La Jirafa

Un suplemento cultural que se publica todos los sábados en las páginas del Diario de Zapotlán, realizado por personas de la región sur de Jalisco, aunque con colaboraciones de cualquier parte del mundo.

Octubre 22, 2009

De Chilpancingo a Apatzingán

 

Eduardo Etchart
 
 
El título sería el de un  recorrido geográfico, pero queremos hacer un recuerdo histórico a 195 años del esfuerzo político más importante de José María Morelos, basta decir que este importante general de nuestra Historia reunió a un grupo de abogados, periodistas y estudiantes de teología que se habían incorporado a sus ideales libertarios a partir de 1811, y en Chilpancingo hizo que su secretario Juan Nepomuceno Rosains les leyera un documento de su creación, “Los Sentimientos de la Nación” el 14 de septiembre de 1813. Desde el curioso título de ese escrito se despertó el interés de los presentes y al término de la lectura se les nombró a varios de ellos congresistas, es decir diputados que representarían las intendencias tomadas por los insurgentes o de importancia para ellos.
 
 Así a partir de ese día empezaron a reunirse para formular una Constitución. Fácil es decirlo, pero había que conciliar ideas, intercambiar puntos de vista; huir de la presión de los realistas, sus implacables enemigos y buscar protección en los lugares hacia los que marchaban para protegerse y poder sesionar. (Deben de ser unos cuatrocientos kilómetros a caballo).
 
Los personajes en los cuales recae la trascendencia de la elaboración de este Decreto son de sobra conocidos, pero  mencionaremos a la mayoría como homenaje a su extraordinario esfuerzo. Y son: Carlos María de Bustamante, José María Cos, José María Murguía, José Sixto Verdusco, José María Liceaga, Andrés Quintana Roo,  Ignacio López Rayón y obviamente José María Morelos.
 
El Decreto Constitucional para la América Mexicana, que es su nombre oficial, quedó terminado el 22 de octubre de 1814 en Apatzingán, Michoacán. Es nuestra primera Constitución y está conformada en 242 artículos.
 
 Lo lamentable es que como la guerra de Independencia continuaba no se podía establecer el gobierno que se  pretendía. Se sugería que éste lo formaran tres individuos, se indicaba también que la religión católica sería la única en todo el territorio, que por ley se pretendía lograr la felicidad de los ciudadanos, que si algún extranjero estaba dentro del país, para continuar en él tenía que profesar la religión católica. Esta Carta Magna venía a ser un resumen de pensamientos de Miguel Hidalgo, de Ignacio López Rayón y del propio Morelos.
 
Éste, fiel al principio que había escrito en su “Sentimientos de la Nación” de que “toda buena ley era superior al hombre”, a partir de ese momento protegerá con más ahínco al Congreso, ya no se separará de ellos y peregrinará protegiéndolos hasta brindar su propia muerte para que no les pasara nada; pero ni ese gran sacrificio hizo que la Constitución se estableciera, pasarán diez años en nuestra Historia y éste gran documento será cambiado por otro, olvidándose del Decreto y de todo el esfuerzo que implicó para los diputados que con mil peripecias recorrieron de Chilpancingo a Apatzingán.  
criado por suplementolajirafa    6:22 pm — Categoría: Escribamos de historia

Octubre 8, 2009

La Catedral de San José: un monumento con historia

Fernando G. Castolo,

Cronista de Ciudad Guzmán

 

 

Bajo los mismos cánones arquitectónicos de la Catedral Metropolitana de Guadalajara, fue construido nuestro hermoso alcázar josefino, inspirado en los cortes neoclásicos y neogóticos del más importante monumento de los católicos en el occidente mexicano.

 

            Ante la imperiosa urgencia de contar con un edificio que albergara las necesidades litúrgicas de la comunidad católica zapotlense, se iniciaron los trabajos de edificación el 27 de mayo de 1866, al tiempo en que el bachiller don Antonio Zúñiga Ibarra depositara la primera piedra en lo que fue el atrio cementerio del primitivo convento franciscano de Santa María de la Asunción.

 

            Esta urgencia respondía al creciente número de habitantes que la ciudad experimentó en la segunda mitad del siglo XIX y, por consiguiente, el hecho de contar con un espacio que diera cabida a los mismos, para llevar a cabo los diversos ritos de la liturgia romana.

 

            Es necesario recordar que la antigua parroquia, hoy conocida como El Sagrario, cayó de manera irremediable en el fuerte sismo que azotó a la población el 25 de marzo de 1806, dejando sepultado bajo los escombros a dos mil personas, según se acota en el documento de ratificación del juramento a San José.

            Posteriormente, el culto religioso pasó a la pequeña capilla de la Orden Tercera Franciscana, misma que por sus diminutas dimensiones fue necesario ampliarla, realizándose de esa manera una capilla anexa que popularmente le conocemos como “del Nazareno”; es por ello que este templo de la Tercera Orden cuenta con dos espacios que, arquitectónicamente hablando, responden a diferentes criterios estilísticos por haber sido concebidos en diferentes épocas.

 

            Entonces los principales vecinos de la ciudad, procuran conseguir un espacio de suficientes dimensiones como para poder construir en definitiva un gran templo, santuario y casa del patriarca José. Es en febrero de 1863 cuando el terreno donde funcionaban unas canchas deportivas le es entregado a la comunidad, por parte del gobierno federal, a fin de concebir la magnánima obra.

 

            Con parte de la cantera del antiguo templo parroquial caído en 1806, se inician los cimientos y el levantameinto de los gruesos muros de lo que será el nuevo templo parroquial, al tiempo en que era reconstruido, reduciendo sus dimensiones espaciales, El Sagrario.

 

            Por esa época era muy común escuchar los repetidos sucesos y enfrentamientos entre liberales y conservadores. Como parte de estos hechos fue saqueado e incendiado el convento dominico de Guadalajara, que se emplazaba sobre la avenida Alcalde. Los dominicos, por supuesto, ante esta ola de inseguridad abandonaron la capital jalisciense. Su convento en ruinas fue desmantelado y constuido en su lugar el templo de San José de Gracia, ubicado en el mismo lugar donde estuvo el convento. Otra parte de esa cantera se trajo a Ciudad Guzmán para continuar con los trabajos de construcción del nuevo templo parroquial; mientras que el portón prinicipal del convento se le instaló al viejo templo parroquial de la ciudad, El Sagrario, que hasta la fecha conserva.

 

            Otra importante aportación de cantera de los muros y techos del alcázar zapotlense proviene de las minas del cercano pueblo de San Andrés Ixtlán.

 

            Durante el proceso de construcción del templo parroquial fueron muchos los peones y albañiles que perdieron la vida. Era escasa la seguridad de la cual se proveían los trabajadores a fin de garantizar su integridad física mientras se desplazaban a lo ancho y largo de la descomunal edificación.

            Cuando don Silviano Carrillo llega a regentear la mitra local, al templo únicamente le hacían falta las bóvedas, mismas que dejó concluidas cuatro años después, apresurando de esa manera los trabajos a fin de dejar terminado el hermoso santuario.       

 

 

                           

 

    Fue el ingeniero tapatío Domingo Torres quien supervisó los trabajos de construcción en los últimos años.

            Sin embargo, parecía que la madre naturaleza pondría suficientes obstáculos a fin de que el sueño del cura Carrillo no se concluyera. En enero de 1900 un sismo sacude al valle, agrietando significativamente las bóvedas del templo josefino. Esto, obviamente que mortificó sobremanera al sacerdote pero no lo desanimó. Finalmente, la solemnísima ceremonia de inauguración se llevó a cabo el 8 de octubre de 1900, con la presencia de las principales autoridades eclesiásticas de Guadalajara y la región, poniéndo con ello en servicio del culto público una obra monumental en la que se invirtieron 34 años y muchas vidas humanas.

 

            Este templo parroquial, por sus magníficas dimensiones y exquisita arquitectura, y por haber sido inspirado en el más importante edificio católico de la región, desde un inicio fue conocido con el mote de “Catedral”, categoría que finalmente alcanzó en el año de 1972, al tiempo en que se eleva al rango de Diócesis la mitra local.

 

            La Santa Iglesia Catedral de Ciudad Guzmán, resguarda en sus entrañas los tesoros y símbolos más emblemáticos de la comunidad católica de la región sur de Jalisco. Tallas escultóricas y pinturas de gran relevancia histórica; vitrales y candiles de finos acabados; pero, sobretodo, es el monumento que resguarda la fragilidad y desnudez de un pueblo que encuentra en él su fortaleza “En hambre, peste, temblores, / guerra, inundación, sequía…”

 

 

 

criado por suplementolajirafa    11:03 am — Categoría: Escribamos de historia

Octubre 7, 2009

Celebración del natalicio de Gordiano Guzmán

 

Este 3 de octubre se llevó a cabo la celebración de los 220 años del natalicio del General en Grado Heroico Gordiano Guzmán, nacido en San Francisco municipio de Tamazula.
Ante la imagen de Gordiano Guzmán al pie del asta de la bandera monumental, la Telesecundaria Guadalupe Zuno, la Sec. Gordiano Guzmán y autoridades municipales, le rindieron homenaje a este distinguido jalisciense, reconociendo su ardua labor a favor de la independencia desde su trinchera en nuestro Estado.
 
En el acto cívico fue leída la biografía de Gordiano Guzmán así como recitada una poesía en su honor, además de que el Cronista Municipal Adrián Gil Pérez dirigió unas palabras a quien ha dado nombre a Zapotlán el Grande y a Tamazula.

 

criado por suplementolajirafa    4:17 pm — Categoría: Escribamos de historia

Ocho décadas de La sombra del caudillo

 

Milton Iván Peralta

Ayer se celebró el natalicio del escritor mexicano Martín Luis Guzmán, que nació un 6 de octubre de 1887. Pero se siguen de manteles largos, ya que en noviembre su novela  "La sombra del caudillo", cumplirá ocho décadas de haber sido publicada.
 
LA RESEÑA
 
     En la novela de “La sombra del caudillo” aparece el personaje Francisco Serrano, un general veterano de la Revolución, rival de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, cabeza de un movimiento que se opone a la reelección y que pagó su disidencia con una ejecución sumaria e ilegal.
 
    Reconocido por su actividad política y literaria, el escritor Martín Luis Guzmán dejó al mundo de las letras un importante legado, en el que sobresalen las novelas "La sombra del caudillo" y "El águila y la serpiente".
 
   Para muchos, Martín Luis Guzmán, es de los pilares para que décadas después llamaran la “no fiction”, que fue inaugurado y por esa razón le llaman el fundador a Truman Capote, con su novela “A sangre fría”.
 
PARTE DE SU VIDA
 
   Martín Luis Guzmán comenzó a explorar cuentos infantiles, obras de los autores románticos y todo tipo de textos literarios, de modo que al entrar a la adolescencia la visión de la vida para el futuro escritor era muy diferente a la religiosa.
A los 14 años editó su primer periódico, "La Juventud".
 
   En 1908 comenzó a trabajar en la redacción del periódico "El Imparcial" e ingresó a la Escuela Nacional de Jurisprudencia; sin embargo, sus estudios de derecho fueron interrumpidos al ser designado representante en el Consulado de Phoenix, Arizona.
 
   Al estallar la Revolución Mexicana, en 1910, el padre del escritor combatió al lado del ejército federal, en una de las batallas fue herido y antes de morir le indicó a su hijo el sendero político que debía seguir.
 
   Tras este hecho, Guzmán se unió al Maderismo y participó de manera activa en varias manifestaciones que exigían la renuncia de Porfirio Díaz.
 
   Derrocado Díaz y con Francisco I. Madero en la presidencia, Guzmán trabajó como bibliotecario en la Escuela Nacional de Altos Estudios.
 
   En 1913 obtuvo el título de abogado en la Escuela Nacional de Jurisprudencia. En febrero de ese mismo es asesinado Francisco I. Madero.
 
   Ante estos acontecimientos, Martín Luis Guzmán se vio forzado a huir al norte del país para, en noviembre de 1913, unirse a los carrancistas y luego pasó a las fuerzas del general Francisco Villa, de quien fue su asesor político.
 
   Con la derrota de Huerta y la división que surgió entre los jefes revolucionarios, Guzmán tuvo el encargo de entrevistarse con Venustiano Carranza en la Ciudad de México, pero en dicha ciudad fue hecho prisionero en septiembre de 1914.
 
   La inestabilidad política de México lo obligó al exilio en España, donde publicó su primer libro, titulado "La querella de México", en 1915, y también colaboró en varios diarios españoles.
 
   Posteriormente viajó a Estados Unidos, donde escribió sus segundo libro, "A orillas del Hudson", en 1920, año en el que regresó a México y se encargó de la sección editorial del periódico "El Heraldo".
 
   Durante esa etapa, Martín Luis Guzmán se entusiasmó con el periodismo y en 1922 fundó el diario vespertino "El Mundo". Por esos años es electo diputado federal del Partido Nacional Cooperativista.
 
   Debido a la inestabilidad política del país, el escritor decidió partir de nuevo a España en 1925 para regresar hasta 1936, poco antes de que estallara la Guerra Civil Española.
 
  En la Madre Patria publicó "El águila y la serpiente" (1928), "La sombra del caudillo" (1929), "Aventuras democráticas" (1931) y "Mina el mozo, héroe de Navarra" (1932), entre otras.
 
   Guzmán adoptó la nacionalidad española y ocupó la dirección de los diarios españoles "El Sol" y "La Voz".
 
   Ya de regreso en México, en 1936 editó su libro "Memorias de Pancho Villa" y seis años después fundó, junto con Rafael Jiménez Siles, la empresa editora Ediapsa.
En 1958 recibió el Premio Nacional de Literatura y un año después fue nombrado presidente de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, cargo que ejerció de manera vitalicia. También es autor de "Febrero de 1913", "Islas Marías" y "Mi destierro", entre otros.
 
   Tras una vasta trayectoria en la literatura y en la política, Martín Luis Guzmán falleció el 22 de diciembre de 1976, en la Ciudad de México, a los 89 años de edad.
 
   Ahora con el centenario de la revolución, no esta de más voltear a ver la obra de Martín Luis Guzmán, para entender, desde otra perspectiva, la revolución mexicana. También es recomendable la lectura de “Los de abajo” de Mariano Azuela.
criado por suplementolajirafa    10:47 am — Categoría: Escribamos de historia

Septiembre 30, 2009

Después de nacer hay que creer en uno mismo

 

Eduardo Etchart
 
 
El 30 de septiembre de 1765 nació en el zaguán de una casa  de Valladolid, quien con los años logró por sus actos se le cambiará el nombre a la ciudad, porque entre otras cosas, supo darle a su vida la proyección con todo el esplendor que su capacidad le permitió.
 
Nos referimos a José María Morelos y Pavón, un hombre que tuvo un nacimiento singular: Resulta que su madre Juana Pavón al entrar a trabajar en la casa en que ofrecía sus servicios domésticos, sintió que su bebé iba a nacer, y en el zaguán dio a luz. Este niño tuvo un padre irresponsable de sus obligaciones; la salida que encontró a la situación de mantener a una familia fue abandonarla, e irse con su hijo mayor de nombre Manuel. Por lo tanto el niño José María se quedó con su mamá al igual que su hermana menor Antonia, sin mayor apoyo que su propio esfuerzo.
 
A los doce años José María tuvo que enfrentarse a la realidad del momento que se vive, y más quienes sólo tienen el diario sustento o menos para sobrevivir. Algunos biógrafos dicen que se fue con un tío y le ayudaba en cuestiones de arriería, para otros el joven vallisoletano se fue a un rancho en la tierra caliente michoacana para ganarse la vida como labrador. El hecho es que ayudaba económicamente a su madre y hermana, a las que nunca les faltó su apoyo moral (y repetimos económico).
 
A los 25 años decide estudiar el sacerdocio en Valladolid, siete años después ya había logrado todos los requisitos y empezó a ganarse la vida como párroco en Churumuco en tierra caliente, pidiendo a su madre y hermana que se fueran con él. El clima afectó a doña Juana. Por lo que se regresó, muriendo su mamá en el viaje. Así que pidió el cambio a otro curato: el de Carácuaro y de Nocupétaro que tenía un clima más benigno.
 
Llevaba cabo su buena labor eclesiástica, cuando se enteró del inicio de la Guerra de Independencia el 16 de septiembre de 1810, obviamente semanas después. Se acercó a Hidalgo, porque es indudable que lo había conocido en el Colegio de San Nicolás y trató de verlo en Valladolid, llegó tarde, el cura de Dolores había salido de la ciudad, pero en su empeño Morelos lo encontró en un pueblo cercano, Charo y en carruaje fueron platicando hasta Nocupétaro, el trayecto bastó para convencerse que su destino estaba en el momento que se vivía y no en la vida cotidiana del curato.
 
Marchó pues a lo que él mismo llamó comisión del cura Hidalgo, pero desde octubre de 1810 hasta octubre de 1815, esos cinco años fueron actos que él mismo sopesó, calculó, valoró, vivió y enfrentó. Decir poblaciones como Acapulco, Chilpancingo, Chiautla, Taxco, Cuautla, Huajuapan, Tehuacán, Orizaba, Oaxaca, Valladolid, Apatzingán, Temalaca, la ciudad de México y San Cristóbal Ecatepec, es mencionar ciudades o pueblos que fueron testigos de su presencia, de sus acciones, de su determinación, de su firmeza, de su pundonor, de sus virtudes y de sus defectos como humano.
 
Nunca fue la petulancia, la soberbia o la villanía cómplices de sus actos. Podemos decir que creyó en la soberanía del pueblo, en la buena ley y en la libertad. Los más de 400 documentos que existen a la fecha en el Archivo de la Nación o en cualquier otro repositorio de papeles históricos en nuestro país o fuera de él, nos permiten repetir que después de nacer hay que creer en uno.
 
Creo don José María que en el lugar que su alma se encuentre, debe estar orgulloso de que cuando alguien habla de su persona es que supo de su valía. Usted si merece su nombre en una ciudad, un pueblo, una calle, una escuela, un barco, un avión, ya que  si supo darle vida y valor a su existencia.      

 

criado por suplementolajirafa    12:28 pm — Categoría: Escribamos de historia

Septiembre 28, 2009

Tercera etapa de la guerra de independencia

 

José de Jesús Juárez Martín 

 

La muerte de Morelos, marca el fin de II etapa de la Independencia, importantísima. En los Sentimientos de la Nación, La Constitución de Chilpancingo dan los perfiles de la evolución del pensamiento político y de la nueva Patria. Poco a poco las resistencias se iban menguando por falta de caudillos, por agotamiento, pero sobretodo por las políticas virreinales que indultaban a quienes se significaron en la lucha y a los presos se les dejó de fusilar por juicios sumarios.
 
La guerrilla sostenida por Pedro Moreno y apoyada revitalizada por Javier Mina, reviven los intentos del proceso libertario en disminución, sus muertes en 1817, dejan   el único insurgente significativo, don Vicente Guerrero en la Sierra Madre del Sur al unírsele el Padre Ascencio con sus hombres, replegado, pero inquietante al gobierno español, esperan una coyuntura para eliminarlo. Así se llega al inicio del año de 1820.
 
En España hay movilidad política con la sublevación del Coronel Rafael del Riego con el segundo batallón del Regimiento de Asturias, el 1° de enero de 1820 en la provincia de Sevilla como reacción a los atropellos de Fernando VII que desconoció la Constitución de Cádiz en 1814 y el Coronel la proclama con el apoyo que el pueblo brindó a este movimiento.
 
Obligó a Fernando VII el 9 de marzo de 1820 a jurar la Constitución. La noticia del triunfo de los liberales en España se recibió en México el 29 de abril. Durante ese mes y los primeros días de mayo, el virrey Apodaca, el regente de la Audiencia Bataller y los peninsulares Tirado y Matías Monteagudo conspiraron mediante el Plan de la Profesa para impedir el restablecimiento de la Constitución liberal en México. Postulaban que el rey estaba oprimido por los revolucionarios y que la Nueva España debía gobernarse por el virrey, con apoyo en las Leyes de Indias, y con independencia de la metrópoli. La ejecución de estas ideas obligaba a contar con un jefe militar que mereciera su confianza, el cual creyeron encontrar en Agustín de Iturbide.
 
Consumación de la  Independencia
 
La cuarta y última etapa se logró la consumación de independencia, Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, son los principales actores. Tras nueve, diez años de lucha, los criollos, el pueblo y el puñado de insurgentes empezaban a ver perdida la rebelión.
 
En el sur se mantenía vigente la guerrilla de don Vicente Guerrero con un pequeño ejército, ahí se le unió Pedro Ascencio que había combatido cultivando las tierras al mismo tiempo para no carecer de alimento. Ascencio había luchado en la Sierra de Goleta, en esta los accidentes geográficos fueron un aliado para los insurgentes, los realistas no estaban acostumbrados a pelear en esas condiciones.
 
Fernando VII, pretendió mandar a Riego y Quiroga a suprimir las luchas en la Nueva España, pero éstos se levantaron para obligar al monarca a aceptar la Constitución, por lo que éste se vio obligado a jurarla y a convocar a Corte.
Los conspiradores de la Profesa resolvieron entonces proclamar la independencia llamando al poder a un príncipe español. Monteagudo propuso para realizar el plan a Don Agustín de Iturbide, en sustitución de Armijo.
 
Al ver los problemas de los españoles, los insurgentes se alentaron para continuar con la lucha. Iturbide aceptó el Plan de la Profesa, este personaje se encontraba despojado del mando, pero se le devolvieron sus tropas (el regimiento de Celaya) y la caballería de la frontera; quienes al conocer las ideas de su capitán lo aceptaron. Iturbide iba ir hacia el Sur pero se dio cuenta que era difícil ya que Guerrero tenía bien dominada la zona, lo accidentado del lugar favorecía a Guerrero, por lo que opta por negociar.
 
Iturbide decide mandarle una carta a Don Vicente donde le ofrece buenas condiciones, entre ellas se reconocería su grado, su ejército y sus tierra; y que en el caso de no llegar a un acuerdo sería él mismo Iturbide quien intervendría para lograr la independencia. Viendo esto Guerrero, se interesó mucho en que Don Agustín buscara la independencia, así que buscó la forma de entrevistarse con él. Después de largas conversaciones en Acatempan el 10 de febrero de 1821, se llegó al acuerdo en el cual Guerrero quedaba a las órdenes de Iturbide. A este suceso se le conoce como el "Abrazo de Acatempan". Después le siguió la proclamación del Plan de Iguala, donde Iturbide modifica los acuerdos de la Profesa.
 
Iturbide fue apoyado por los españoles, ya que este personaje les informaba que tenía sometidos a los insurgentes, lo que el quería era unir tanto a criollos como españoles, para crear una nación que no estuviera sometida a España.
 
Al principio se pensó en un gobierno monárquico, se pretendía que el soberano, (fuera de la familia de los Borbones) gobernara en forma liberal e independiente. Y por último se establecía que la única religión del pueblo sería la católica.
 
Estas fueron las famosas Tres Garantías: unión (rojo), independencia (verde) y religión (blanco), entendiéndose por la primera la fusión de los americanos y españoles.
Con tales principios, Iturbide el 1 de marzo de 1821, reunió a sus tropas y juró ante ellas cumplir los postulados de las Tres Garantías, al ejército resultante de la unión de españoles y criollos se le llamó de las Tres Garantías.
 
En Acapulco, Iturbide sufrió algunas bajas por el ejército de Armijo que se encontraba en el sur. Iturbide marchó al Bajío y se le unieron varios realistas, entre ellos Filisola.
 
En casi todas las provincias se les unieron personas importantes tanto del los realistas: Bustamante y Cortázar; como insurgentes a Bravo, Guadalupe Victoria, Rayón, Negrete.
 
A los pocos días, llegó de España, Juan O’Donojú, con el cargo de Virrey, quien aceptó negociar con Iturbide y puso su firma el 24 de agosto de 1821, en el tratado de Córdoba, que ratificaba en lo esencial el Plan de Iguala, pero abría la posibilidad de que el gobernante fuera suplido por alguna persona notable del Imperio Mexicano.
 
 El ejército Trigarante con Iturbide al frente, hizo su entrada triunfal a México el 27 de septiembre, y el 28 se nombró al primer gobierno independiente.
 
Así después de once años, once días de lucha México se proclama el país independiente.
 
 El día 27 de septiembre de 1821 se considera como el día de la consumación de la Independencia, sin embargo hay nula resonancia de acontecimiento histórico, tal vez por la euforia de los días del 15 y 16 y la incuria nuestra.
 
criado por suplementolajirafa    3:38 pm — Categoría: Escribamos de historia

Agosto 17, 2009

La señora de los tres siglos

 

 

Fernando G. Castolo
 
 
La vejez puede y debe ser un “don” de la naturaleza; sin embargo, “se embejece como se ha vivido”, dicen.
 
Muchos llegan y se van de este mundo sin haber valorado la mayor riqueza que tuvieron. Otros, con enorme sabiduría, equilibraron su existencia entre situaciones que es posible remediar y las que no tienen remedio. Este es el caso de nuestra nominada, la señora Josefina Elizondo Zamora, conocida cariñosamente entre nuestra comunidad como “Petita”. Por cierto, este sobrenombre ella misma lo eligió, dado que deseaba evitar que sus nietos le dijeran abuelita porque la hacían sentir muy vieja.
Su vida misma es su mayor secreto de longevidad.
 
Nació en la Manzanilla de la Paz, Jalisco, el 26 de junio de 1899, en el seno de una familia dedicada a las labores del campo. Fue la última hija de siete (cuatro hombres y tres muejeres) del matrimonio formado por don Marcial Elizondo y doña Timotea Zamora. Fueron sus abuelos por la línea paterna don Ciriaco Elizondo y doña Francisca Mejía; y por la línea materna don Valentín Zamora y doña María López; según los datos de su acta de nacimiento asentada con el número cincuenta y seis del libro número uno del Registro Civil de aquella localidad.
 
Recuerda que en su casa siempre fue muy querida y “chiquiada” por sus padres, quienes la consentían mucho por ser la más pequeña; aún así ella también ayudaba en las actividades del hogar. Rememora de igual manera los sucesos de la cristiada, donde dice que dos de sus tíos fueron combatientes y fusilados por las tropas gobiernistas.
Dice que de joven fue muy “noviera” y que hasta dos novios tuvo al mismo tiempo. La forma en que conversaba con sus pretendientes era por debajo de la puerta: ella por dentro y él por fuera se acostaban en el piso boca abajo, y por la rendija inferior de la citada puerta platicaban.
 
Un buen día conoció al hombre más guapo que jamás hubiera visto y se enamoró profundamente. “Mis padres me decían que estaba muy guapo pero que con eso no me iba a mantener. Aún así, fue al hombre que elegí para mí”.
 
Casó en la parroquia de su pueblo natal con don Manuel Barajas Álvarez, con quien procreó cinco hijos: Graciela, Abigail, Bertha, Humberto (estos dos últimos son cuates) y Jaime, todos nacidos también en la Manzanilla de la Paz.
 
            Al poco tiempo de su matrimonio —con su pequeño Jaime de brazos—, doña Josefina decide con su esposo radicar en Ciudad Guzmán (lugar donde don Manuel vendía caballos), a fin de consolidar los proyectos que habían anhelado, dado que la citada ciudad les ofrecía mayores oportunidades de desarrollo. Establecen su residencia familiar hacia el norte de la mancha urbana hace más de sesenta años, vecindario que les conoce y reconoce, y en donde doña “Petita” es el alma del lugar por su entusiasmo en participar en cuanta celebración social se lleva a cabo.
 
            Siendo una mujer nada sumisa (a pesar del contexto en que se educó), se dio el lujo de trabajar por su cuenta —en la venta de ropa y calzado; además de escobas, jarcias y escobetas—, a fin de evitar que sus hijos siguieran laborando en el campo —tal y como era el deseo de su esposo—, costeándoles su preparación profesional, enorgulleciéndose de ello porque pudo formar a hombres de bien. Comenta que personalmente ella iba a cobrar, de casa en casa, a sus clientes; por ello mucha gente la conoce. Para surtir su mercancía tenía que trasladarse a Guadalajara una vez por semana acompañada siempre de su pequeño hijo Jaime.
 
            Tiempo después, con la familia ya grande y con la necesidad de una casa-habitación propia, don Manuel decide comprar una. Ni don Manuel ni el propietario de la finca podían ponerse de acuerdo en el precio dado que no cedían en sus posturas. En ese momento doña Josefina decide hablar en privado con el propietario diciéndole que acepte la propuesta de su esposo y que ella, de su peculio, pondría la cantidad faltante y que no le comentara nada a don Manuel. Fue así como finalmente tuvieron una casa propia, expresa orgullosa doña “Petita”. “Yo, cada que discutía con mi esposo, con eso lo callaba: por mí tenemos casa…”
 
            Comenta que su esposo era tan machista que no dejaba a sus hijas tener novio; por lo que ella se alió con sus hijas y vigilaba que don Manuel no las viera mientras “echaban pegue con el novio”.
 
            Enviudó en el año de 1985, y a partir de ese tiempo, sus hijos ya no le permitieron trabajar y desde entonces se dedican a cuidarla y a llenarla de atenciones. A fin de que no se enfade, pasa unos días en casa de cada uno de sus hijas e hijos, y se entretiene disfrutando de sus 24 nietos y de sus 31 biznietos. Tanto sus yernos como sus nueras la quieren mucho y la consideran como el pilar de la familia, puesto que sus atinados consejos son frecuentemente solicitados. Es muy inteligente y mantiene lúcida su mente a pesar de sus ciento diez años de vida.
 
            Su caminar pausado y lento lo ayuda con un bordón; sin embargo, es muy autosuficiente, dado que sola de levanta y se sienta sin ningún problema. Gusta de ir mucho a misa, a la que la acompañan sus hijos y nietos.
 
            Sorprendentemente, doña Josefina, aún goza de una excelente salud, pues dice no dolerle nada, hasta ella misma se ríe cuando suele caer. Nunca se ha roto algún hueso y sus percances de salud no son de mayor cuidado, por lo mismo evita recurrir a tomar mediamentos. Dice que quizá ello se deba a que fortaleció mucho su cuerpo, porque de joven montó caballos y caminó largos trayectos. Come de todo, aunque moderadamente, siendo su mayor satisfacción “chupar huesitos”, dice uno de sus hijos. Gusta de echarse sus “guacos” cuando escucha la música del mariachi y la banda, sobretodo cuando interpretan su canción favorita: Cuatro meses: “Que se te quite ese orgullo mujer que tienes…”, tararea ella misma la canción.
 
Como es muy dicharachera, siempre sonríe y está muy contenta. Cuando entre sus hijos y parientes discuten sobre su edad, ella siempre comenta: “échenle, que al cabo yo ni cuenta me doy”. Ella misma se cataloga como una mujer bromista, dado que siempre está de buen humor. Le gusta estar siempre muy bien presentable —escoge el atuendo que lucirá para determinados días— y convivir en reuniones familiares hasta altas horas de la noche, inclusive de la madrugada.
 
Doña “Petita” se admira de vivir muchos años y no sabe ni cómo ha llegado a su edad. Está muy orgullosa de que sea tan querida en su familia y agradece a Dios la plenitud de poder disfrutarla todavía, comenta mientras sus ojos se llenan de lágrimas.
 
Doña Josefina Elizondo Zamora es un centenario vivo de Jalisco; que guarda al pie de la letra todas las cualidades que se pregonan entre los seres humanos —comprensión, flexibilidad, humildad, paciencia, respeto, sinceridad, fortaleza, templanza, etc.— y que está dispuesta a vivir “hasta que Dios me de licencia…”
 
Sin duda alguna, la aportación más encomiable de doña “Petita” es que, como centro medular de una comunidad que se erige en torno a ella, ha sido capaz de ser un ejemplo de virtudes y valores para muchos hombres y mujeres que son elementos que con su trabajo coadyuvan en la construcción de un mejor Jalisco.

 


 

criado por suplementolajirafa    11:02 am — Categoría: Escribamos de historia

Junio 5, 2009

Vámonos con Pancho Villa…

 

Eduardo Etchart Mendoza
 
 
 
Es el título de una de las muchas biografías de Doroteo Arango Quiñones, mejor y siempre conocido como Pancho Villa, quién nació un 5 de junio de 1878 en la Hacienda de Río Grande, en la jurisdicción de San Juan del Río, Durango.
 
Ciento treinta y un años después podemos hablar del hombre-leyenda, del que se cuentan muchas anécdotas que le dan sabor a una vida de hecho precipitada, accidentada y controvertida en tan sólo cuarenta y cinco años de existencia.
 
Muy conocido es el hecho de que por defender a su hermana de la ofensa de violación cometida  por el hacendado López Negrete, tuvo que abandonar la hacienda y vagar por las praderas, convirtiéndose en abigeo y quitándose su verdadero nombre.
Se unió a la campaña de Francisco I. Madero en 1909, convencido entonces por el gobernador de Chihuahua, Abraham González, conociendo al primero en la hacienda de Bustillos y presentándose con un buen número de hombres disciplinados y con buenos pertrechos.
 
De acuerdo con Pascual Orozco obtiene el triunfo en la acción de Ciudad Juárez con la que los porfiristas se rinden y se retira a la ciudad de Chihuahua para dedicarse unos meses al comercio de la carne de res; pero su interés por la lucha armada lo hace reunirse  con Victoriano Huerta para sofocar la rebelión orozquista. Por su lealtad y méritos lo nombran general brigadier interino. Dos batallas Conejos y Rellano le dan dos triunfos, pero un resentimiento del propio Huerta, quien lo aprehende y lo remite encarcelado a la prisión militar de Santiago Tlaltelolco de donde se escapa en 1912.
 
 Toma rumbo a Guadalajara para ir a Manzanillo y pasó por Zapotlán (aseveración muy centrada de nuestro editor Milton Iván Peralta). Se fue a los Estados Unidos y regresará a la muerte de Madero en 1913 entrando por Chihuahua, y ahora es apoyado económicamente por el gobernador de Sonora, José María Maytorena.
 
Combatió contra los generales Salvador Mercado y Félix Terrazas y a éste le hace 230 prisioneros a los cuales fusila. Ese mismo año de 1913 formó la División del Norte para atacar Torreón, ahí llevó a cabo dos batallas para tomar la ciudad, la brillantez de su dirección militar fue reconocida por su habilidad bélica que crecía al igual que su fama. Cambia su rumbo regresando a Chihuahua combatiendo en ciudad Juárez y tomando la propia ciudad capital del estado nombrándose gobernador provisional.
 
Logra buena presencia administrativa restableciendo el orden, abaratando los productos primera necesidad, condona contribuciones atrasadas, emite papel moneda y abre el Instituto Científico y Literario del Estado.
 
Sostendrá las batallas de Gómez Palacio, Paredón, Saltillo y por órdenes de Venustiano Carranza toma a sangre y fuego la ciudad de Zacatecas en junio de 1814 haciendo y deshaciendo, ensañándose con los comerciantes extranjeros y principales mineros a los cuales para no fusilarlos les pedía la cuota de cincuenta mil pesos oro (mil centenarios). Con esta victoria se logró el retiro de la presidencia de Victoriano Huerta y una alianza momentánea con Alvaro Obregón.
 
Marcharon villistas y zapatistas a la Convención de Aguascalientes propuesta por Carranza. Meses después y durante el gobierno nacional de Eulalio Gutiérrez viene a la ciudad de México firmando en el camino el tratado de Teoloyucan, pero las rencillas entre los jefes revolucionarios hará que se vuelva a combatir ahora en el Bajío, será campo de acción Celaya y León. Se va al Norte y cruza la frontera entrando a la población de Columbus, provocando que los norteamericanos formaran la Expedición Punitiva bajo el mando del general Pershing, pero eso como dicen es otra historia, por ello como dijimos al inicio: ¡Vámonos con Pancho Villa! Y ya regresaremos.
 

 

criado por suplementolajirafa    5:56 pm — Categoría: Escribamos de historia

Mayo 20, 2009

¿No sabemos los nombres de los asesinos?

 

 

 
Eduardo Etchart Mendoza
 
Recordemos al hombre íntegro
 
 
Debido al Plan de Agua Prieta y a la presión que estos ejercían en la vida política del país, el presidente de la República Venustiano Carranza decidió sacar al Gobierno de la ciudad de México y llevarlo por propia seguridad a algún puerto o a alguna frontera. Optó por tomar el camino hacia el puerto de Veracruz. Así que el tren olivo salió del Distrito Federal en mayo de 1920. Iba con sus generales más allegados como comitiva y con una buena escolta del Colegio Militar, pero en Aljibes el ferrocarril ya no pudo avanzar, retiró a los jóvenes cadetes dándoles una pequeña gratificación del Erario, y de acuerdo a sus allegados decidieron continuar a caballo por la sierra de Puebla para llegar a su destino. Finalmente a los serranos no les preocuparía su paso por el lugar. No así a los gavilleros del rumbo porque un presidente sin protección era una presa muy atractiva para cometer el delito que comentaremos a continuación.
 
El 19 de mayo fue elegido el general Francisco de Paula Mariel para encabezar la marcha y tomar el rumbo, pues él como comandante de la zona conocía bien la sierra. Así que esa misma noche comunicó a Carranza y a su comitiva que harían la jornada del día siguiente hacia Tlaxcalantongo. Nunca pensaron que la mañana siguiente se iba a presentar ante ellos un bandido de la zona de nombre Rodolfo Herrero. Éste había buscado la amnistía dos meses antes con el general Mariel, quién se la había otorgado, y aparentemente ya no estaba cometiendo fechorías, aunque todos en la región sabían que capitaneaba una banda de 200 hombres apoyado en la dirección por algunos familiares, principalmente sus hermanos. Al presentarse Herrero le comentó a los generales que se ofrecía para guiarlos y escoltarlos dado que conocía bien la sierra. Mariel mismo lo avaló y aprovechó para excusarse de no ser él quien dirigiera la marcha.
 
Avanzó el grupo durante el día con rumbo al poblado mencionado y los hermanos de Herrero, Hermilo y Emilio se adelantaron a Tlaxcalantongo para pedirles a sus habitantes que abandonaran la población, haciéndolo la mayoría; así que en la tarde que llegó la comitiva con el Presidente fue fácil asignarle un jacal para que éste lo ocupara. Herrero aprovechó para excusarse y decir que se incorporaría al día siguiente, se le dio permiso de hacerlo. La actitud sospechosa de Rodolfo y lo desolado del lugar hicieron que desconfiaran Luis Cabrera, Gerzayn Ugarte y Francisco Murguía, acudieron con Carranza, le comentaron, pero él no vio la necesidad inminente de abandonar el pueblo.
 
Tenían la obligación de acompañarlo y de cuidarlo los militares siguientes: Manuel Aguirre Berlanga, Mario Méndez, Pedro Gil Farías, Ignacio Suárez, Octavio Amador y Secundino Reyes. Nos preguntaremos siempre porque cuando llegó Herrero con sus hermanos y su banda en la madrugada del día 21, ninguno de estos militares apareció para proteger la vida del Primer Magistrado. ¿Dónde estaban? ¿Por qué no persiguieron a los forajidos?
 
La cantidad de balas que dispararon sobre el jacal hubiera matado a un centenar de hombres, obvio que cuando entraron al sitio, el Presidente estaba inerte y su cuerpo brutalmente acribillado. Así fue el triste final del varón de Cuatro Ciénegas, quién había defendido al país desde el asesinato de Madero, ya que como gobernador de Coahuila le reclamó a Victoriano Huerta y se levantó en armas con el Plan de Guadalupe. Supo llevar el orden hasta que se promulgó la Constitución de 1917 como un logro jurídico de la Revolución. Él mismo se opuso a los norteamericanos que seguían cometiendo atropellos en puertos y fronteras mexicanas, con contundentes escritos y con certeros reclamos diplomáticos. Sólo nos resta decir: Los traidores…bien, gracias.  
 
 

criado por suplementolajirafa    11:17 am — Categoría: Escribamos de historia

Mayo 7, 2009

Un zorro que encontró la inmortalidad

 


 
Eduardo Etchart Mendoza
 
 
 
            Que lejos de pensar estaba Cristóbal Hidalgo cuando después de enviudar consideró que sus dos hijos con Ana María Gallaga “estorbaban” para su segundo enlace. Afortunados los niños que fueron al mundo del abuelo y aunque no de muy buen modo los crió y los dirigió al seminario, para que se buscaran una vida holgada, honrada y de provecho.
 
El hermano mayor no se detuvo en su formación moral y profesional hasta llegar al doctorado en Teología. El otro, el pequeño de ese matrimonio mencionado sólo llegó a ser licenciado en Teología y Filosofía. No necesitó más. Suficiente, para que sus maestros consideraran que podía ser rector en el Colegio de San Nicolás, y así lo nombraron.
 
Desde estudiante, sus compañeros lo habían apodado “zorro”. Don Lucas Alamán así lo dice en su Historia de Méjico cuando da el retrato hablado de Miguel Hidalgo. El “zorro” de nuestra Historia, fue un buen rector que supo transmitir las enseñanzas jesuitas que había recibido como alumno. Pero su vida personal lo llevó a perder ese buen cargo y entonces fue enviado a la parroquia de Colima, como su manera inquieta y su falta de respeto a los votos de castidad no tenían límite, se le buscó otro curato el de San Felipe Torresmochas (hoy del Progreso), pero tampoco ahí estuvo mucho tiempo, por ese mismo proceder, no muy de acuerdo con las reglas eclesiásticas.
Ya para 1805 se encontraba de párroco en el curato de Dolores, Guanajuato. En ese lugar decidió establecer talleres para que los parroquianos tuvieran un sustento, el taller de alfarería (ollas, jarrones, botellones, cazuelas); de implementos agrícolas (palas, picos, azadones, bieldos); de árboles de moreras para la cría del gusano de seda. Pero para sus momentos de esparcimiento social creó un grupo de teatro para representar pequeñas obras de dramaturgos franceses, en especial Moliere, y en detalle la obra Tartufo.
 
Su propia inquietud lo llevaba a salir del curato para asistir a reuniones en Guanajuato o San Luis Potosí y asistir desde 1808 a tertulias literarias que se hacían en Querétaro al lado de los corregidores Miguel y su esposa Josefa Ortiz. Estas reuniones tomaron pronto un interés político, porque la situación que prevalecía en España se comentaba en todo el virreinato (dentro de la clase criolla y española), y era preocupante saber que los procesos económicos se alterarían si la Corona española seguía controlada por el imperio francés de Napoleón. Mientras los diputados españoles y el pueblo se enfrascaban en una lucha directa contra los invasores franceses.
 
Aquí en Nueva España las ideas de libertad bullían dentro del grupo criollo. En ese momento de decisión para dirigir una causa tan importante, como lo fue el inicio del grito libertario para independizar al virreinato del mundo europeo se necesitaba un líder nato y ese no podía ser nada menos que el “zorro”, quien manejaba el mundo filosófico de la Ilustración, como nadie, además de las lecturas que había hecho, en su mayoría prohibidas por la propia Iglesia, limitadas para muchos por el idioma francés que él dominaba con mayor fluidez que el español y el latín por el afecto intelectual que le nacía para ese mundo solo avalado por textos que “devoraba” cuando caían es sus manos.
 
Hemos creído que valió la pena dedicarle a quien nació un 8 de mayo de hace 256 años estos renglones y a ustedes respetuosamente decirles el valor, entereza y firmeza, que tuvo don Miguel Hidalgo al entusiasmar a sus feligreses primero y a miles de personas después para hacerles ver el valor incomparable que tiene la LIBERTAD.
 
 

criado por suplementolajirafa    10:34 am — Categoría: Escribamos de historia
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