana ante los ojos de toda una nación, que siente como propios esos colores.
Porque con todas las transformaciones que ha sufrido a lo largo de casi doscientos años de independencia, la bandera tricolor sigue ondeando. El águila de su escudo devorando la serpiente es un referente obligado para entender el pasado, asimilar el presente y proyectarse hacia el futuro como ciudadanos.
Aunque existen centenares de himnos y melodías que exaltan sus tres colores, no cabe duda que el poema escrito por Francisco González Bocanegra y musicalizado por el español don Jaime Nunó, es quien mejor representa la idiosincrasia de los mexicanos.
La pureza lírica y la fuerza categórica que en cada verso alude a los momentos difíciles que el país atravesaba en tiempos de Antonio López de Santa Ana, dejan entre ver el sacrificio, el valor y el amor a la patria de tantos hombres y mujeres.
Ese mismo himno no perdió vigencia durante la primera invasión norteamericana, ni en la guerra contra los franceses, ni durante la revolución y la segunda intervención de los vecinos del norte. Sus palabras fueron eco en los combates que se libraban, en las calles de las poblaciones donde había que enfrentarse al enemigo usurpador, o al traidor de esta patria.
Aunque también es justo decirlo, ese mismo himno ha sido interpretado para celebrar los momentos de paz, el encuentro con otros países y el festejo en gestas deportivas como lo son las Olimpiadas.
Por desgracia se ha hecho un abuso con la bandera y el Himno Nacional. Es indignante y vergonzoso que en cualquier suceso que se les ocurra se interpreta, debiendo soportar a la distancia las burlas e injurias de personas resentidas contra México. No es justo tampoco que improvisados cantantes manifiesten semejante espectáculo al cambiar u olvidar la letra, y disculparse después como si se tratara de un juego. Nada de eso.
Tampoco que en fechas conmemorativas se haga una burla de los símbolos patrios, y se confunda el patriotismo con el patriotero, donde lanzar gritos desaforados no los hace mejores mexicanos.
El día de la bandera debe ser una fecha para vanagloriarse de sabernos mexicanos. En el pasado reciente esta fecha era tan importante como otras celebraciones del calendario oficial. Hoy, todo ha cambiado.
Sin caer en los excesos del nacionalismo –véase el caso de Venezuela y su presidente eterno Hugo Chávez-, la bandera debe seguir siendo símbolo de identidad y unidad, especialmente en estos tiempos de crisis mundial. Debe ser un motivo que aliente a levantarse y no caer en el conformismo. Otros países, como el caso de Inglaterra durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, tenían a la vista su bandera mientras realizaban las obras de reconstrucción, bajo el lema de “Los domingos no hay descanso sino trabajo para restaurar la patria”.
Nosotros tenemos descanso dominical, pero eso no impide celebrar al lábaro patrio.
criado por suplementolajirafa
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