La Jirafa

Un suplemento cultural que se publica todos los sábados en las páginas del Diario de Zapotlán, realizado por personas de la región sur de Jalisco, aunque con colaboraciones de cualquier parte del mundo.

Mayo 21, 2009

Una historia y un epílogo

 

 


 
Lizeth Sevilla
 
Ya mi rostro de vos cierra los ojos
Y es una soledad tan desolada…
Mario Benedetti

Eran las siete de la noche del 17 de mayo, como todos los domingos, preparaba el ritual para iniciar mi trabajo de tesis, cuando entré a mi cuenta de internet, mis amigos, saturaron mi máquina de mensajes, todos, todos decían que Mario había muerto… se me fue a pique el corazón.
 
Cuando tenía 16 años y había adornado mis trincheras con libros y gente, una buena persona, que en ese momento ayudaba a que mis poemas tuvieran limpieza y tal vez sentido, lo primero que me dio a leer, fue La tregua, de Mario Benedetti, jamás había escuchado hablar de este hombre y comencé a leer, a la semana inicié Primavera con una esquina rota y me prendé de ese hombre de ojos juguetones que parecía tener la fórmula para que la desgracia, fuera eso, desgracia, pero con dignidad, aunque después entendí que el sentido no cuenta cuando se vive. Siguieron los libros de poemas, artículos, entrevistas, Benedetti se convirtió en el principal poeta del que yo me valiera para saber que entre la nostalgia y la vida hay una simbiosis extraña pero fabulosa que vale la pena transcurrir.
 
A mis 20 años, había escuchado de homenajes a Gabriel García Márquez, Jaime Sabines, Saramago, homenajes que disfruté también por sus obras y no por el vitoreo de sus personas, pero no escuchaba nada de Benedetti, en esas épocas, cuando se acercaba el cumpleaños número 80 de Benedetti, decidí escribir un artículo, en el que relatara algunos aspectos de la vida de ese hombre que había nacido un 14 de septiembre de 1920 y mi vida que apenas iniciaba de un 13 de septiembre de 1986, entonces Cuando se es viejo a los 20 y joven a los 83, me llevó a entender, por qué al leer Benedetti, sentía la calma y el asombro de lo que transcurría y también ignoraba, a los 80 años había acumulado visiones en sus ojos lúdicos, instantes, dolor humano, y el tiempo le dio la calma para detenerse, olerlo y dejar que lo impregnara como fuera posible; a mi edad, había ruido, imágenes fuertes, la gente y yo íbamos acelerados, parecíamos viejos, sin historias y con mucha soledad.
Tuve tiempo necesario para entender los simulacros, el exilio y la derrota, los duelos que uno vive mientras juega a crecer los disimule con Chao número tres y mucha de mi gente tuvo en sus manos alguno de sus poemas, como mi pretexto o mi despedida, la mejor manera de hacer que las personas te recuerden, en realidad, es indecible si es la mejor manera, no sé si ha funcionado, los poemas de otros.
 
A mis casi 23 siguen, por fortuna, los abismos y pretextos, el dolor y la inseguridad, corrupción, silencio, por fortuna nos han quedado algunas insatisfacciones para discutir a sus casi 89: libros, poemas y mucha soledad… mucho tiempo sin él, y ahora los homenajes, el duelo, los recuerdos, después de todo, decía él: la muerte es un síntoma de que hubo vida…
 
 “…Ahora, veteranos, ya le dimos alcance a la verdad, el océano es por fin el océano, pero la muerte empieza a ser la nuestra…”
 

 
criado por suplementolajirafa    5:48 pm — Categoría: La Jirafa

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