Mayo 22, 2009
Sonajeros del sur de Jalisco, herederos de una misión cósmica y comunitaria
Martín González
“Danzar para merecer”, el nuevo libro que nos ofrece Isidoro Jiménez, es una invitación para mirarnos no desde el ombligo local, sino desde el entorno más amplio, desde la vida y experiencia danzante regional. Es ver y valorar las danzas de sonajeros de la localidad, a la vez que las danzas de sonajeros de la región entera. No en una labor de comparación y competencia para ver cual es la mejor, sino de descubrir la gran cantidad de elementos comunes que comparten (de organización, sentido ritual, estructura, dinámica, instrumentos, sones serpenteantes, de teatro y de figuras) y las pocas diferencias de fondo que muestran los sonajeros. Para terminar por preguntarnos, entonces, qué es lo que esto significa.
Y reafirmarnos así en la conclusión, de que los sonajeros de cada localidad son sólo la expresión particular y diferenciada de un horizonte cultural regional compartido desde la antigüedad; son herederos y partícipes de una misma matriz civilizatoria que los abraza y abarca a todos. Esa herencia civilizatoria común, es la que ha sido dividida, desmembrada y fragmentada –en la práctica y pensamientos de las gentes- por largos siglos de etnocidas acciones colonizadoras implementadas en contra de las formas originales de organización étnica, de la propiedad comunal, el vestir, la lengua y contra las formas religiosas ancestrales. Y reforzado esto ahora por opiniones, hipótesis y acciones irresponsables o mal intencionadas. Sin embargo, a todas esas injustas y brutales acciones han logrado resistir las Gentes de la Tradición, los herederos del pueblo indígena nahua regional. Y aunque se han perdido bastantes bases importantes de su etnicidad (como la tierra en común y la organización extensa), los herederos indígenas ahora resisten fragmentados y sudorosos, pero danzando vigorosamente, en distintos puntos de la región Sur de Jalisco (Tuxpan, Zapotiltic, Huescalapa, Zapotlán, San Sebastián, San Andrés, Usmajac, Sayula, Amacueca, Atemajac, Juanacatlán, Tapalpa, Chiquilistlán, Apango, Ojo de Agua, San Gabriel, Jiquilpan, El Tepozal…). Llama la atención que los puntos donde persisten y se innovan danzas de sonajeros, tengan nombres o ascendencia indígena nahua y se ubiquen en el entorno visible desde el altísimo huehuetepetl o volcán de fuego Colima.
Así, cada uno por su lado –en cuadrillas y localidades- los herederos indígenas, o Gentes de la Tradición, ahora padecen precariedades de vida, trabajo, vivienda, educación y salud, a la vez que del sostenimiento de la antigua tradición danzante con sus requerimientos de organización, alimento, ensayes, indumentaria, instrumentos y los cada vez más costosos músicos-piteros. Mientras que –por ejemplo- algunos sonajeros consiguen trabajo en la construcción en Colima, Manzanillo o Guadalajara, otros andan sin “chamba” por varios días y hasta semanas en su localidad; mientras que unas cuadrillas “nunca les han faltado músicos-piteros”, otras andan a la desesperada buscando músico para los ensayes y la fiesta; mientras que algún sonajero anda preocupado y desfalcado por la enfermedad de esposa o hijos, otros tienen asegurada la atención y el gasto médico; mientras que unas cuadrillas tienen completos sus capitanes de comida para los días principales de la fiesta, otras se consuelan con una sola de las comidas; etcétera. Es el olvido de que son parte de una tradición regional común, lo que ha hecho que cada cuadrilla y cada localidad enfrente sus necesidades y problemas cada quien por su lado. Con las limitantes y graves dependencias que esto conlleva.
Ante lo específico de la disminución de los músicos-piteros, queda claro que al meterlos o meterse cada uno en la lógica del dinero y la paga, se hunden en la dinámica de la mercantilización de las cosas y la ley de la oferta y la demanda (ante poca oferta de piteros, la amplia demanda los encarece). Por ese camino, los músicos-piteros dejarán de ser “sujetos” de la tradición danzante -miembros con vida, cariño y derechos entre los herederos indígenas-, para convertirse en una simple mercancía musical que se compra y se vende. Hasta que haya cuadrillas que terminen por no llegarles al precio tan abultado. Entonces, se deben salvar los músicos-piteros de la amenazante lógica mercantil y del dinero, para regresar al original sentido voluntario, de reciprocidad y gratitud enseñado por los antepasados grandes Maestros Piteros (Martín Mares, Prócoro, Melesio y otros más) y que cada cuadrilla forme desde abajo a sus piteros. Recibir, sí, apoyos económicos y símbolos de gratitud (como el chiquihuite) de parte de la cuadrilla y los cuadrilleros, sabiendo enteramente que eso no es paga, como dice uno de los cuadrilleros entrevistados por Isidoro Jiménez: “No lo tomen como paga, ni nada; es un símbolo nomás… un pequeño regalo… no es pues recompensa, ni paga tampoco. El que paga y recompensa es Dios Nuestro Señor”. O el pitero que reconoció la ayuda del Santo Patrono en el alivio de su enfermedad y terminó diciendo: “¡Qué gran milagro me hizo nuestra Santísima Madre! De allí pa’delante -le dije a mi mamá-, aunque no me paguen yo toco”.
Y los Jefes Encargados de Cuadrilla y Cuadrilleros, tendrían también que ampliar sus miras. Para que en sus reuniones ya no sólo traten sobre “el estado en que se encuentra su cuadrilla”, sino el estado en que se encuentran las cuadrillas de la población y las de todas las de la región entera. Y despertar acciones de solidaridad y de mutuo apoyo con todas las cuadrillas de danzantes y sonajeros.
Precisamente, la tradición de todos los danzantes -y también la de los sonajeros-, se desenvuelve y avanza en el sorprendente y grato mundo de la gratuidad, el voluntarismo, el sacrificio, la ofrenda, la manda y la reciprocidad. “Nuestros antepasados han llevado este origen de apoyar a mucha gente, convivir, hacer gastos… pertenecemos a esa clase de tradición que viene ya de muy lejos”, nos comentó en una ocasión el Jefe Cuadrillero Ramón Peralta. Pues hasta al grupo de Cuadrilleros se les exige otro modo de ser, para que cumplan con una misión adecuada a la tradición. Así se refiere un sonajero sobre uno de los Cuadrilleros en el libro de Isidoro Jiménez: “Como que no tiene modo para tratar bien a la gente. Allí, más que nada, hay que tener lado para tratar a la gente, porque todos somos voluntarios”. Quienes no dejan atrás la idea del prestigio personal, del poder sobre los demás y las ganas del dinero, sólo vienen a cometer daños y suscitar dolores en un ámbito de gratuidad, voluntarismo y solidaridad, como lo son originalmente las danzas. Y esto en un marco de profunda religiosidad popular colectiva, que concibe el danzar como acción de adecuada reciprocidad para con Dios y el Santo Patrono, y para nadie más. Nada de danzar a las reinas o funcionarios públicos “que se quieran hacer indios”, o “ni que fueran Dios”.
El sentido profundo de las danzas tiene que ver con la antiquísima concepción indígena de Dios, que sólo con su sacrificio (su valor, arrojo y sangre) da vida a los humanos, su entorno y el universo entero. Y entonces, sólo hay una manera de ser humanos en reciprocidad con esa manera de ser divina: la del sacrificio, la ofrenda y el servicio (siendo macehuales) para mantener la vida del cosmos, del entorno inmediato y de toda la comunidad. Entre esas acciones está el danzar: se danza para merecer -nos lo recuerda Isidoro Jiménez- y para hacer merecedora a la comunidad y el mundo entero. Este es un enorme servicio ritual que realizan los y las danzantes de la región. Con la danza como ofrenda y sacrificio, que el mundo, la comunidad y cada uno seamos merecedores de la fertilidad y la vida, y que todos seamos revitalizados en comunión y felicidad, es lo que ellos expresan con su cíclico y persistente danzar. Así desde la antigüedad hasta la fecha, cuando se mantienen tanto la referencia comunitaria, como la de la gratuidad y reciprocidad, actuando pues como Dios mismo lo hace. Grande misión cósmica y comunitaria sostenida y reproducida por los danzantes y sus herederos. ¿Creen que vale la pena sostenerla y hasta hacerla aun mucho mejor? Ustedes dicen.
(Texto de la presentación de la obra en la Sala J. C. Orozco de Zapotlán, 23-05-09)
criado por suplementolajirafa
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