La Jirafa

Un suplemento cultural que se publica todos los sábados en las páginas del Diario de Zapotlán, realizado por personas de la región sur de Jalisco, aunque con colaboraciones de cualquier parte del mundo.

Octubre 30, 2009

El lenguaje y los pueblos

 

 
Lizeth Sevilla
 
 
Existen muchos parámetros que nos diferencian entre pueblos. Uno de ellos y me atrevo a juzgar, el más importante es el lenguaje. Desde nuestras fronteras, el significado que le damos a las cosas, los rituales que llevamos a cabo, la educación que ejercemos, las comidas que degustamos, la política que nos hace valer o menospreciarnos tiene que ver con el lenguaje.
 
Y también en el lenguaje encerramos nuestros miedos y los modos en que nos castramos, gracias a ello, creamos las fronteras que nos ayudan a trascender y que nos hacen elitistas y a veces malinchistas. Cada pueblo originario habla su propia lengua, llama a las cosas por sus propios nombres. Y es que el lenguaje es mucho más que una técnica de comunicación; tiene que ver con una filosofía que rige la relación que establecemos con la realidad.
 
En perspectiva, con el tiempo y las nuevas generaciones se han hecho modificaciones al modo en que nos comunicamos, pero incluso en el lenguaje, establecemos tácitamente nuestras necesidades. A estas alturas, a modo de ejemplo, se nos presenta alguna dificultad o alguna decisión importante que tomar y recurrimos prontamente al psicólogo, pagamos grandes cantidades de dinero para que se lleve a cabo bajo términos de calidad un parto, nuestros funcionarios gastan aproximadamente 1500 pesos diarios en comidas y lo permitimos, nos hemos quedado ciegos y por lo tanto mudos ante un descomunal abismo de nuevos significados que sin duda seguirán presentándose, pero aquí se apela a nuestra capacidad de análisis. Las fronteras son grandes en el mismo estado, en una misma ciudad, de una colonia a otra.
 
Una mujer perteneciente a una etnia, que preserva su dialecto y lo respeta celosamente, no paga 20 mil pesos por dar a luz a una criatura, sino que se va al monte o se auxilia de mujeres mayores, en otras trincheras, un individuo al cual se le presenta alguna dificultad hace uso del sentido común para tratar de encontrar soluciones.
No existe en ninguna lengua indígena el registro de las palabras yo o mío, en pocas palabras, la propiedad privada en otros terruños cercanos a nuestra realidad es asunto del viento y de nuestros fantasmas. En nuestro contexto modernista, creamos derechos para tener que violarnos como seres humanos y menospreciamos a los que se presentan ante nuestros ojos con un modo de vida diferente, creativa y que respeta las raíces.
 
Resulta cómico contarnos la anécdota de aquél investigador que llega a una comunidad indígena atiborrado de técnicas para saber cómo encajar y cómo estudiar a “esa gente” y entonces el investigador dice: Pobres gentes, pobres indígenas… y ellos, que lo miran también diferentes dijeron: Pobre occidental, otro que viene a sacarnos los secretos para ganar dinero a nuestra costa.
 
Y mientras nosotros sucumbimos en nuestra lengua y degradamos significados y evitamos nuestras raíces los Pueblos Indígenas han sido los "grandes ausentes" en la constitución de las sociedades modernas; aunque numerosos, son minoritarios en la atribución social del poder de decisión y control.
 
Octavio Paz decía en el Laberinto de la Soledad que "En todas sus dimensiones, de frente y de perfil, en su pasado y en su presente, el mexicano resulta un ser cargado de tradición que, acaso sin darse cuenta, actúa obedeciendo a la voz de la raza…"
 
criado por suplementolajirafa    12:20 pm — Categoría: La Jirafa

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