8/8/09
Los compadres
Fernando G. Castolo
—¡No grites! Te pueden oír…
En la penumbra de un bosquecillo, a las orillas de la ciudad, Marcos y Joel estaban expectantes por los gemidos que salían de entre las sombras. Las yerbas semisecas de la primavera, crujían sin cesar, mientras un par de siluetas se acariciaban en aquella cálida noche.
—¡Que te calles! Te estoy diciendo…
Los jóvenes estaban por allí aprovechando la soledad del lugar para tomar unas cervezas y fumar algunos cigarrillos, observaban detenidamente la escena tratando de identificar al par de enamorados.
—Vamos acercándonos un poco más ¡schhhh!…
La noche era tan cerrada que era imposible saber de quienes se trataba; sin embargo, ya alcanzaban a escuchar sus voces. Ambas eran varoniles. Uno era el papá de Marcos y el otro el de Joel, que eran compadres.
—¡Chaleeeee!…
De repente, una luz incandescente se hizo presente. Los jóvenes gritaron y se echaron al suelo. En un instante el paisaje cambió su fisonomía. Ahora dos enormes monolitos dominaban aquella geografía. Marcos y Joel corrieron desesperados hasta sus respectivas casas, donde dieron cuenta de lo ocurrido: sus padres se habían convertido en piedra.
criado por suplementolajirafa
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