La Jirafa

Un suplemento cultural que se publica todos los sábados en las páginas del Diario de Zapotlán, realizado por personas de la región sur de Jalisco, aunque con colaboraciones de cualquier parte del mundo.

Junio 25, 2009

Un pequeño y suave botín

 

José Luis Vivar
Para Verónica
 
El escándalo despertó a Delfina. Era domingo, todavía no daban las siete de la mañana y esas viejas gritonas ya tenían motivos para andar de chismosas. Era el colmo. No tenían respeto por el prójimo ni cuidaban su lenguaje.
            -¡Otra vez con lo mismo! –dijo enojada-. ¡Eso me pasa por hacerte caso de venirnos a vivir a una privada! 
            -¿Qué dices, mujer? –respondió Rubén, todavía adormilado.
            -¿No estás oyendo? –Delfina se había colocada junto a la ventana, con la cortina ligeramente recorrida para observar aquel puñado de licenciosas.
            Rubén giró su cuerpo y colocándose una almohada encima de la cabeza, volvió a conciliar el sueño. Nadie iba a interrumpir su única jornada de descanso.
            -¿Por qué no sales y averiguas lo que sucede? –murmuró antes de volver a lanzar ronquidos.
            -¿Salir yo? ¿Quieres que me ponga a su nivel?
            En el angosto patio de forma rectangular que compartían los doce departamentos, seis a cada lado, un grupo de señoras de todas las edades no parecían llegar a ningún acuerdo.
-¡Esto tiene que saberlo don Calixto! ¡Él, como administrador debe poner fin a esta cochinada! -dijo doña Cande.
-¡Ese viejo panzón no mueve ni un dedo! –apuntó colérica Lupita, una joven maestra recién casada- ¡Creo que mejor debemos avisar a la policía!
-¿La policía? –se cuestionó Delfina en voz alta-. ¿Se estarán robando algo?
Rubén y ella llevaban un año y medio viviendo en el departamento número siete. Él trabajaba como contador en una empresa de seguros y ella era nutrióloga en un hospital particular. Llevaban tres años de feliz matrimonio, no tenían hijos, y estaban ahorrando para comprar una casa.
Ella odiaba vivir no sólo en aquella sino en cualquier privada. Había crecido con la idea del rechazo por don Aurelio, su padre, quien argumentaba que en ese tipo de viviendas colectivas siempre ocurren chismes y conflictos vecinales. Ambas situaciones las estaba comprobando, y por sugerencias de su mismo progenitor convenía que investigara lo que estaba sucediendo antes de que empezara a señalarlos como responsables.
Sin consultar a su marido, al día siguiente, poco antes de las cinco de la tarde, Delfina se presentó en la casa de Lupita quien la recibió sonriente y con absolutas muestras de cordialidad, que distaban de la mujer furibunda que había visto y escuchado el día anterior. Vivían puerta con puerta, y fuera de los saludos ocasionales nunca habían cruzado palabra.
-.¿Gusta usted un cafecito, vecina? –sobre un pequeño escritorio había un cerro de cuadernos escolares que esperaban ser calificados.  
-No gracias –dijo titubeante.
Lo último que se le podía ocurrir sería aceptar la bebida de una persona extraña.
-. En realidad no quisiera quitarle su tiempo, pero me tiene intrigada el incidente de ayer en la mañana. Bueno, desde hace varios días.
            -¿Qué a usted no la han robado? –la pregunta la tomó por sorpresa. Sintió que si lo negaba sería sospechosa y si lo aceptaba se metería en problemas.
            -Este, me da pena comentarlo.
            -No, no, que no le dé pena –la voz de Lupita comenzó a adquirir el tono grave de los días que encabezaba las protestas en el patio-. ¡Dígalo! ¡Es la verdad! ¡A todas las que vivimos en esta privada nos han robado los calzones!
            -¡¿Calzones?! –gritó asustada.
            Cuando le comentó lo sucedido a don Aurelio, éste permaneció un momento en silencio. Podía esperar cualquier cosa menos que un depravado estuviese sustrayendo de los tendederos prendas íntimas.
            -¿Y tú qué le respondiste, hija?
            -Pues la verdad papá –dijo apenada-. Hasta entonces caí en la cuenta por qué nunca he vuelto a ver unas tanguitas que compré en Guadalajara el año pasado.
            -¿Y cómo se supone que los roba? ¿Qué ninguna de ustedes ha podido estar al pendiente?
            -¡Parece que se mete a los patios de cada departamento papá! ¿De qué otra forma podría ser?
            -¿Y qué opina tu marido de todo esto? -don Aurelio estaba molesto con Rubén por haber ido en su contra. Las privadas son lo peor que han hecho los hombres en las ciudades, les dijo al conocer que rechazaban su oferta de vivir en un condominio de su propiedad.
            -Está enojadísimo. Dice que va a comprar una pistola.
            -¡Dile que digo yo que mejor te compre una casa! ¡Pinche hocicón!
            De un día para otro los robos cesaron. Las mujeres comentaban que la presencia de dos mujeres policías debió asustar al fetichista, que es como empezaron a llamarle. En una improvisada junta de vecinos, una de aquellas guardianes del orden había lanzado un mensaje claro y directo.
            -El asqueroso ratero vive en esta privada, o es alguien de su confianza que viene de visita. Pero si comete una pendejada y lo agarramos, ustedes mismas señoras se van a encargar de encuerarlo y darle una buena madriza antes de que nosotras hagamos lo propio en otro lugar.
            La desconfianza empezó a prevalecer entre los habitantes de la privada. Ya no se trataba sólo de ellas, sino de los caballeros también. Los novios, amigos, vendedores y repartidores empezaron a ser vistos con recelo. Unos con otros se vigilaban. Esa noche lluviosa en que se había ido la luz, Delfina tuvo que explicarles a un cuarteto de vecinos furibundos apostados a la entrada, que ese señor que la visitaba era don Aurelio, padre con quien estaba a punto de salir de viaje.
            -¿Y don Rubén no va con ustedes? –preguntó un chaparrito, a quien hasta ese instante lo reconoció como el esposo de Cande.
            -Él se queda porque tiene que trabajar, no le dieron permiso.
            -Entonces váyase sin pendiente que aquí se lo cuidamos, vecina.
            En el aeropuerto ella, sus padres y sus dos hermanas debieron esperar tres horas. Delfina no quiso llamar a Rubén por temor a despertarlo, así que se entretuvo leyendo una revista de espectáculos. Finalmente, una voz anónima anunció que el vuelo se suspendía por el mal tiempo. Los viajeros debían volver hasta el día siguiente a la misma hora, o permanecer en lista de espera con otra aerolínea.
            -Vámonos a descansar –propuso don Aurelio.
            Aunque Delfina se negaba, por ser demasiado tarde, no pudo impedir que toda su familia la acompañaran de vuelta a su casa. Seguía lloviendo pero afortunadamente la luz había regresado.
            -Pasen –dijo ella-, voy a preparar café.
            -Esta vez todos te lo aceptamos hija –dijo su mamá, a quien le dolían los pies por llevar unos zapatos que recién había estrenado.
            A delfina le resultó extraño que las luces de la sala estuviesen encendidas. Eran casi las tres de la mañana. Sus padres y hermanas venían detrás de ella. No supo cómo explicarse la presencia de esa música afroantillana y las voces masculinas que se escuchaban. Era extraño, sabiendo que su marido jamás se desvelaba. Algo debía haber ocurrido. Posiblemente algunos de los vecinos estaban allí, o tal vez los agentes policíacos. Un ataque de ansiedad empezó a dominarla.
            Pero al abrir la puerta descubrió que las voces no pertenecían a ninguno de los señores que se turnaban para vigilar la entrada; tampoco estaban los oficiales. En su lugar había dos amanerados sujetos, recostados en el sofá bebiendo y fumando, mientras que Rubén, su querido Rubén con los ojos cerrados se contoneaba como bailarina exótica encima de la mesita de centro, sin más prendas que una diminuta tanga roja.
Sobre el comedor podía apreciarse la totalidad del colorido botín que había sido sustraído de los tendederos. Aquello semejaba un muestrario de lencería por estar presentes todos los estilos que existen en el mercado, incluyendo dos inmensos calzones de abuelita. 
            -¡Lupita! ¡Lupita! –gritó Delfina con todas sus fuerzas. La visión comenzó a volvérsele borrosa. Antes de perder el conocimiento alcanzó a escuchar una algarabía de locuciones, sobre todo femeninas, y el vozarrón de don Aurelio exigiendo la cabeza de su malnacido yerno.
 
 
criado por suplementolajirafa    11:29 am — Categoría: La Jirafa

Junio 19, 2009

Nuevo rostro y nueva estructura de la iglesia

 

Martín González

 

 En algunas porciones de pueblos que se ubican en las zonas sur, sureste y Llano de Jalisco, desde el año 1972 y hasta el presente (casi 34 años), primero se gestó, luego se impulsó y ahora se sostiene fiel y firmemente una novedosa experiencia comunitaria de vida cristiana a nivel de base –en los barrios, los ranchos y las colonias, entre los sectores sociales empobrecidos, explotados y marginados- que ya han ido transformando la manera como funcionan y se estructuran las parroquias y diócesis de la iglesia católica. A esa especie de archipiélago de experiencias de fe, diseminadas en ésta geografía de Jalisco, se les ha denominado acertadamente como Comunidades Eclesiales de Base, o de manera abreviada CEBs. 

Las mujeres y hombres, los niños, jóvenes y ancianos que participan y sostienen esas Comunidades Eclesiales de Base o CEBs, los laicos y laicas, religiosos y religiosas, los sacerdotes, todos ellos definen las CEBs, y se definen, en el Primer Documento Sinodal como “la iglesia de Jesús que peregrina y vive en el barrio, rancho o colonia de la comunidad parroquial”, “la iglesia en su dimensión menor”, “el nivel de iglesia pequeño que se reúne en asambleas comunitarias y es coordinada por un Consejo Comunitario, a quien se le delega la articulación de los servicios de la comunidad”. Que han tomado como modelo las primeras comunidades cristianas, que son la iglesia “que vive en comunión” concretizada en el nivel de base, y “en comunión apostólica con los pastores, con la iglesia local y universal”. Que las CEBs son la “iglesia que busca comprometerse tanto en lo eclesial como en lo social; que vive la solidaridad en los diversos problemas y necesidades y que apoya las organizaciones básicas, populares y cívicas”. En fin, las CEBs son una “iglesia sencilla que crece en el pueblo por la fuerza del Espíritu”, una “iglesia pobre, que hace opción por los pobres. (Que) se esfuerza por devolverle la dignidad al pobre, lo va tomando en cuenta y lo involucra haciendo que se sienta persona y que vaya actuando como sujeto” (introducción, pp. 5-6). Toda esta rica y prolongada vitalidad de las CEBs en esta región de Jalisco, unida a la larga experiencia de más de 50 años que las CEBs llevan en América Latina y el Tercer Mundo, llegaron a sorprender, atraer y convertir a un sinnúmero de sacerdotes, religiosos y religiosas, Obispos, Cardenales… y teólogos de la iglesia. Algunos de ellos ya murieron, otros son respetables fuentes de sabiduría y algunos más, todavía bastantes, caminan con su persistente paso y lúcida inteligencia a lado de las CEBs que ya forjan un nuevo rostro de Iglesia. De estos últimos –al lado de muchos otros, igual de importantes- es el P. José Sánchez, quien haciendo una teología militante –tal cual debe ser la práctica teológica en México y América latina- ha venido sirviendo a los agentes de las CEBs con su reflexión crítica de la práctica humana y eclesial a la luz de la práctica de Jesús y de las exigencias de la fe. Servicio teológico aplicado en reuniones de barrios, ranchos y colonias, en encuentros, talleres y cursos, en publicaciones de folletos, revistas y libros. Son ejemplares publicaciones suyas “Iglesia, pueblo de Dios en marcha” del año 1988, “Las CEBs, semilla y fruto de nueva evangelización” del año 1991, “Haciendo camino al andar” del año 1992. Y en este año, el pasado mes de febrero, el P. José Sánchez logra la publicación del libro que viene a ser una especie de síntesis teológica sobre la dimensión alcanzada por las experiencias de las CEBs en la época contemporánea: “La Comunidad Eclesial de Base en un mundo globalizado”, y es la obra que aquí estamos presentando. Lo novedoso es que el P. José Sánchez, como militante y testigo cualificado del largo proceso de CEBs regional, nacional y latinoamericano, nos demuestra en su obra que ellas -las CEBs- no solo han resistido al denominado invierno eclesial por más de una década y media, sino que ahora son auténticas hogueras a donde se siguen acercando los pobres para encender su luz personal y poder seguir andando, y a donde ellos mismos regresan a recuperar el calor cuando su mecha anda humeante. Abajo, tras la cortina de cenizas de la iglesia en general, en la actualidad ya no hay brazas sino hogueras de CEBs, pero como la mayoría andamos mirando hacia arriba pues ni siquiera las vemos ni les hacemos caso. El archipiélago de CEBs, los fogones u hogueras de vida comunitaria han avanzado aun más en el reconocimiento de que no son un movimiento o instrumento de la iglesia, sino que son la misma iglesia con “una forma nueva y original de vivir la fe cristiana, de organizarse la comunidad alrededor de la Palabra, los sacramentos y de los nuevos ministerios ejercidos por laicos” y que son “la iglesia naciendo de la fe de los pobres” (Leonardo Boff). Que frente, al lado y entre, las otras maneras de vivir y comprender tanto la iglesia como sus misión, las CEBs ahora resisten, conforman e impulsan un nuevo rostro y estructura, un nuevo modelo de iglesia al que invitan y buscan convencer a las gentes de su entorno, a los religiosos y religiosas, y a más ministros ordenados. Y que, ante las antiquísimas estructuras tanto parroquial como diocesano, legítimamente la CEBs están conformando ya el original y originante nivel comunitario de base. Original y originante, porque antes de los niveles conformados por la parroquia y la diócesis, en los orígenes de las primeras comunidades cristianas (hasta mediados del año 300 d.C.), los creyentes vivían comunitariamente en la base de la estructura social romana y en relación también con un archipiélago de comunidades cristianas. En su libro, el P. José Sánchez describe y analiza ese periodo, presentando así un limpio espejo donde se pueden mirar las CEBs actuales: en aquellos tiempos se nombraban “iglesia en la casa”, con plena conciencia de pertenecer a un “pueblo universal” y que, teológicamente, se concebían como la “casa de Dios”. Con toda razón el P. José Sánchez concluye que la iglesia en comunión, por medio de la profunda y extendida experiencia de CEBs actuales, “revive el modelo” y “reinicia el nivel” de las iglesias domésticas primitivas. Así viene a ponerse en claro –en lenguaje teológico- que las CEBs son un don de Dios y representan la fuerza del Espíritu en la región, el país y el mundo. Y que son una oferta de fe y organización para que sea asumida por las clases bajas, por los que hagan opción por ellos, y por todos los que reconocen que no basta con que la iglesia exista, sino que debe ser actualizada siempre de nuevo. Y que mientras sostenga los rasgos de servicio a todo el que sufre cualquier opresión, comunión que siempre crea algo nuevo y misión que busca unir riachuelos para juntar el caudal poderoso –inspirados por la Palabra y la Celebración-, las CEBs representarán una alternativa, junto con muchas otras, de participación y comunión en medio de la excluyente y opresiva sociedad neoliberalizada. Al fin y al cabo las mismas CEBs trasmiten ya las siguientes enseñanzas escritas en un folleto de la editorial Dabar (México 1992): “Cuando nos reunimos siempre creamos algo nuevo”, “Si podas un árbol no lo debilitas, al contrario, lo fortaleces”, “De una manera o de otra, no existe Goliat que no caiga del poder” y, por último, “Los constructores de las ciudades, tanto de la ciudad de Dios, como de las ciudades de los hombres, siempre viven en la periferia”. Y solo los que abandonen su estrado y altura, los que dejen el centro, los que arrojen lejos las actitudes de desprecio y opresión, serán sus aliados, sus amigos y compañeros en ese emocionante sueño y acción eclesial. Sabiendo con Mons. Leonídas Proaño, quien fuera uno de los incansables animadores de CEBs, que el “éxito está en saber empezar de nuevo”, y que “se necesita constancia, se necesita tener en el corazón un gran anhelo”.

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Junio 16, 2009

En el olvido obras de Daniel Quiroz

 

Juan José Ríos Ríos

 

En franco deterioro y en total olvido están las obras pictóricas localizadas en los muros de la planta alta de la presidencia municipal en Ciudad Guzmán, del pintor guzmanense Daniel Quiroz Cisneros, denominado Tzapotlán, que data de 1985.
           
Este mural, ejecutado en acrílico y en una superficie de 120 metros cuadrados, muestra una sinopsis histórica de la vida del pueblo, en cinco grandes temas; La creación del entorno geográfico, la época prehispánica, la conquista, así como los terremotos del 25 de marzo de 1806 y el del 19 de septiembre de 1985.
         
  Daniel Quiroz Cisneros nació en Ciudad Guzmán el 20 de agosto de 1935. Desde los diez años mostró especial aptitud hacia la pintura, y tuvo como principal impulsor a su maestro Alfredo Velasco Cisneros, quien, en el año de 1952, lo recomendó ante Margarita Valladares, viuda de José Clemente Orozco, y por cuya mediación se le permite ingresar a la Academia de San Carlos, entonces Facultad de Artes Plásticas de la UNAM.
         
   El director de esta facultad, Ignacio Asúnsolo, viendo las cualidades de Daniel Quiroz, le recomienda a su vez para trabajar al lado del maestro Diego Rivera, con quien empieza a desarrollar su propio estilo, de acuerdo a las fuertes influencias de los grandes muralistas mexicanos (Daniel Quiroz Cisneros, el último artista de la muralística mexicana”, ediciones del archivo histórico de Zapotlán, obra de Fernando González Castolo.
           
 El tema de los Cristos es muy recurrente dentro de la obra plástica de Daniel Quiroz, quien regresa a su tierra a principios de 1956, en donde se integra a la Sociedad de Arqueología, que comandaba Esteban Cibrián, con el objetivo de contribuir a la investigación arqueológica local con miras a fundar un museo regional.
           
Las obras de Daniel Quiroz Cisneros se encuentran en algunas casas de amigos, en la Escuela Secundaria Federal Benito Juárez, es la casa de la cultura y en el palacio municipal. Ha recibido la Presea al Mérito Ciudadano, fue maestro de pintura en la Escuela Normal de Ciudad Guzmán, en donde también fundó talleres de pintura y, pese a que junto con José Clemente Orozco, aparece en las 96 biografías de pintores jaliscienses de los siglos XIX y XX, obra denominada “La pintura en Jalisco”, editada en 1989 por el Gobierno de Jalisco, su obra se deja deteriorar en el palacio municipal de su tierra natal.

 

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Junio 12, 2009

Yo nomás pregunto… y te enojas…

R. L. P. E.

 
Cuando pasaron al frente de la Central Camionera de Ciudad Guzmán, la pequeña Paola descubrió a Tzaputlatena al centro de la glorieta que hicieron en el cruce del libramiento citadino y la salida hacia la autopista.
 
–¿Quién es? Preguntó
– Una diosa antigua, de antes; de aquí para los de aquí –Contestó Chuy, el abue.
–¿Por qué de antes? ¿Viejita? Dios, dices que no es viejo
–Quiero decirte que desde hace mucho tiempo ya no se le venera, porque los antiguos pobladores de aquí creyeron en el Dios único y verdadero, la Santísima Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
 
–¡Ah! Ahora ya no creen en Dios y creen en la diosa antigua…
– No la hicieron porque dejen de creer en Dios o crean en ella, más bien es de ornato y se revela una raíz cultural de los pobladores antiguos, de hace muchos años.
– No tiene colores y son más bonitos, parece fierro y está negra, no tiene camiseta. ¿Van a hacerle un templo?
–¡No! No le van a rendir culto.
–Entonces ¿Para que la hicieron?
 
–Te digo que es como adorno y la glorieta va a regular el tránsito de los autos, camionetas de quiénes llegan o se van. ¿Te acuerdas cuando era la glorieta de los tambos? Tambos amarillos de todas formas menos cilíndricos, porque estorbaron el tránsito por 17 meses.
– Sí.  (Contestó la niña, cercana al enfado)
–Ya entendí, esta diosa es para los que llegan, porque aquí el Señor San José, seguirá siendo el santo más importante.
 
– No, no es así, lo que pasa es que es una escultura que prometió hacer el Presidente Dagoberto y ya cumplió.
–¿Escultura y diosa es lo mismo?
–¡No! Escultura y estatua, sí es lo mismo. Hay muchas clases de esculturas, de cuerpo completo, bustos; de dioses, de santos, de animales grandes y chicos, de políticos, de personas, de presidentes, de héroes, de deportistas,  de sacerdotes, de maestros, de mamás, etc.
 
– ¿Se les reza a todas las esculturas?
– No, porque no son dioses.
– Pero esta sí es diosa, ¿le rezamos?
– No. Sólo a papá Dios lo adoramos, a él, sí le rezamos. No somos idólatras.
– Abe Chuy, Dago, el presidente ¿sí le reza?
 –No lo creo, porque no es idólatra. Aunque el Ayuntamiento negó a los franciscanos del templo de la Merced el permiso de realizar víacrucis, luego les dijeron que sí: El Presidente Dagoberto despidió sentidamente a Don Serafín en la Santa Catedral cuando murió y le dio trato de “amigo, Pastor, Señor Obispo”.
 
– Si no cree en ella, si no le reza, entonces ¿Pa´ qué la mando hacer?
– Porque quiere embellecer a la ciudad, porque su función es mejorar la calidad de vida en todo Zapotlán.
–¿Con esa “statua” se va mejorar el aire y no va a oler la laguna?
–Estatua hija, pero no tiene nada que ver con el aire, no hay ni veleta, ni mide los imecas, no desvía los vientos, ni le estorba, no obstaculiza; no le dará rumbo a “la Pastora” Total: ¡Naaadaa!
– ¡Ya sé! ¡Ya sé! Le van a poner focos como torre de control del Aeropuerto del “Capi Covarrubias”.
– Eso, está más loco. No tiene sentido, lo que dices. ¡No! Mejor ponte el cinturón.
–Si tiene sentidos, yo le vi las  orejas…
–¡Sí ¡Yo también se las vi. Están grandes, redondas, turgentes…
– ¿Cómo? -Terció, sorprendida la madre de la niña.
– Nada, que esta niña, con sus preguntas me hace hablar más de lo que debo.
– ¡Ya párale! ¡Basta! Por favor no hablemos más de la Reina Tzaputlatena.
– ¿Es mala o es buena?
 
Siguió un silencio con risas dibujadas y miradas acusadoras.
La niña tomo su despeinada muñeca y él apretó sus manos sobre el volante al enfilar hacia Guadalajara.
–Yo nomás pregunto, y te enojas. Abue Chuy.
 

 

criado por suplementolajirafa    11:43 am — Categoría: La Jirafa

Junio 5, 2009

Vámonos con Pancho Villa…

 

Eduardo Etchart Mendoza
 
 
 
Es el título de una de las muchas biografías de Doroteo Arango Quiñones, mejor y siempre conocido como Pancho Villa, quién nació un 5 de junio de 1878 en la Hacienda de Río Grande, en la jurisdicción de San Juan del Río, Durango.
 
Ciento treinta y un años después podemos hablar del hombre-leyenda, del que se cuentan muchas anécdotas que le dan sabor a una vida de hecho precipitada, accidentada y controvertida en tan sólo cuarenta y cinco años de existencia.
 
Muy conocido es el hecho de que por defender a su hermana de la ofensa de violación cometida  por el hacendado López Negrete, tuvo que abandonar la hacienda y vagar por las praderas, convirtiéndose en abigeo y quitándose su verdadero nombre.
Se unió a la campaña de Francisco I. Madero en 1909, convencido entonces por el gobernador de Chihuahua, Abraham González, conociendo al primero en la hacienda de Bustillos y presentándose con un buen número de hombres disciplinados y con buenos pertrechos.
 
De acuerdo con Pascual Orozco obtiene el triunfo en la acción de Ciudad Juárez con la que los porfiristas se rinden y se retira a la ciudad de Chihuahua para dedicarse unos meses al comercio de la carne de res; pero su interés por la lucha armada lo hace reunirse  con Victoriano Huerta para sofocar la rebelión orozquista. Por su lealtad y méritos lo nombran general brigadier interino. Dos batallas Conejos y Rellano le dan dos triunfos, pero un resentimiento del propio Huerta, quien lo aprehende y lo remite encarcelado a la prisión militar de Santiago Tlaltelolco de donde se escapa en 1912.
 
 Toma rumbo a Guadalajara para ir a Manzanillo y pasó por Zapotlán (aseveración muy centrada de nuestro editor Milton Iván Peralta). Se fue a los Estados Unidos y regresará a la muerte de Madero en 1913 entrando por Chihuahua, y ahora es apoyado económicamente por el gobernador de Sonora, José María Maytorena.
 
Combatió contra los generales Salvador Mercado y Félix Terrazas y a éste le hace 230 prisioneros a los cuales fusila. Ese mismo año de 1913 formó la División del Norte para atacar Torreón, ahí llevó a cabo dos batallas para tomar la ciudad, la brillantez de su dirección militar fue reconocida por su habilidad bélica que crecía al igual que su fama. Cambia su rumbo regresando a Chihuahua combatiendo en ciudad Juárez y tomando la propia ciudad capital del estado nombrándose gobernador provisional.
 
Logra buena presencia administrativa restableciendo el orden, abaratando los productos primera necesidad, condona contribuciones atrasadas, emite papel moneda y abre el Instituto Científico y Literario del Estado.
 
Sostendrá las batallas de Gómez Palacio, Paredón, Saltillo y por órdenes de Venustiano Carranza toma a sangre y fuego la ciudad de Zacatecas en junio de 1814 haciendo y deshaciendo, ensañándose con los comerciantes extranjeros y principales mineros a los cuales para no fusilarlos les pedía la cuota de cincuenta mil pesos oro (mil centenarios). Con esta victoria se logró el retiro de la presidencia de Victoriano Huerta y una alianza momentánea con Alvaro Obregón.
 
Marcharon villistas y zapatistas a la Convención de Aguascalientes propuesta por Carranza. Meses después y durante el gobierno nacional de Eulalio Gutiérrez viene a la ciudad de México firmando en el camino el tratado de Teoloyucan, pero las rencillas entre los jefes revolucionarios hará que se vuelva a combatir ahora en el Bajío, será campo de acción Celaya y León. Se va al Norte y cruza la frontera entrando a la población de Columbus, provocando que los norteamericanos formaran la Expedición Punitiva bajo el mando del general Pershing, pero eso como dicen es otra historia, por ello como dijimos al inicio: ¡Vámonos con Pancho Villa! Y ya regresaremos.
 

 

criado por suplementolajirafa    5:56 pm — Categoría: Escribamos de historia

Junio 2, 2009

Recordarán al Pato Arreola

 

Juan José Ríos Ríos 
 
A seis años de su desaparición física, será recordado el músico, compositor, pintor e investigador inquieto, Juan Octavio Espinoza Arreola, oriundo de Ciudad Guzmán, en un homenaje post morten que se llevará a cabo el jueves 4 de junio con el nombre “La bondad del talento”.
            “Juan Octavio fue un hombre talentoso que tuvo múltiples virtudes y, por encima de todas ellas, fue un hombre que potenció la amistad como un valor. Quienes tuvimos el privilegio de tratarlo y convivimos con él, nos hemos puesto de acuerdo para rendirle este homenaje – reconocimiento”.
            Lo anterior fue manifestado por Juan Manuel Preciado, amigo de Espinoza Arreola y con quien compartió muchos momentos de su corta pero productiva vida, y que impulsa este homenaje que tendrá lugar en la en la Casa Taller Juan José Arreola, tío de Espinoza Arreola, cita en Ciudad Guzmán, ya que en vida no se tuvo la oportunidad de decirle el beneplácito que les causaba ser su amigo y verse beneficiados con su talento.
            Juan Octavio Espinoza Arreola nació y murió en un mes de junio, por lo que familiares y amigos han organizado este reconocimiento en donde se dará lectura a las obras poéticas, escuchar su música; “ Y básicamente para recordar al amigo, al talento de Zapotlán”, abundó Juan Manuel Preciado.
            También será inaugurada una exposición de pintura obra de Espinoza Arreola, y se busca proteger la obra mural hecha por éste en el centro de salud de Ciudad Guzmán, a fin de evitar se pierda  o dañe, que fue de las últimas obras de él, que como hombre nunca se interesó por hacer fama o fortuna, a partir de su talento.
“No fue conformista, pero que sí veía la vida con desprendimiento, fue bohemio de convicción, se desprendía de los suyo para ayudar al amigo, fue un hombre que nunca necesitó de la fama ni de la fortuna para destacar”, señaló el informante.
 
 
criado por suplementolajirafa    7:30 pm — Categoría: La Jirafa informa...

Pueblo Chico

 

Salvador Manzano Anaya
 
 
 “Dicen que en un pueblo chico somos como una familia muy numerosa, todos nos conocemos, la plaza de armas en el corazón del pueblo viene siendo el patio y todos tenemos nuestras habitaciones alrededor, con esta creencia…  yo crecí”.
 
En un lugar donde todos nos conocemos, las noticias corren como polvorín sobretodo las malas, los argüendes y chismes malintencionados que apuran cabalgando en el potro endemoniado de las malas lenguas y también las leyendas. Este pueblo no dista nada de eso. Las doñas pasan enrebosadas antes del alba para hacer fila en el molino para procesar su nixtamal, el panadero grita su ansiedad de vender el pan despertando a todos antes de que el gallo lo haga, más tarde pasaran los vaqueros que madrugaron a la ordeña…
 
El sol tímidamente va barriendo de las calles las almas que por la noche bailaron en sus comparsas  fantasmales dejando el confeti podrido de los viejos carnavales, también las que vinieron a visitar a sus deudos entre los mortales.
 
En la ventana caída del parían asoma el espíritu maldito del escritor que negó a su pueblo, encadenado y atado para siempre a la adoración de su obra que orgullosamente le profesan sus coterráneos.
 
Aquí las calles son de trazo recto carente de diagonales con cuatro cruces en los puntos cardinales que nos protegen de todos los males. De noche tiene una tenue luz de faros que pesadamente cae sobre el fino empedrado, caparazones plateados bañados de luna. La noche es pronta y en las esquinas se forman recovecos oscuros con formas lúgubres para espantar a cualquiera.
 
 -Muchacho, el puente del Santuario crúzalo por media calle, porque si te asomas al río ¡te lleva el chamuco! - me decía Don Gil el anciano que contaba cuentos cuando me mandaban al pan para la merienda, después me di cuenta que el chamuco era él, murió de viejo, briago de vivencias.
 
En un pueblo chico todos nos conocemos… también los muertos con ellos convivimos a diario, ánimas  que mantenemos entre nosotros por las fuertes ataduras sentimentales…
 
 -M’ijo, rézale un padre nuestro al Padre Julián para que se vaya de aquí y no ande espantando gente - 
 
Todos nos conocemos, nos conocimos y después seguiremos viéndonos porque aquí es como una fusión del pasado y el presente,  el porvenir parece que no existe no tenemos futuro en este pueblo, a lo mejor no cabe…por ser chico.
 
 Dicen que hay crisis en el mundo, aquí siempre la ha habido no sabemos de otra cosa, es nuestro hábitat natural, economía estancada a veces hasta decadente, aspiraciones pródigas y milagros pendientes.
 
Este pueblo es un lugar elegido para venir a morir, un cementerio de vivos, los que alguna vez se fueron de aquí a decantar sus anhelos y sus sueños emprendedores a otra parte, al terminar su ciclo voltean hacia acá para desenredar la bola y encontrar el camino que los traiga con el deseo de asentarse en la tierra que los brotó y quedarse para siempre…por eso hay tanto muerto aquí, todos se van; pero se vienen a morir. No muy lejos de ahora en tiempo, estas tierras fueron escenario de luchas sangrientas, sembradío de muertos en la tierra, en la historia,  en  el triste y temeroso recuerdo falleciente de nuestros ancianos. Aquí es puro polvo rojo revuelto de mártires, guerreros de la fe y bandidos, abono ideal de estas tierras tan fértiles, aun se manifiesta la lucha de esos espíritus revolucionarios que aparecen convertidos en una tolvanera, aun quieren pelear por la causa que no se ha logrado desde aquellos enfrentamientos armados y que tanta huella dejaron aquí.
 
– En ese zalatón que esta ahí muchacho, colgaron a varios por bandidos, eso decía el letrerito que les colgaba del pescuezo -
Todas las mañanas cuando salgo de casa para ir a la escuela, se dirigen los burreros a traer leña para el fogón, más tarde retornarán cargados de palo de mezquite y ocote recorriendo las calles del pueblo y regando estiércol, con la pesadez de la carga y  el rojo decadente del sol.
 
 –¡Arreé burrooooooo! – Tengo grabado ese grito que también apresuraba mi paso a la escuela…
 
Cierta vez que el pueblo moría de sed y de sequía, un bandido que robaba las diligencias del camino para ayudar a los pobres, lo agarraron los soldados, le tendieron una trampa con la sorpresa de que sus secuaces que escondían en la ladera eran muñecos bien armados ocultos entre las matas. Fue destinado al paredón de fusilamiento, en sus ultimas palabras dijo que si Dios lo recibía en el cielo pediría agua para este pueblo seco. Y de pronto se nubló todo y llovió tanto que hasta el río se salió, eso dicen del bandido bueno.
 
- Mira muchacho, cuando veas un remolino de viento con polvo como loco por la calle, no mires es el demonio, cierra los ojos y persígnate, para que se vaya pronto -
En mi camino diviso el carretón de alfalfa, repartiendo manojos en las casas donde hay puercos y el típico aroma amargo de la hierba, al pie de las puertas de las casas quedan tirados los matojos que después recogerán los dueños cuando se cercioren de ellos o cuando los cerdos lamenten su hambre.
 
Por tanto cerdo que hay aquí, tenemos muchas moscas deambulando locas por todas partes, símbolo de este pueblo, con el que compartimos nuestros sagrados alimentos. En la noche de tiempo de aguas revolotean palomitas alrededor de las lámparas con las que torpemente chocan, pierden sus alas y caen, ponemos tinas de agua para ahogarlas y al día siguiente recogemos llena de esos insectos voladores y la tiramos sino se comen la ropa. Todas esas noches de recovecos negros y fantasmas se oían cantar los grillos con fuerza  – no mates esos grillos hijo, porque gracias a sus cantos no escuchamos los gritos de las ánimas del purgatorio – Nunca supe que tan cerca estaba el purgatorio de este pueblo para que pudiésemos oír semejantes lamentos o si era aquí mismo…
 
 - Una vieja venía del cerro a vender escobas al mercado y todos los negocios prosperaban, pero un día le impidieron su entrada y ella enojada se fue a otro pueblo y ahí creció el comercio por eso éste se quedó chico, además no conforme con su gracia, nos dejó el río sin agua y condenado a ser un basural –
 
 Por la misma razón de tantas cosas de susto que nos contaba la gente grande, nuestra imaginación era muy creativa y muy prolífica de tenebrosidades. En cuanto la noche tendía su manto nos escondíamos en nuestras casas no queríamos salir para no oír pasar las carretas, ni ladrar a los perros, ni cantar el tecolote y temblábamos de miedo si alguien gritaba por la noche. – ¿Oyes esas cadenas que arrastran hijo?, el catrín lleva en su carreta a uno que maldijo a su madre… -  así nos educaban y para variar se oía el grito  “¡muévete bestia! y todos con un Jesucristo en la boca por eso somos tan obedientes, tan bien portados y buenas gentes. Los lazos familiares siempre eran fuertes, mantenían a toda la familia unida, los vivos y los muertos, tal vez separados por un hilo muy fino que marca donde esta cada quien, tú estas vivo, tú estás muerto, pero estamos juntos y así vivimos todos en este pueblo chico.
 
En este pueblo harto de creencias vive uno en el umbral entre leyendas y vivencias, no sabes luego en que parte está, si es mito o extraña realidad …cierta noche tuve un sueño… estaba entrando en una casona que tenia un pasillo estrecho y muy largo, en el fondo se veía un iluminado salón donde había una fiesta alegre y bulliciosa como saben hacer en mi familia, me dirigía lentamente allá con temor tal vez con un poco de incertidumbre, en tanto me acercaba pude notar que todos los asistentes que departían en esa curiosa velada eran mis parientes que ya habían muerto, exactamente los que en ese entonces en paz descansaban, todos ellos queridos, que habían fallecido hace tiempo, además no hace mucho que habíamos enterrado a mi abuelo materno a quien yo siempre quise como un gran padre, él estaba ahí en esa fiesta.
 
Mi abuelo sorprendido de verme se dirigió hacia mí con prontitud interponiéndose a mi acceso al salón, me tomó de los hombros volteándome de regreso a la salida de la casa. –No hijo mío, tu todavía no, regresarás más adelante, pero ahora no – Mientras esto ocurría con mi abuelo que me abrazaba, encaminándome a la calle de nuevo, miré rápidamente de reojo al contingente que dejaba atrás y sonriente me saludaba y noté que entre ellos  había un tío que aun vivía en ese momento, mi Tío Avelino él no estaba muerto…
 
-Despierta, despierta levántate rápido muchacho -  hay que arreglar la casa, acaban de avisar que traen al pueblo a tu tío Avelino lo mataron anoche…
criado por suplementolajirafa    12:16 pm — Categoría: La Jirafa

La pitaya azul

 

Fernando G. Castolo
 
Una pitaya observó el amor y se tiñó de rojo.
La de a lado miró la esperanza y se pintó de amarillo.
Otra más contempló la caridad y se blanqueó.
La que estaba junto a mí vio la fe y se matizó de rosa.
Yo, incolora aún, me quedé atisbando al cielo tratando de pensar de qué color me gustaría ser.
criado por suplementolajirafa    12:09 pm — Categoría: La Jirafa

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