Mayo 7, 2009
Un zorro que encontró la inmortalidad
Eduardo Etchart Mendoza
Que lejos de pensar estaba Cristóbal Hidalgo cuando después de enviudar consideró que sus dos hijos con Ana María Gallaga “estorbaban” para su segundo enlace. Afortunados los niños que fueron al mundo del abuelo y aunque no de muy buen modo los crió y los dirigió al seminario, para que se buscaran una vida holgada, honrada y de provecho.
El hermano mayor no se detuvo en su formación moral y profesional hasta llegar al doctorado en Teología. El otro, el pequeño de ese matrimonio mencionado sólo llegó a ser licenciado en Teología y Filosofía. No necesitó más. Suficiente, para que sus maestros consideraran que podía ser rector en el Colegio de San Nicolás, y así lo nombraron.
Desde estudiante, sus compañeros lo habían apodado “zorro”. Don Lucas Alamán así lo dice en su Historia de Méjico cuando da el retrato hablado de Miguel Hidalgo. El “zorro” de nuestra Historia, fue un buen rector que supo transmitir las enseñanzas jesuitas que había recibido como alumno. Pero su vida personal lo llevó a perder ese buen cargo y entonces fue enviado a la parroquia de Colima, como su manera inquieta y su falta de respeto a los votos de castidad no tenían límite, se le buscó otro curato el de San Felipe Torresmochas (hoy del Progreso), pero tampoco ahí estuvo mucho tiempo, por ese mismo proceder, no muy de acuerdo con las reglas eclesiásticas.
Ya para 1805 se encontraba de párroco en el curato de Dolores, Guanajuato. En ese lugar decidió establecer talleres para que los parroquianos tuvieran un sustento, el taller de alfarería (ollas, jarrones, botellones, cazuelas); de implementos agrícolas (palas, picos, azadones, bieldos); de árboles de moreras para la cría del gusano de seda. Pero para sus momentos de esparcimiento social creó un grupo de teatro para representar pequeñas obras de dramaturgos franceses, en especial Moliere, y en detalle la obra Tartufo.
Su propia inquietud lo llevaba a salir del curato para asistir a reuniones en Guanajuato o San Luis Potosí y asistir desde 1808 a tertulias literarias que se hacían en Querétaro al lado de los corregidores Miguel y su esposa Josefa Ortiz. Estas reuniones tomaron pronto un interés político, porque la situación que prevalecía en España se comentaba en todo el virreinato (dentro de la clase criolla y española), y era preocupante saber que los procesos económicos se alterarían si la Corona española seguía controlada por el imperio francés de Napoleón. Mientras los diputados españoles y el pueblo se enfrascaban en una lucha directa contra los invasores franceses.
Aquí en Nueva España las ideas de libertad bullían dentro del grupo criollo. En ese momento de decisión para dirigir una causa tan importante, como lo fue el inicio del grito libertario para independizar al virreinato del mundo europeo se necesitaba un líder nato y ese no podía ser nada menos que el “zorro”, quien manejaba el mundo filosófico de la Ilustración, como nadie, además de las lecturas que había hecho, en su mayoría prohibidas por la propia Iglesia, limitadas para muchos por el idioma francés que él dominaba con mayor fluidez que el español y el latín por el afecto intelectual que le nacía para ese mundo solo avalado por textos que “devoraba” cuando caían es sus manos.
Hemos creído que valió la pena dedicarle a quien nació un 8 de mayo de hace 256 años estos renglones y a ustedes respetuosamente decirles el valor, entereza y firmeza, que tuvo don Miguel Hidalgo al entusiasmar a sus feligreses primero y a miles de personas después para hacerles ver el valor incomparable que tiene la LIBERTAD.
criado por suplementolajirafa
10:34 am — CategorÃa: 
