La Jirafa

Un suplemento cultural que se publica todos los sábados en las páginas del Diario de Zapotlán, realizado por personas de la región sur de Jalisco, aunque con colaboraciones de cualquier parte del mundo.

Octubre 22, 2009

La educación transformadora del arte

 

 Fernando G. Castolo
 
Nuevamente el pintor y escultor Javier Silva Sánchez, nos mantiene absortos en la contemplación de una más de sus monumentales obras que se une al patrimonio cultural de nuestra comunidad, embelleciendo las instalaciones de esta Universidad Pedagógica Nacional; otorgándole un sentido de pertenencia e identidad, de dignificación y significación de los espacios que enarbolan este recinto educativo.
Hombre independiente en su arte y en su vida, Javier Silva, es un incansable creador; además de su numerosa obra pictórica dispersa en varias localidades de México y el extranjero, posee una importante obra escultórica; sin faltar, por supuesto, los múltiples tableros donde logra fusionar ambas pasiones, como la que nos ocupa.
 

                 (Foto: Milton Iván Peralta)
 
Es extraño el destino que ha querido sustraer la obra de Javier Silva, en las categorías más usuales empleadas, para someter el arte moderno o contemporáneo a las clasificaciones que se emplean, para poder poner una forma de arte, dentro de los esquemas más generales que permiten identificarlo de inmediato con las tendencias acostumbradas, y más fáciles de percibir dentro de un sistema crítico, tal vez demasiado inmediato. Es, sin embargo, un artista único, cuando menos en este espacio y tiempo.
Nuestro creador zapotlense nos somete a un escrupuloso paisaje donde conviven una serie de símbolos, de elementos esenciales que nos hablan, más que de pedagogía, de la educación misma; de ese ambiente al que solamente accedan las mentes precursoras y transformadoras de una sociedad cambiante, revolucionaria y evolucionaría.
            En “Educar para transformar”, nombre que ostenta la obra, el maestro concibió a este hombre-titán que se yergue altivo y dominante; este hombre que representa la raíz misma de lo que somos; nuestra presencia prehispánica; sólida, perceptible, respetable, ignomiable. De su boca, una nube de aliento que representa la palabra, que se vuelve aún más poderosa emanando de esta figura gigantesca, tosca y abrumadora. Su brazo extendido, ofrece el conocimiento; su mano apoyada en la punta de la pirámide, que a su vez representa nuestra civilización, es el centro del universo; esparce su conocimiento como una gran espiral, como una sección aurea, que llega a todos los rincones; y de su misma mano, cae el agua de la sabiduría, en pequeñas gotas que se diseminan por el fértil suelo de este universo.
Al pie de esta gran pirámide, un grupo de indígenas escucha atento la enseñanza de la palabra escrita. Puesto que fuimos los conquistados, tuvimos que asimiliar el bagaje cultural de la nación que llegó a conquistar, entre otras la escritura, responsabilidad que en la región recayó en primera instancia en los frailes franciscanos, personas preparadas que nos instruyeron de un conocimiento que nos era novedoso, con las respectivas consecuencias ya por todos conocidas.
En esta parte del tablero, Javier Silva, utiliza de manera velada los cuatro elementos de los alquimistas: la gran espiral simboliza el viento; las gotas de sabiduría el agua; la pirámide es la tierra; y, el símbolo de la palabra es el fuego.
Un segundo gran tablero está dedicado a la patria que, como una madre, está representada en una dimensión similar al indígena del primer tablero, procurando que la obra en su conjunto adquiera un equilibrio y una estabilidad visual. De ella emana una gran bandera nacional, cuyos pliegues representan a cada uno de los planes educativos implementados en diversos años: 1975, 1979, 1985, 1990, 1994 y 2001. El centro de este tablero es dominado por otro gran brazo que se desplaza sobre la superficie, en cuya mano se sustenta un libro abierto, alegoría de la palabra escrita a través del cual asimilamos el conocimiento.
Del centro de este libro hacia abajo se disparan dos halos luminosos, uno representa la investigación y el otro la docencia. Del mismo vértice se disparan cinco rayos más hacia arriba que representan las licenciaturas impartidas en este centro de estudios: Administración Educativa, Pedagogía, Psicología Educativa, Sociología en Educación y Educación Indígena.
La mano que sostiene el libro abierto, por la forma en que se encuentra diseñada, veladamente nos ofrece otro símbolo más: el de la psique, disciplina sin la cual no se podrían comprender los diversos comportamientos del ser humano y, por consecuencia, no se podría orientar una buena pedagogía en la asimilación del multimencionado conocimiento. Un sol o escudo de fuego complementa este tablero, símbolo de la vida, elemento que nos habla de un magisterio vivo, como viva y constante es la enseñanza y el aprendizaje.
Finalmente, al centro, y en la parte superior, se eleva gallarda la figura monumental del maestro, hombre universal en torno al cual todo se concibe. Y en la parte inferior, de este mismo centro, una cornisa sostiene tres símbolos de la palabra; pero son tres símbolos que se incendian, cada uno con diez llamas que sobresalen como ezcamas, que representan los treinta años que conmemora esta unidad educativa de haber sido creada, motivo que nos reúne hoy aquí y que se ha querido enarbolar con la inauguración esta magna obra.
            Ésta representa para Silva la más completa de sus creaciones. Javier Silva cada vez se vuelve más crítico y analítico; se sustrae en simbolismos; elabora sencillos conceptos y los pone en lugares precisos, sin rodeos. Su obra es simple, pero no en el vulgar entendimiento, sino en lo objetivo, dejando que la obra elabore su propio diálogo con la comunidad que logre apreciarla.
            Silva es producto de una generación espotánea que ha sabido impegnar un sello muy peculiar a todo lo que crea. Su actividad nata así lo revela. Es por ello que la Universidad Pedagógica Nacional debe de sentirse orgullosa de contar entre su patrimonio cultural, con una obra de la magnitud como la que nos ocupa, porque más allá de “Educar para transformar”, Silva supo impregnar una educación transformadora a través de su arte. ¡Enhorabuena!
 
(Este texto fue leído en la inauguración del mural "Educar para transformar", de Javier Silva Sánchez, ubicado en las instalaciones de la UPN, efectuado el próximo pasado viernes 16 de octubre del año en curso).

 

criado por suplementolajirafa    7:18 pm — Categoría: La Jirafa

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