José Luis Vivar
Hasta hace algunos años el 21 de marzo era una fecha significativa en la que se recordaba el natalicio del Presidente Lic. Benito Pablo Juárez García (1806-1872), héroe nacional y artífice del laicismo mexicano. Por desgracia, los cambios partidistas aunados a una visión estrecha de las circunstancias históricas e México, han cambiado de giro tan singular festividad.
El día oficial permanece en el calendario –para otros sólo es el inicio de la primavera-, aunque el descanso obligatorio se remonte al principio de semana como ocurrió en esta ocasión. Un desacierto en el camino de la democracia, donde se pretende disimular la grandeza de este gran estadista como lo fue el Benemérito de las Américas.
Personaje controvertido por sus ideas y decisiones. Decisiones que le valieron a este país no ser dominado por un noble extranjero al que designaron emperador un grupo de mexicanos traidores, aun después de tantos años Juárez resulta una figura interesante para el arte, especialmente para el cine y la televisión.
Uno de los primeros registros cinematográficos lo encontramos en la cinta silente Cuauhtémoc y Benito Juárez de Carlos Mingrand, realizada en 1904 y producida por don Salvador Toscano, en la que se recrea la vida de estos dos importantes personajes. El nombre del actor que lo interpretaba se ha perdido en la memoria del tiempo.
En 1934, Miguel Torres Contreras filma Juárez y Maximiliano, en donde se recrea la lucha entre el imperio usurpador y el representante de la república mexicana. En dicha historia el benemérito es interpretado por Froylán B. Tenes, cuya caracterización es la típica de las estampas escolares.
Para el cine extranjero este capítulo de la historia mexicana, concretamente la intervención francesa no pasa desapercibida, por eso en 1939, y con el apoyo de los estudios Warner Brothers, el cineasta William Dieterle lleva a las pantallas Juárez, donde la famosa actriz Bette Davis da vida a Carlota y Paul Muni representa al presidente oaxaqueño. Sin muchas pretensiones, es un film interesante que muestra los ideales de la democracia, en donde se exalta la fortaleza del personaje principal.
En 1943, en plena efervescencia de la Segunda Guerra Mundial, el bachiller Álvaro Gálvez y Fuentes cuenta la historia del Himno Nacional y la gesta heroica de la Batalla de Puebla, en Mexicanos al Grito de Guerra, con guión de Xavier Villaurrutia, y llevando en uno de los papeles principales papeles a un jovencísimo Pedro Infante que da vida a un combatiente que además resulta ser –casi nada-, discípulo del maestro don Jaime Nunó. En esta ocasión, el papel de de Benito Juárez corre a cargo del extraordinario actor Miguel Inclán, célebre por sus personajes muy mexicanos, como el noble policía de Salón México(Emilio el “Indio” Fernández, 1948).
Aunque su aparición es breve, deja constancia de su trabajo escénico, porque en vez de darle un matiz más humano, el bachiller prefiere que Inclán represente Juárez herético, de bronce, muy propio de las estatuas y bustos que se exhiben en parques y jardines de nuestro país.
En 1955, Emilio Gómez Muriel lleva a la pantalla lo que intenta sr una biografía, y al decir intenta, se debe a que esta obra esté plagada de lugares comunes y superficiales. Pese a ello, El Joven Juárez nos permite asomarnos al mundo indígena que vivió este personaje. Resalta más la actuación de María Elena Marqués como Margarita Maza que de Humberto Almazán, cuyo trabajo muestra limitaciones. Sin embargo, esto no se debe a la dirección de Gómez Muriel ni a su talento, sino a un argumento plagado de giros nacionalistas.
Tendrían que pasar muchos años para que la figura del benemérito fuese retratada con mayor complejidad y con evidencias de que se trata de un ser humano con virtudes y defectos. El riesgo a fracasar de nueva cuenta era inminente porque en el colectivo permanecía la figura mítica de lo que antes se había mostrado. Ante todas esas adversidades, luego de haber dirigido en Zapata (1970) Felipe Cazals dirige en 1973 Aquellos Años, donde por fin logra presentar un Juárez diferentea sus antecesores. El desaparecido actor Carlos Martínez de Hoyos dignifica el papel que le conceden para lograr hacer una interpretación memorable.
Finalmente, en 1988 el director alemán Hans Knötzsch realiza Prärlejäger in México: Benito Juárez, teniendo como actor principal a Helmut Shellhardt, cuya veracidad no sólo en su caracterización sino en el temple indómito del personaje oaxaqueño son convincentes. Esta última cinta es muy difícil de conseguir, pero vale la pena ver cómo se analiza la situación de una familia de extranjeros que viven en México durante la intervención francesa.
Por lo que respecta a la televisión, son tres las telenovelas con corte histórico que han presentado con acierto a Benito Juárez. La primera de ellas, La Tormenta (1967, Ernesto Alonso y Raúl Araiza) con José Carlos Ruiz, cuyos rasgos indígenas resaltan su interpretación ubicada durante la época de la Reforma.
En 1972, y debido a los acontecimientos del llamado Año de Juárez, los servicios de Ernesto Alonso en la dirección de José Carlos Ruiz son requeridos de nueva cuenta para realizar El Carruaje. Magistral novela que cuenta las peripecias del mismo personaje en su travesía abordo precisamente de un carruaje. Memorable telenovela hecha a colores y con escenas verdaderamente épicas, donde María Elena Marqués vuelve a interpretar el rol de Margarita Maza, quizás en los años más difíciles del mencionado presidente. Dicha historia recrea de forma dramática además su agonía y el histórico diálogo: “Me está usted quemando doctor”, cuando para aliviar su angina de pecho le era vertida agua hirviendo sobre el pecho.
Una más. El Vuelo del Águila (Carlos Sotomayor, 1994), extraordinaria biografía de otro gran personaje: Porfirio Díaz, donde de alguna manera no se puede desligar de la presencia de Benito Juárez, esta vez interpretado por Ernesto Gómez Cruz, cuya caracterización es todavía más convincente.
Aunque todavía no se ha filmado la biografía definitiva de don Benito Juárez, sirvan estos ejemplos para ilustrar lo que representa en el cine y la televisión. Y aunque no lo parezca, existen más ejemplos cinematográficos, nacionales y del extranjero, pero en esta ocasión el espacio se ha terminado.