La Jirafa

Un suplemento cultural que se publica todos los sábados en las páginas del Diario de Zapotlán, realizado por personas de la región sur de Jalisco, aunque con colaboraciones de cualquier parte del mundo.

Julio 17, 2009

Pellicer ve el mundo con otros ojos

 

Saray Hernández
 
Al hablar de la poesía de Carlos Pellicer se recobra la humanidad, la sorpresa niña ante el esplendor del mundo, la alegría de estar vivo. Su obra es considerada la más bella y diversa entre las más altas de la lengua castellana debido a que su poesía es ardiente, brotada de la vida y el dialogo del hombre con el mundo.
 
Villaherrmosa es su ciudad natal, lugar de selvas y ríos; donde la poesía lo preside todo y las piedras ancestrales recuperan la existencia. Pellicer estudió en la Ciudad de México y a los 15 años, en 1914, declamaba a sus compañeros de estudio sus propios versos.
 
Se le considera uno de los más destacados del grupo de los Contemporáneos, y el poeta más andariego de su generación, sus pasos han cruzado por muchas ciudades y selvas desde el Cairo, Ámsterdam, Jerusalén, Atenas, Roma, Rio de Janeiro, Mérida, Luxor, Grijalva, Amazonas, Bogotá entre otros sitios.
 
Fue profesor de Literatura e Historia en la Escuela Secundaria Nº 4 y catedrático de poesía moderna en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
 
Su amor a los testimonios de la cultura precortesiana lo llevo a organizar museos entre los que destacan: el Parque Museo de La Venta, centro de cultura olmeca situado en Villahermosa que inauguró en 1958, la Casa-Museo Frida Kahlo en Coyoacán, ciudad de México, que inauguró en 1964, y el Anahuacalli de arte prehispánico, edificio y colección que fue donada al pueblo mexicano por Diego Rivera y que Pellicer fundó también en 1964.
 
Entre sus libros se encuentran: Colores en el mar y otros poemas, Hora y 20, Camino, Hora de junio, Recinto y otras imágenes, Subordinaciones y Práctica de vuelo. En 1953 fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y en 1964 se le concedió el Premio Nacional de Literatura.
 
En su obra encontramos calor, aroma, textura, presencia cálida de los seres y del paisaje. Sol, mar, flor y fruto del continente americano irrumpen en su poesía con un vigor optimista y luminoso que lo afirma en la herencia de la literatura mexicana.
 
 
 
Práctica de vuelo
 
Práctica en vuelo está considerada una entre las obras más valiosas de la literatura mexicana del siglo XX. Dolorosos, fraternales, suplicantes y cotidianos son los sonetos que se reúnen en esta una obra de plena madurez. Práctica de vuelo destaca en la vasta y deslumbrante obra del poeta como un verdadero libro sapiencial. Es un canto de vida, más místico que piadoso, pero rebelde y tiene por virtud que sus sonetos tocan algunas de las notas profundas y conmovedoras de Muerte sin fin de José Gorostiza.
Luis Guillermo Gutiérrez afirma que “Práctica de vuelo está enmarcado por la concentración en el yo poético que envuelve a todo el texto; en el yo espiritual manifestado en la angustia, el anhelo, la oración suplicante, el diálogo y la confesión ante un Dios humano y omnipotente. No estamos frente a poemas de un devoto ingenuo, se trata de la poesía hecha por un gran poeta católico a quien lo sustenta un conocimiento sólido de la cultura cristiana, de ahí que a lo largo del poemario la abundancia de los símbolos sea una de las grandes riquezas del sonetario.”
 
 
TRES POEMAS DE CARLOS PELLICER
 
Haz que tenga piedad de ti, dios mío      
         
Haz que tenga piedad de Ti, Dios mío,
huérfano de mi amor, callas y esperas.
En cautas y andrajosas primaveras
me viste arder buscando un atavío.

Vuelve donde a las rosas el rocío
conduce al festival de sus vidrieras.
Llaga que en tu costado reverberas,
no tiene en mí ni un leve escalofrío.

Del bosque entero harás carpintería,
que yo estaré impasible a tus labores
encerrado en mi cruenta alfarería.

El grano busca en otro sembradío.
Yo no tengo que darte, ni unas flores.
Haz que tenga piedad de Ti, Dios mío.

 
En una de esas tardes

En una de esas tardes
sin más pintura que la de mis ojos,
te desnudé
y el viaje de mis manos y mis labios
llenó todo tu cuerpo de rocío.

Aquel mundo amanecido por la tarde,
con tantos episodios sin historias,
fue silenciosamente abanderado
y seguido por pueblos de ansiedades.

Entre tu ombligo y sus alrededores
sonreían los ojos de mis labios
y tu cadera,
esfera en dos mitades,
alegró los momentos de agonía
en que mi vida huyó para tu vida.

Estamos tan presentes,
que el pasado no cuenta sin ser visto.
No somos lo escondido;
en el torrente de la vida estamos.

Tu cuerpo es lo desnudo que hay en mí
toda el agua que va rumbo a tus cántaros.
Tu nombre, tu alegría…
Nadie lo sabe;
ni tú misma a solas.

 
Horas de junio

Vuelvo a ti, soledad, agua vacía,
agua de mis imágenes, tan muerta,
nube de mis palabras, tan desierta,
noche de la indecible poesía.

Por ti la misma sangre —tuya y mía—
corre al alma de nadie siempre abierta.
Por ti la angustia es sombra de la puerta
que no se abre de noche ni de día.

Sigo la infancia en tu prisión, y el juego
que alterna muertes y resurrecciones
de una imagen a otra vive ciego.

Claman el viento, el sol y el mar del viaje.
Yo devoro mis propios corazones
y juego con los ojos del paisaje.

Junio me dio la voz, la silenciosa
música de callar un sentimiento.
Junio se lleva ahora como el viento
la esperanza más dulce y espaciosa.

Yo saqué de mi voz la limpia rosa,
única rosa eterna del momento.
No la tomó el amor, la llevó el viento
y el alma inútilmente fue gozosa.

Al año de morir todos los días
los frutos de mi voz dijeron tanto
y tan calladamente, que unos días

vivieron a la sombra de aquel canto.
(Aquí la voz se quiebra y el espanto
de tanta soledad llena los días).

Hoy hace un año, Junio, que nos viste,
desconocidos, juntos, un instante.
Llévame a ese momento de diamante
que tú en un año has vuelto perla triste.

Álzame hasta la nube que ya existe,
líbrame de las nubes, adelante.
Haz que la nube sea el buen instante
que hoy cumple un año, Junio, que me diste.

Yo pasaré la noche junto al cielo
para escoger la nube, la primera
nube que salga del sueño, del cielo,

del mar, del pensamiento, de la hora,
de la única hora que me espera.
¡Nube de mis palabras, protectora!

 
criado por suplementolajirafa    6:18 pm — Categoría: Reseñas...

1 Comentario »

  1. Comentario by Salvador Manzano Anaya — Julio 18, 2009 @ 10:52 am

    Cierto, una de las caracteristicas (de muchas) que me fascina de Pellicer, es la forma en que demuestra su amplio dominio del conocimiento de la Selva, de la naturaleza salvaje de su tierra y de todo el sureste del país, de los animales, los depredadores, las aves tropicales, las flores en fin…conoce perfectamente la naturaleza y la plasma en su obra magistralmente.

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