Junio 19, 2009
Nuevo rostro y nueva estructura de la iglesia
Martín González
En algunas porciones de pueblos que se ubican en las zonas sur, sureste y Llano de Jalisco, desde el año 1972 y hasta el presente (casi 34 años), primero se gestó, luego se impulsó y ahora se sostiene fiel y firmemente una novedosa experiencia comunitaria de vida cristiana a nivel de base –en los barrios, los ranchos y las colonias, entre los sectores sociales empobrecidos, explotados y marginados- que ya han ido transformando la manera como funcionan y se estructuran las parroquias y diócesis de la iglesia católica. A esa especie de archipiélago de experiencias de fe, diseminadas en ésta geografía de Jalisco, se les ha denominado acertadamente como Comunidades Eclesiales de Base, o de manera abreviada CEBs.
Las mujeres y hombres, los niños, jóvenes y ancianos que participan y sostienen esas Comunidades Eclesiales de Base o CEBs, los laicos y laicas, religiosos y religiosas, los sacerdotes, todos ellos definen las CEBs, y se definen, en el Primer Documento Sinodal como “la iglesia de Jesús que peregrina y vive en el barrio, rancho o colonia de la comunidad parroquial”, “la iglesia en su dimensión menor”, “el nivel de iglesia pequeño que se reúne en asambleas comunitarias y es coordinada por un Consejo Comunitario, a quien se le delega la articulación de los servicios de la comunidad”. Que han tomado como modelo las primeras comunidades cristianas, que son la iglesia “que vive en comunión” concretizada en el nivel de base, y “en comunión apostólica con los pastores, con la iglesia local y universal”. Que las CEBs son la “iglesia que busca comprometerse tanto en lo eclesial como en lo social; que vive la solidaridad en los diversos problemas y necesidades y que apoya las organizaciones básicas, populares y cívicas”. En fin, las CEBs son una “iglesia sencilla que crece en el pueblo por la fuerza del Espíritu”, una “iglesia pobre, que hace opción por los pobres. (Que) se esfuerza por devolverle la dignidad al pobre, lo va tomando en cuenta y lo involucra haciendo que se sienta persona y que vaya actuando como sujeto” (introducción, pp. 5-6). Toda esta rica y prolongada vitalidad de las CEBs en esta región de Jalisco, unida a la larga experiencia de más de 50 años que las CEBs llevan en América Latina y el Tercer Mundo, llegaron a sorprender, atraer y convertir a un sinnúmero de sacerdotes, religiosos y religiosas, Obispos, Cardenales… y teólogos de la iglesia. Algunos de ellos ya murieron, otros son respetables fuentes de sabiduría y algunos más, todavía bastantes, caminan con su persistente paso y lúcida inteligencia a lado de las CEBs que ya forjan un nuevo rostro de Iglesia. De estos últimos –al lado de muchos otros, igual de importantes- es el P. José Sánchez, quien haciendo una teología militante –tal cual debe ser la práctica teológica en México y América latina- ha venido sirviendo a los agentes de las CEBs con su reflexión crítica de la práctica humana y eclesial a la luz de la práctica de Jesús y de las exigencias de la fe. Servicio teológico aplicado en reuniones de barrios, ranchos y colonias, en encuentros, talleres y cursos, en publicaciones de folletos, revistas y libros. Son ejemplares publicaciones suyas “Iglesia, pueblo de Dios en marcha” del año 1988, “Las CEBs, semilla y fruto de nueva evangelización” del año 1991, “Haciendo camino al andar” del año 1992. Y en este año, el pasado mes de febrero, el P. José Sánchez logra la publicación del libro que viene a ser una especie de síntesis teológica sobre la dimensión alcanzada por las experiencias de las CEBs en la época contemporánea: “La Comunidad Eclesial de Base en un mundo globalizado”, y es la obra que aquí estamos presentando. Lo novedoso es que el P. José Sánchez, como militante y testigo cualificado del largo proceso de CEBs regional, nacional y latinoamericano, nos demuestra en su obra que ellas -las CEBs- no solo han resistido al denominado invierno eclesial por más de una década y media, sino que ahora son auténticas hogueras a donde se siguen acercando los pobres para encender su luz personal y poder seguir andando, y a donde ellos mismos regresan a recuperar el calor cuando su mecha anda humeante. Abajo, tras la cortina de cenizas de la iglesia en general, en la actualidad ya no hay brazas sino hogueras de CEBs, pero como la mayoría andamos mirando hacia arriba pues ni siquiera las vemos ni les hacemos caso. El archipiélago de CEBs, los fogones u hogueras de vida comunitaria han avanzado aun más en el reconocimiento de que no son un movimiento o instrumento de la iglesia, sino que son la misma iglesia con “una forma nueva y original de vivir la fe cristiana, de organizarse la comunidad alrededor de la Palabra, los sacramentos y de los nuevos ministerios ejercidos por laicos” y que son “la iglesia naciendo de la fe de los pobres” (Leonardo Boff). Que frente, al lado y entre, las otras maneras de vivir y comprender tanto la iglesia como sus misión, las CEBs ahora resisten, conforman e impulsan un nuevo rostro y estructura, un nuevo modelo de iglesia al que invitan y buscan convencer a las gentes de su entorno, a los religiosos y religiosas, y a más ministros ordenados. Y que, ante las antiquísimas estructuras tanto parroquial como diocesano, legítimamente la CEBs están conformando ya el original y originante nivel comunitario de base. Original y originante, porque antes de los niveles conformados por la parroquia y la diócesis, en los orígenes de las primeras comunidades cristianas (hasta mediados del año 300 d.C.), los creyentes vivían comunitariamente en la base de la estructura social romana y en relación también con un archipiélago de comunidades cristianas. En su libro, el P. José Sánchez describe y analiza ese periodo, presentando así un limpio espejo donde se pueden mirar las CEBs actuales: en aquellos tiempos se nombraban “iglesia en la casa”, con plena conciencia de pertenecer a un “pueblo universal” y que, teológicamente, se concebían como la “casa de Dios”. Con toda razón el P. José Sánchez concluye que la iglesia en comunión, por medio de la profunda y extendida experiencia de CEBs actuales, “revive el modelo” y “reinicia el nivel” de las iglesias domésticas primitivas. Así viene a ponerse en claro –en lenguaje teológico- que las CEBs son un don de Dios y representan la fuerza del Espíritu en la región, el país y el mundo. Y que son una oferta de fe y organización para que sea asumida por las clases bajas, por los que hagan opción por ellos, y por todos los que reconocen que no basta con que la iglesia exista, sino que debe ser actualizada siempre de nuevo. Y que mientras sostenga los rasgos de servicio a todo el que sufre cualquier opresión, comunión que siempre crea algo nuevo y misión que busca unir riachuelos para juntar el caudal poderoso –inspirados por la Palabra y la Celebración-, las CEBs representarán una alternativa, junto con muchas otras, de participación y comunión en medio de la excluyente y opresiva sociedad neoliberalizada. Al fin y al cabo las mismas CEBs trasmiten ya las siguientes enseñanzas escritas en un folleto de la editorial Dabar (México 1992): “Cuando nos reunimos siempre creamos algo nuevo”, “Si podas un árbol no lo debilitas, al contrario, lo fortaleces”, “De una manera o de otra, no existe Goliat que no caiga del poder” y, por último, “Los constructores de las ciudades, tanto de la ciudad de Dios, como de las ciudades de los hombres, siempre viven en la periferia”. Y solo los que abandonen su estrado y altura, los que dejen el centro, los que arrojen lejos las actitudes de desprecio y opresión, serán sus aliados, sus amigos y compañeros en ese emocionante sueño y acción eclesial. Sabiendo con Mons. Leonídas Proaño, quien fuera uno de los incansables animadores de CEBs, que el “éxito está en saber empezar de nuevo”, y que “se necesita constancia, se necesita tener en el corazón un gran anhelo”.
criado por suplementolajirafa
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