Mayo 29, 2009
Bailar para merecer
Juan Manuel Preciado
La aparición de un libro siempre ha sido para mí un hecho estimulante.
Cada nuevo libro que se publica, se me figura como un alma encarnada que ha decidido habitar entre nosotros.
El libro es una bella metáfora de una parte del proceso de la vida, porque él también pasa por un período de larga gestación, luego por el instante del alumbramiento y a partir de entonces, también para él empiezan a tener lugar las muchas posibilidades.
El libro resulta una imagen de algunos de nuestros procesos existenciales, porque,díganme si no, finalmente es un hijo, del intelecto, claro.
Hoy estamos aquí, convocados por el nacimiento de un libro que yo que ya tengo el gusto de conocerlo tanto como a su autor, no dudo en calificarlo de estupendo.
Isidoro Jiménez Camberos, es un investigador serio, un digno representante de lo que es un auténtico historiador, un hombre que conoce y ama su oficio, pero por encima de todo esto, el profesor Isidoro es un hombre sencillo y sensible.
Hoy nos comparte “Danzar para merecer”, que es una obra que yo espero sirva, para que quienes somos de esta región sur de Jalisco, comprendamos de una vez por todas, el por qué de esa manifestación tan arraigada y tan poco entendida que llamamos Danza de Sonajeros.
Este libro es además de un testimonio, una profunda indagación en nuestra historia y un estupendo acercamiento a la comprensión del fenómeno de la eterna búsqueda del hombre con su origen, cito textualmente una parte del libro:
“Poco a poco los danzantes van entrando en una vorágine multicolor –a lo que coadyuva la vistosidad y el colorido de la vestimenta-, a través de la cual, guiados por la circularidad de la música, entran en concentración.
En ese proceso llegan en un primer nivel, a un reencuentro consigo mismos en fuerte diálogo interno en el cual revisan su vida, sus condiciones, sus relaciones, sus proyectos…
Después de cierto periodo de tiempo en la ejecución de los sones, la dinámica de la danza lleva enseguida al sonajero a un nivel más profundo: es tan sólo un pequeño paso a partir del primer nivel descrito y cuando el danzante lo alcanza, entra en una modificación radical de su estado de conciencia. Es el mismo sujeto, la misma persona, sin embargo diferente en este estado, pues la embriaguez que le provoca la ejecución de la danza, le hace entrar en un momento a través del cual logra percibir el mundo real transfigurado, compuesto sólo por un entorno en el cual los colores se mezclan y entrelazan al ritmo del movimiento de su cuerpo.
En esta nueva condición, el sonajero pierde la noción del tiempo y del espacio. Es como si giros, evoluciones y remates los hiciera en un ámbito suspendido y vacío debido a la levedad a través de la cual le transporta la música y la danza. Es entonces cuando el creyente entra en una auténtica comunicación con Dios; es cuando sucede la verdadera oración; dentro y fuera del ser se vuelve la misma dimensión de la existencia, se funde con la unidad de la que forma parte y se reencuentra a sí mismo alcanzando el éxtasis místico.
De ese estado regresa el sonajero al de diálogo interno y viceversa, quedando –mientras ejecuta la danza-, en un mundo ajeno y lejano del cotidianamente vivido: un mundo místico y mágico al que sólo él tiene el privilegio de acceder a través de la danza. Por este proceso es posible que los sonajeros puedan durar un tiempo considerable en la ejecución de la danza sin sentir frío, calor, hambre o sed”.
Hasta aquí la cita textual para poder agregar yo: ¡Así o más claro!
La ejecución del sonajero es una forma de oración.
Al danzar, está realizando una respetuosa invocación a la divinidad a fin de que haya abundancia para todos en la comunidad.
Lleva a cabo el macehualiztli, en concordancia con el perfecto equilibrio que muestra el universo.
Cuando cursando las páginas de este libro del profesor Isidoro, se nos descubren estos aspectos y otros aspectos implícitos en el simple acto de danzar, resulta hasta indignante la visión, muchas veces peyorativa, que tenemos sobre esta manifestación de nuestros pueblos y lastima que haya autoridades (como unas que nos gobernaron hace ya algunos años) que pretendieron, tal vez de buena fe, promover a los sonajeros como atractivo turístico de Zapotlán, como una simple manifestación folclórica de nuestro pueblo.
De allí la importancia de este trabajo del profesor Isidoro que hoy ve la luz y aporta luz.
Por eso la esperanza que expresaba yo al principio de mi intervención, de que este libro ayude al mejor entendimiento de afirmaciones como la danza de Sonajeros, que tiene además hondas repercusiones en el aspecto social y que también están plasmadas en este libro que viene enriquecido con profusión de gráficos y testimonios.
Gracias a las autoridades locales, especialmente a las involucradas en la actividad cultural y de organización de las cuadrillas, por el respaldo brindado al autor para darnos a conocer este trabajo.
Felicidades maestro y gracias por esta nueva aportación a nuestra cultura.
Ciudad Guzmán, Jalisco. Mayo 23 de 2009
criado por suplementolajirafa
4:16 pm — CategorÃa: 

Comentario by salvador manzano — Mayo 29, 2009 @ 5:36 pm
Y no se diga mas!..esas fueron las palabras del Diputadisimo de todas las tierras ocupadas por los Tlayancanques y felicitaciones al profesor Isidoro. Saludos!