Marzo 2, 2009
La Mudanza, de Vicente Leñero
José Luis Vivar
Recomendar un libro puede ser un arma de doble filo, porque lo que se está invitando a leer es una obra de gusto particular que en algunas ocasiones no encaja con las preferencias del lector solicitante. Vamos, ni siquiera porque se trate de una gloria de las letras se garantice que será una recomendación satisfactoria. Lo mismo puede ocurrir con un autor menor, cuya prosa no resulte tampoco aceptada. Sin embargo, pareciera –por las razones que sean-, que existen libros que uno debe recomendar, especialmente cuando se busca enganchar a la gente con la literatura.
Uno de esos libros es La Mudanza, del jalisciense Vicente Leñero. Lo curioso es que no se trata de una colección de cuentos o una novela, sino de una pieza de teatro, que a pesar de haber sido escrito y publicada hace varias décadas, sigue siendo interesante y sobre todo, terrorífica, porque su desenlace es algo que nadie se espera.
La trama trata de un matrimonio que por razones que nos van siendo expuestas, están a punto de divorciarse. A decir del mismo Leñero, la escribió en una época en que muchas parejas amigas de él y su esposa, se estaban divorciando. La descomposición de la pareja que va de los reproches a los insultos, sirven al autor para delinear los motivos que llegan a destruir a quienes se casan no sólo de blanco y pastelito sino ilusionados.
Mientras la discusión va en crescendo, un grupo de personajes secundarios –cargadores-, se dedican a ir subiendo y bajando las cosas en un camión precisamente de mudanzas. La desaparición de ese hogar cimentado con sueños y demasiado amor va desapareciendo ante los ojos del espectador. Todo se guarda en cajas o se amontona en los rincones, listo para dejar ese espacio físico en una entidad límbico. La pareja termina y con ella todo rastro de que fueron dos seres que se amaron.
Las discusiones de ellos se extienden hacia los cargadores que son regañados por manipular todo al aventón y sin cuidado. Es decir, se buscan culpables ajenos a su relación para disimular los cargos de conciencia y sobre todo de una evidente falta de madurez en ambos.
El caos sobreviene repentinamente cuando de entre las cajas y los muebles aparecen infinidad de seres monstruosos que acechan a la pareja. No se trata de aparecidos o muertos vivientes, sino de menesterosos, lumpen, gente miserable que reclama la atención de quienes los han enviado a la última escala social. Son pordioseros que lejos de pedir limosna exigen a la pareja un poco del materialismo que los consume y está a punto de destruirlos. Son esa otra gente de la que todos saben que existen pero nadie voltea a verlos porque son indeseables.
La magistral pluma de Leñero cierra el círculo en descomposición con un linchamiento, que deja entre ver una analogía en este país llamado México. ¿Esa misma gente será la que establezca un nuevo orden social?
La vigencia de La Mudanza es tan actual como la Ilíada o La Odisea del poeta griego Homero. Editada por la editorial Joaquín Mortiz, sigue siendo un libro digno de recomendarse a quien guste de leer esta magnífica obra de teatro.
criado por suplementolajirafa
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