La Jirafa

Un suplemento cultural que se publica todos los sábados en las páginas del Diario de Zapotlán, realizado por personas de la región sur de Jalisco, aunque con colaboraciones de cualquier parte del mundo.

Noviembre 2, 2009

La muerte visita a Macario

 

José Luis Vivar
 
 
La historia se ubica en México, en el siglo XVIII, en la víspera del Día de Muertos, Macario (Ignacio López Tarso) es un leñador del sureste del país, cuya familia está integrada por su esposa (Pina Pellicer) y una prole de chiquillos hambrientos que devoran hasta la última migaja de lo que les sirven. En medio de esa pobreza extrema, las ilusiones del leñador por llegar a comerse él solo un guajolote (curioso plumífero que en temporadas navideñas cambia su nombre por el de pavo) se esfuman como el humo del fogón que es lo único que prevalece en su humilde morada.
 
            Pero un día su suerte cambia gracias a la comprensión de su compañera quien a escondidas le obsequia precisamente eso que él tanto anhela: ¡un guajolote! Aunque en un principio se niega a aceptarlo, el hambre y los deseos de disfrutar un banquete a solas terminan por convencerlo. Así que en un santiamén Macario se interna en la selva (¿lacandona?) para prepararse un rico manjar.
 
             Desgraciadamente la buena suerte siempre viene acompañada de pequeños inconvenientes. Y estos detallitos no son otra cosa que tres inesperados visitantes: Satanás, Dios y la Muerte. Todos quieren que les comparta un cachito, una pieza, algo de esa jugosa carne que está asando. Macario se envalentona y se niega a compartir lo que con tanto trabajo ha conseguido. Él no siente que lo suyo sea egoísmo, sino que es un derecho conquistado por tantos y tantos días de trabajo, por quedarse sin comer para dárselo a los suyos. No es justo que esos visitantes vengan a quitarle lo único que ha ganado.
 
            Y si al demonio lo manda a donde mismo y a Dios le explica que no puede ser que venga a quitarle al pobre lo que tiene por ser pobre, con la Muerte (Enrique Lucero) es con quien finalmente termia por ceder. En el siguiente diálogo se cifran las razones.
 
            MUERTE: ¿Por qué me invitaste de tu pavo, si sabías quién era?
            MACARIO: Pues porque me dije, esta ya viene. Si lo invito a lo mejor me da tiempo de comer un poco más.
            MUERTE: ¡Ah qué Macario! Nomás por eso me caíste bien.
 
            En agradecimiento por compartir su platillo, recibe el don de salvar vidas, depositando en la boca de la víctima unas gotas de una milagrosa agua. Aunque le hace una aclaración. Si la muerte se halla a los pies de la persona, ésta tiene derecho a seguir viviendo. Pero si se encuentra a la cabecera del lecho, nada puede impedir su inminente final. Macario compromete su palabra. Sin embargo, la fama de sanador en el pueblo lo arrastra a una vorágine de sentimientos encontrados y una desmedida soberbia.
 
 
La película Macario (Roberto Gavaldón, 1960), basada en un cuento del misterioso escritor B. Traven (quien al parecer retomó el tema de un relato de los hermanos Grimm), y con guión de Emilio Carballido y del mismo Gavaldón, es una historia atemporal que sigue fascinando por los ingredientes mexicanos que en ella se muestran. Además del lenguaje y de los regionalismos que en ella manifiestan sus intérpretes, se observa la autodenigración de mexicanos contra mexicanos. Por ejemplo, la sirvienta de la casa rica que es tan indígena como la mujer de Macario, se da el lujo de humillarla porque la ropa de su ama no tiene la calidad que se le exige.
 
Algo similar pasa con Macario, quien al empezar a ganar dinero ya no el mismo muchacho humilde que recogía leña en el bosque, ahora le gusta hacerse desear y atiende a quien se le da la gana. El perfil del nuevo rico tan vigente en nuestros días: ignorante, soberbio y con pésimo gusto en su forma de vivir.
 
La fotografía de Gabriel Figueroa resulta impecable. Tanto por los cielos plagados de nubes, como por los cuadros preciosistas, Macario y la Muerte en la selva, y en las grutas donde están las velas encendidas y apagadas de todos los seres que pueblan este planeta. El blanco y negro le brinda una atmósfera mortuoria a la película. Es una historia de muertos porque la Muerte es el personaje principal, o la sombra de Macario, un nombre importante en la literatura mexicana en otro cuento homónimo de Juan Rulfo.
 
Culmina este recorrido con la ambientación, algo difícil de lograr en películas similares, donde los “inditos” hablan en forma extraña y visten de blanco impecable con ceñidor también limpísimo. En Macario no sucede esto. Los personajes, indígenas y españoles visten a la usanza y se expresan como en su tiempo.
 
Quizás por estos elementos y por el ritmo ágil en la dirección de Gavaldón, Macario sigue siendo una película obligada en el Día de Muertos. Nominada en 1960 con el premio Oscar como Mejor Película Extranjera sigue siendo una historia que seduce, impacta y deja buen sabor de boca de la cual se ha escrito tanto y se sigue comentando.
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Octubre 30, 2009

Muertos en la literatura mexicana

 

 
Milton Iván Peralta
 
 
Se dice que en México existen sólo tres fiestas, la Independencia, el Día de Muertos y el 12 de diciembre. Es claro que le la población tiene un gran apego a la familia, y por eso el Día de Muertos se convierte en una de las fiestas más grandes. La tradición la conocemos todos, si no es así, los medios de información se han encargado por estos días de difundir todo lo que se necesita saber. Pero las tradiciones pasan de la vida real al arte, y para muestra hay dos libros, “Pedro Páramo y Macario”.
 
En “Macario” (1950), libro escrito por B. Traven, este peculiar y misterioso escritor, alguno afirman que no existió, nos regaló un gran libro sobre la relación con la muerte “Macario”, llevada al celuloide en 1959, considerada entre las mejores 100 películas mexicanas. Se trata de un campesino llamado Macario que vive obsesionado por su pobreza y por la idea de la muerte. Obstinado, decide aguantarse el hambre hasta no encontrar un guajolote que se pueda comer él solo. Su mujer ahorra dinero hasta que logra comprárselo, Macario sale al bosque a comérselo. Allí se niega a compartirlo con Dios y con el Diablo y sólo lo hace cuando se le aparece la Muerte.
 
Agradecida, la Muerte entrega a Macario un agua curativa con la que el campesino comenzará a hacer milagros, cuando la Muerte este a los pies del enfermo se salvará, cuando este en su cabeza ya no hay nada que hacer.
 
Esto es básicamente la trama del libro, que no expreso más cosas para que lo busquen. También les recomiendo “Canasta de cuentos mexicanos”.
 
Qué se puede decir de “Pedro Páramo” (1955), su atmósfera de Comala –muy parecido a un comal- que nos presenta el no saber qué personajes están muertos o en qué momento fallecieron. La del laso familiar, la búsqueda del padre a promesa hecha a la moribunda madre. En que esta novela son más importantes los silencios y los ecos de las voces. Uno de los rasgos más poderosos en “Pedro Páramo” es la presencia de voces fantasmales y de ánimas en pena, y ello permite al autor exhibir la inmensa gravedad de la violencia y de la cerrazón propia del cacicazgo y la iglesia.
 
Nada de lo que comenta al respecto será nuevo y es mejor que esta novela sea leída y disfrutada.
 
Estos libros, no son los únicos que manejan la muerte, en la tradición mexicana, también Octavio Paz en su “Laberinto de la Soledad”, deja un espacio para hablar del tema. Y la poesía Jaime Sabines con “Algo sobre la muerte del mayor Sabines” y “La muerta de la tía Chofi”.
 
Los muertos tienen voz en la literatura por lo menos desde la “Odisea”, cuando Ulises desciende al Hades y dialoga con sus antepasados. También la “Envida”, de Virgilio, y ejemplarmente, la “Divina Comedia”, de Dante Alighieri, rompen la barrera entre la vida y la muerte para extender los territorios de la ficción hasta los dominios de aquello que, siendo ignoto e inescrutable, resulta capital para resolver las preguntas decisivas de la existencia.
 
Pero nuestra región no se queda atrás, también nuestros coterráneos escribieron obras que hacen alusión a la muerte, tenemos los casos de Guillermo Jiménez (Zapotlán, 1940) como de Juan José Arreola (La feria, 1963), ofrecen escenas literarias formidables sobre el rito de la muerte en Zapotlán, sin olvidar el ensayo “La muerte” (Hojas de letras y poesía, 1974) de Alfredo Velasco.

 

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Octubre 20, 2009

Cosas Simples, Marcas de Vida

 

Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar
 
 
Buenas noches, en esta presentación del libro del Profesor José de Jesús Juárez Martín, primero quiero agradecer al propio Maestro Juárez Martín, que amablemente me invitó a que vertiera mis comentarios en torno a su obra; y en segundo lugar a este Consejo……… de Zapotlán de San José de nuestra Orden de Caballeros de Colón por permitirme y permitirnos dar a conocer este importante producto cultural para nuestra comunidad zapotlense que fue escrito por uno de nuestros hermanos de consejo.
 
Cosas simples; Ü Ï Ö; Marcas de vida
 
La aparición pública de un libro se convierte en todo un acontecimiento no sólo en el rubro editorial, sino sobretodo en el ámbito cultural. Hoy es el caso de este libro: Cosas Simples, Ü Ï Ö, Marcas de vida, de reciente aparición –septiembre de este año. Dado que a pesar de que Zapotlán cuenta con una pequeña pero significativa comunidad cultural, artística e intelectual, la publicación de libros es muy pobre y pequeña. Me atrevería a decir que para una ciudad de 100,000 habitantes que posee Zapotlán el Grande, creo que no llegan ni a 50 libros editados por año, quizás me vaya lejos al dar esta cantidad como tope de medio centenar. Pero después de todo, hoy aquí seremos excepción porque estamos presentando un bello libro, uno de los pocos que se han editado en está ciudad durante este año 2009.
 
La dificultad que conlleva la publicación de una obra literaria (libro) no solamente se mide por la cantidad y la calidad de textos que lleven dentro de sí, que ya de por sí es una gran mérito de su autor, porque finalmente se trata de seleccionar lo mejor que tenga de escritos. Pero lo anteriormente dicho, no es la única dificultad de trabajo en la que se enfrenta el escritor y su obra, sino que viene toda una serie de pequeños detalles de trabajo de edición, que conllevan una dificultad implícita y que se verán y asumirán a la hora de escoger papel, portada, diseño de tipografía, diseño de texto, corrección de estilo, supresión de erratas, en algunos casos de párrafos, etc. Todo esto, llamado en el argot editorial como cuidado de la edición.  
 
Ante tal panorama nos damos cuenta que el presente libro en su aspecto exterior –como objeto- es un libro bien impreso y con un buen gusto en cuanto a su portada y de buen diseño. Vale decir a tono de comercial, que fue impreso en los talleres de la Imprenta Gutiérrez, dado que es un libro de edición de autor, (pagado por el propio escritor).
 
 
 
 
 En su interior habitan todo una serie de gráficos –ilustraciones- que tienen que ver con el texto que los precede o antecede. Tenemos las ilustraciones de una casa (residencia), un árbol, una golondrina, la escultura monumental de la Tzaputlatena, por citar solo algunos. Todos estos elementos hacen que el texto acompañado de su respectiva ilustración sea grato a los ojos del lector. Otro elemento que merece la atención es, la adecuada y  tamaño de la tipografía –letra- que ayuda en mucho a los ojos, sobretodo para aquellas personas que  tienen su vista ya cansada.
Pero veamos que nos depara este suculento plato literario que es lo que más nos importa en estos casos. Para empezar, su autor quiso dividir el libro en dos partes, tomando como punto de partida la característica de los textos, su temática y quizás su antigüedad. La primera parte está titulada como: Cosas Simples Ü Ï Ö; y la segunda es: Marcas de Vida.
 
Cosas Simples Ü Ï Ö, está compuesto por ocho textos breves, dónde el profesor Juárez Martín utiliza como recursos literarios; la prosa (narración con un tratamiento didáctico), el cuento: como lo hace en su narración Apariencia Engañosa y la poesía que es utilizada como recurso literario en Golondrina.
 
Ya su autor no lo advierte al principio de sus páginas de la obra, en concreto en su Presentación, el aspecto lúdico (juego) de todo ser humano y de las muchas cosas que rodean nuestra vida. Es en esa sintonía en la que José de Jesús escribe está serie de textos a modo de un divertimento que se irán volviendo agradables en su lectura. Ya no sólo basta ser Homo Faber (el hombre que fábrica) o Homo Sapiens (el hombre que piensa o razona) sino tomar aquellas cosas cotidianas y darles un nuevo valor, una nueva forma lúdica y vital. Esto hace a Juárez Martín como un verdadero y autentico escritor que propone y asume una vida de la literatura o una literatura de la vida. También utiliza una semántica que recurre en algunas de sus narraciones. Un ejemplo de este recurso lo tenemos en su primera historia titulada “Lastima que eres ajena”, donde existe un paralelismo entre la descripción que hace de la casa, dado que uno como lector y por el lenguaje que se es utilizado bien pudiera ser una mujer (sujeto) o la casa (objeto) que es lo que se narra. Queda para la creatividad y la imaginación del lector enriquecer su lectura, sabiendo que es una u otra o es ambas a la vez.
 
En la segunda parte del libro nos encontramos con el inciso titulado Marcas de Vida. La conforman 13 creaciones donde al igual que la primera parte utiliza los géneros de poesía, de cuento, de ensayo y de prosa. Breves pero sustanciales resultan cada uno de sus contenidos. Su autor como su título nos lo dice, aprovecha para tratar aquellos asuntos o cosas que nos marcan en la vida personal o social. Ahí están las marcas: la cerveza, la credencial del lector, las celebraciones, la rosca de reyes, los festejos post navideños, el beso, la religión, nuestra historia social, el dinero, la pareja etc. Todas las temáticas manifiestas y nombradas a la luz del criterio de su autor son enriquecidas con el uso de una fina picardía no mal intencionada, o la fina ironía y la moraleja final que nos habla de la intención siempre generosa de aportar algo de provecho o aprendizaje para el lector.
 
Recomiendo Cosas simples, Ü Ï Ö, Marcas de vida. Me quedo con el buen sabor de boca que me ha dejado el beneficio de su lectura. Por ser un libro ameno de fácil lectura, de una prosa sencilla diáfana y clara, lleno de las certezas y vivencias de su autor. Me uno y celebro la edición de esta obra y le deseo a ella y a su autor José de Jesús Juárez Martín, una larga y trascendente vida literaria.
 
Texto leído en la Casa de los Caballeros de Colón Consejo de San José de Zapotlán, viernes 9 de octubre de 2009.
 
 
 

 

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Octubre 15, 2009

Con los Beatles

 

Antonio Navarro
 
 
Siguen siendo vigentes en el gusto musical de jóvenes y adultos; reaparecieron hace algunas semanas en la lista de popularidad con el primer lugar en venta de discos; lanzaron un juego interactivo para plataformas Box, PC y Macintosh, con lo cual se suman a los avances de la nueva tecnología digital; y por si esto fuera poco, se ponen en el mercado nuevas ediciones de sus álbumes ahora remasterizados con el fin de obtener un sonido pulcro y fiel a las grabaciones originales que el cuarteto de Liverpool logró en su momento.
 
      No puedo dejar de mencionar la edición especial que realizó su productor George Martin con algunas de sus canciones para el espectáculo del Cirque du Soleil, intitulado “Love” del año 2006, resultando en un volumen discográfico de excelente factura. (De este trabajo surgió la idea de volver a editar los temas musicales con los nuevos procesos de digitalización que ahora están a la venta para sus fieles seguidores).
 
      Y a propósito, he de confesarme como un admirador prosélito del grupo británico The Beatles; no hay excusa que me lleve a decir lo contrario.
 
      Desde mis años de adolescente, guitarra en mano, me encendió el ánimo por aprender sus canciones, y así, junto con dos de mis hermanos, en la casa familiar, emprendimos ese viaje mágico y misterioso al interpretar, cantar y hasta grabar de manera doméstica algunos de los temas del cuarteto de Liverpool.
 
      Cómo olvidar aquellos veranos de juventud en tardes grises y lluviosas: así nos gustaban, por aquello de verlas en un tono londinense mientras cantábamos la melancólica “For no one”, con ese solo de corno francés evocando la añoranza campestre; mientras, en la cocina, mi madre nos tenía la sopa caliente y aromática para ofrecerla sobre la mesa bajo un foco encendido en medio de la llovizna. Así los registran las páginas de un diario desusado y vetusto.
 
      Al paso del tiempo, y hasta le fecha, sigo redescubriendo esos ingredientes sonoros que sólo los Beatles pudieron otorgarle al género del rock en su justo momento, o como suele decirse: coincidieron en el lugar y el momento precisos para trascender.
 
      De toda esta experiencia, sin duda la que más ha estimulado mi gusto y convivencia con las melodías del legendario grupo ha sido el dedicarme como intérprete y compositor a realizar algunos arreglos musicales especialmente para el piano (mi instrumento en estos menesteres) y así haber completado un repertorio de 14 temas, cada uno bajo un tratamiento melódico y armónico que en las formas de la música clásica denominamos como “tema y variaciones”, donde el tema a desarrollar no siempre es idéntico al original, sino deviene en un valor agregado que estamos obligados, compositores y arreglistas, o otorgarle en cada una de las piezas tocadas con el bisturí y el papel pautado  en una cirugía por demás interesante y apasionante.
 
      Tal es el caso cuando comencé por escribir las variaciones sobre el tema ya clásico de McCartney: “Eleanor Rigby”, cuya melodía me condujo de inmediato a crear atmósferas de misterio y soledad en una mezcla de ritmos al estilo del compositor ruso Igor Stravinsky, siempre obstinados e incisivos, cargados de fuerza sincopada y en contratiempos. Todo lo contrario resulta, por ejemplo, el tratamiento en “Penny Lane”, donde le doy al piano un tratamiento lúdico (juguetón) y pleno de luz multicolor con figuras rítmicas jazzísticas. En otra partitura la pieza “A hard day´s night” no hice más que dejarme llevar por la sensibilidad de un blues impregnado de matices nocturnos, iluminado sólo con imaginarios destellos de luces de neón.
 
      Otros temas que forman parte de este proyecto que he intitulado “The Beatles a través del Piano” son : “Lucy in the sky with diamonds”, “Michelle”, “The long and winding road”, “Lady Madonna”, “Something”, “Yesterday”, “Martha my Dear”, “When I´m sixty-four”, “Blackbird”, “A day in the life” y “Hey Jude”.
 
      Es evidente mi preferencia por las canciones creadas por los Beatles a partir de sus álbumes Rubber Soul (1965) y Revolver (1966), culminando en el insuperable Sargent Pepper (1967), producciones que completan una trilogía donde estos ingleses dejaron lo mejor de su inventiva musical y literaria, conjugada en un todo que dio como resultado tal sonoridad adelantada a su tiempo.
 
      A 35 años de haberme encontrado por vez primera tocando las melodías de los Beatles, ahora este reencuentro musical es diferente: resulta ser de una experiencia única, siempre diluida en emoción y quimeras que sólo el efecto pianístico puede provocar en uno mismo. Es el intento hacia una búsqueda de nuevas perspectivas auditivas; en una mezcla de estilos y géneros entre el rock y la música clásica, penetrando y compenetrando en ese cruce de caminos con nuevas e insólitas señales que nos llevan por territorios sonoros en dirección a nuevos horizontes por descubrir.
 
Es el camino donde el arte, Oh, fortuna! siempre está impregnado de nuevos símbolos para interpretar y reinterpretar. Felizmente el arte es una búsqueda permanente.
     
     
     
 
 
 
criado por suplementolajirafa    4:52 pm — Categoría: Reseñas...

Octubre 9, 2009

Una Película Prohibida: La Sombra del Caudillo

 

José Luis Vivar

 
 

 

 


Aunque parezca el argumento de una historia de ficción, es un hecho real que La Sombra del Caudillo sin proponérselo se convirtió en una película maldita, porque nunca se permitió su estreno en 1960, sino que tuvieron que pasar treinta años para que el entonces gobierno de Carlos Salinas de Gortari permitiera su exhibición pública.

 
Con guión del director Julio Bracho y Jesús Cárdenas, sobre la novela homónima de Martín Luis Guzmán publicada en 1929 en España, esta cinta generó suspicacias entre la cúpula militar y el gobierno de Adolfo López Mateos, a través de la Secretaría de Gobernación, cuando ya habían pasado más de quince años de que un militar hubiese sido Presidente de la República.
 
Considerada como un atentado contra el sistema político mexicano, Julio Bracho tuvo que soportar insultos y amenazas por parte de quienes estaban en el poder en la década de los sesenta. Confiado que con la llegada de Gustavo Díaz Ordaz las cosas iban a cambiar, sufrió una terrible decepción pues el poblano junto con su Secretario de Gobernación Luis Echeverría, resultaron ser más intolerantes; de ningún modo iban a permitir que esa película mostrase al pueblo mexicano una sarta de mentiras sobre los procesos internos del gobierno revolucionario.
 
 
La película cuenta la historia de un Caudillo que no es otro que Álvaro Obregón, Presidente de México de 1920 a 1924. Jiménez es su sucesor, Plutarco Elías Calles. Aguirre representa a  dos personajes claves: Adolfo de la Huerta y Francisco Serrano, quien fuera asesinado en 1927. 
 
Las disputas de poder, corruptelas y traiciones son retratadas con aguda visión crítica. Bracho sólo dibuja los acontecimientos ocurridos en la década de los veinte que culminaron con varias muertes, entre ellas, la más significativa la de Álvaro Obregón quien pretendía reelegirse.
 
No hay nada nuevo, ni siquiera es un film que denuncie una situación histórica, porque forma parte del dominio público. Todos saben que esos cuartelazos fueron típicos durante los años revolucionarios. Desde Huerta con la traición a Francisco I. Madero, o Villa y más tarde Carranza con el fusilamiento del general Felipe Ángeles.
 
Filmada en Blanco y negro y con un reparto estelar que incluye a Ignacio López Tarso, Tito Junco, Carlos López Moctezuma, Víctor Manuel Mendoza, Bárbara Gil y Kitty de Hoyos, por citar sólo algunos, así como escenarios representativos como la Cámara de Diputados y el Castillo de Chapultepec, permiten al espectador adentrarse en las entrañas del poder antes de que éste fuese institucionalizado, con lo cual se dio origen al priísmo que habría de controlar el país por siete décadas.
 
Durante el sexenio de Luis Echeverría y con el nombramiento de su hermano Rodolfo al frente de la cinematografía nacional, Julio Bracho intentó de nueva cuenta negociar la proyección de su obra, accediendo incluso a realizar un proyecto fílmico que no fue del agrado ni del público ni de la crítica: En Busca de un Muro (1974), que retrata la vida del pintor zapotlense José Clemente Orozco. Esta vez la negativa fue por partida doble, su película debía seguir enlatada.
 
En 1978, México pierde a uno de sus directores más talentosos y vanguardistas: Julios Bracho. Muere decepcionado porque nunca pudo ver su obra en las marquesinas de los cines. El estigma de película maldita lo acompañó hasta su tumba.
 
A mediados de los ochenta cuando las videocasteras llegaron a nuestro país empezaron a venderse copias clandestinas de La Sombra del Caudillo en el DF y otras poblaciones. El gobierno de Miguel de la Madrid no fue capaz de impedir que aparecieran reseñas, críticas y comentarios de la mítica película. Después del terremoto México cambiaba.
 
Finalmente, el 25 de octubre de 1990 en la Sala Gabriel Figueroa, la Secretaría de Gobernación permite que salga de su encierro la cinta de Julio Bracho. Una copia de 16 mm bastante maltratada hace suponer que los negativos fueron destruidos, quizás como última lección de un grupo de personajes oscuros que pretendían esconder la historia tapando el sol con sus dedos manchados de sangre.
 
Cosas del destino, en la actualidad, en cualquier tienda dedicada a la venta de películas es posible hallar el DVD de La Sombra del Caudillo, incluso, el canal De Película la trasmite con regularidad. Vale la pena verla, para rendirle honor a Martín Luis Guzmán, hombre valiente que se atrevió a escribir lo que entonces era un riesgo de muerte; y para recordar con respeto a Julio Bracho, un osado cineasta que sufrió en carne propia la persecución y el desprestigio en su propio país. 
 

 

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Octubre 2, 2009

La noche caníbal

 

Martha Angélica Gutiérrez Flores
 

 La noche caníbal”, del escritor Luis Jorge Boone, es uno de los libros que estarán presentes en la Feria Internacional del Libro (FIL) en Guadalajara. Muchos de los  estudiantes de la Universidad de Guadalajara (UdeG), particularmente de preparatoria, podrán participar en el concurso Carta al autor” que año con año promociona la FIL junto con el Fondo de Cultura Económica (FCE), dando apoyo de esa manera a los escritores jóvenes y sobre todo con el fin de fomentar la lectura.

 
Adentrándonos a la lectura de “La noche caníbal”, podemos darnos cuenta que el autor nos presenta una metáfora a través de su cuento, donde la obscuridad de la tierra es interpretada como una devoradora de carne humana, precisamente de los mineros que viven en el pueblo, y están condenados a su destino: el trabajo en la mina.
 
La tierra se convierte en una espectadora de pueblo, los ve nacer; es bondadosa, los deja trabajar en ella misma, les proporciona un sueldo para que puedan mantener a su familiar, pero todos saben que tarde o temprano tendrán que pagar con la vida de cada minero, porque les cobrará todo lo que les dio, y el precio que se paga es la muerte. “La tierra que lo vio nacer y que luego le deja a uno trabajarla para mantener a su familia”… (Boone.2009)
 
La obscuridad de la tierra es considerada como un caníbal, les da la vida, pero también la muerte, la tierra es justa, “La tierra no olvida a nadie. Y peor cuando uno le recuerda su nombre con cada metro que le aumenta al túnel. La tierra se graba nuestros rostros para que ninguno se escape de ser cobijado por ella en la hora de la muerte”. (Boone.2009)
 
El túnel de la tierra es obscuro, es la analogía de la noche, y nos va llevando por un paralelismo entre la luz y la sombra, entre la vida y la muerte.
 
“Nadie escapa de ser cobijado por ella en la hora de la muerte” es la analogía de la tierra que devora al hombre, cobrándole lo que le ha dado.
 
Existe también un profundo respeto por la mina, sobre todo religioso pues lo consideran un sitio donde se padece mucho, igual que en el purgatorio.
 
“La mina es el camino que las almas tomaban para asistir a su encuentro con el más allá.” (Boone.2009)
 
En este cuento podemos ver claramente costumbres, creencias, formas de pensar de un pueblo, pero sobre todo la fusión que existe entre la vida de cada minero y la tierra, que van formando una sola historia, donde no importa heredar a las nuevas generaciones ese arduo trabajo junto con sus consecuencias físicas: ciegos, encorvados. No podrían sobrevivir lejos de la mina porque son uno mismo.
 
Finalmente, el autor reafirma su metáfora, en “La noche caníbal”, con la última frase del narrador-personaje “Aquí bajo la tierra, la noche es eterna y todo lo devora”. (Boone.2009)
 
Boone, L. (2009) La noche caníbal. México. FCE
 
 

 

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Septiembre 18, 2009

El jugador de media noche

 Ricardo Sigala

 
Imagino a dos hombres jugando un laborioso ajedrez por encima del caserío del Zapotlán de los ochenta, en la cabaña que al oriente se alza como un símbolo de su artífice; imagino sus siluetas inclinadas en la tarea del rigor, de la inteligencia, del juego y de la amistad. Imagino sus diálogos y sus diferencias, sus vínculos; no puedo dejar de imaginar el papel que las palabras ejercen en esas noches en que el diálogo de la voz delicada, alerta, atenta y teatral de Juan José Arreola se teje con la voz cavernosa, quizás ruda o hasta rústica de “El Diablito”, como apodaban a Rogelio Barragán Espinoza. Ese tejido de voces me sugiere la constitución del tablero, aquella representación del campo donde se han librado gestas durante siglos y en las más diversas regiones. Imagino también que estas generaciones de mi fantasía no existirían de no ser por el libro El jugador de medianoche que los doctores Vicente Preciado Zacarías y Fernando Ortiz Galván elaboraron con vocación de ajedrecistas minuciosos,  publicado por el Ayuntamiento de Zapotlán el Grande y su Archivo Histórico Municipal, con un gran cuidado trabajo editorial.
 
            El mundo de Juan José Arreola es complejo, multiforme, aparentemente inagotable, y este libro es una muestra de eso. El Dr. Preciado intuyó que recuperar las jugadas entre Arreola y el Diablito era más que una curiosidad documental o un guiño para los apasionados del ajedrez, y ciertamente se trata de algo más, aquí subyace una manifestación de la amistad como un tema literario y evoca aquellas parejas que la tradición nos ha legado como símbolos de la misma: El Quijote y Sancho o don Segundo Sombra y Fabio, son los primeros que llegan a mi mente.
 
Serán muchos los que se pregunten por qué Arreola eligió como compañero de juego al Diablito, un carpintero de barrio de Zapotlán, pudiendo haber elegido a un contrincante de su condición social e intelectual, como sucedía en el antiguo ajedrez de los irlandeses. La primera respuesta sería que el juego elimina las diferencias impuestas por las convenciones sociales, pero creo que la razón no es tan simple, yo quiero imaginar que para el maestro el juego tiene una tendencia a sustituir la anarquía de las relaciones por un cierto orden, Arreola y el Diablito son una materialización de los contrincantes, de los opuestos, de las fichas negras y blancas, ambos se mueven, como jugadores, en una cuadrícula de luz y sombra, sin embargo esas oposiciones, como en el poema de Whitman tienden a la armonía, a la unidad cósmica.
 
Otra posibilidad nos la da la cultura céltica, tanto en irlandés, galés como en  bretón se designa al “juego de los escanques”, que es una variante celta del ajedrez, literalmente como  “la inteligencia de la madera” y simboliza la parte intelectual de la vida de los reyes. Me pregunto si Arreola tenía conocimiento de estos datos –que al tratarse de él siempre es posible- y deliberadamente se tomó la metáfora al pie de la letra para resemantizarla, como sucede en muchos de sus cuentos, y asume a su amigo carpintero, que además fabrica tableros de ajedrez, como esa inteligencia de madera, definiendo a su opositor como parte del juego mismo, lo que es más: asumiéndose él mismo como parte del juego. No puedo dejar de pensar en el poema de Borges en que los jugadores de ajedrez son a la vez piezas de otro ajedrez con los que juega algún dios.
 
Reconozco en Arreola a un transgresor en el sentido más positivamente literario, de ahí que me pueda aventurar a especular sobre el mito celta en que un rey de Irlanda se ve obligado a entregar a su mujer Eatin, al dios Midir, por haber perdido una partida, en que imprudentemente había dejado la elección de la apuesta. Si en la tradición celta el compañero de juego es siempre un alto dignatario, jamás un personaje de humilde condición, entonces ¿cómo explicar la decisión de Arreola? Y además ¿qué apuesta estaba en juego?
 
 El autor de Confabulario era un ser hecho de literatura y simbolismos, sabemos que de cada acto, de cada palabra de su existencia emanaba la literatura, de ahí que me permita este divertimiento. La elección de Rogelio Barragán Espinoza se justificaba literariamente, no sólo porque el juego induce el orden en el caos, ni porque la amistad es un tema literario de gran tradición, ni porque está implícito el juego verbal e intelectual emanado de la metáfora celta del ajedrez, sino porque su apodo es una referencia a Mefistófeles, el diablo del Fausto, y entonces todas las noches se repetía el ritual no de vender el alma al diablo a cambio de la totalidad del conocimiento, sino para buscar el orden que proporciona el juego, para pasar del estado de naturaleza al estado de cultura, para sustituir lo espontáneo por lo voluntario, en pocas palabras el homo ludens del que habló el escritor holandés Johan Huizinga.
           
Sospecho que al gran bibliófilo que fue Arreola le agradaría este libro, y no sería extraño que recordara junto con nosotros aquel verso de Borges en el que dice que dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez están salvando al mundo.
 
 
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Septiembre 7, 2009

Sobre 27 de junio de 1917 y todavía soy

 


Milton Iván Peralta
 
 
Un cronista de la ciudad tiene que dar una imagen pulcra a la ciudad, porque de él depende la historia e identidad de nuestro pueblo, así Juan S. Vizcaíno con su esfuerzo de varios años organizó nuestra “memoria” histórica, por eso este año se le rindió varios homenajes por parte del ayuntamiento de Zapotlán, uno de ellos fue publicándole el libro: “27 de junio de 1917 y todavía soy”, que debería ser considerado un manual para los estudiantes de Letras Hispánicas y Periodismo de lo que “no” se debe escribir y mucho menos publicar.

     “27 de junio de 1917 y todavía soy”, nos muestra un libro con 80 faltas de ortografía –según mis cuentas- sin considerar sus fallas gramaticales, coherencia en las frases y todas las reglas rotas de la lengua castellana, en este pequeño libro de 78 páginas, que la verdad debería ser una “vergüenza” para Zapotlán, cómo es posible que el “cronista emérito” y “Premio Jalisco” saque a relucir sus traumas de niñez y su rencor contra el actual cronista, cuando Vizcaíno debería cuidar su título de cronista que tanto le costó ganarse, la verdad con este libro lo debería perder.

      El libro es horroroso, desde al portada, obra de “Tijelino”, con un dibujo que los símbolos dejan mucho que desear, con un prólogo pésimamente escrito, sin firmar, nada más dice al final “cultura 2007-2009”, suponemos que es de la regidora de cultura, pero eso no importa. La verdad no es la primera vez en que la actual administración saca por “caprichos de alguien” un libro patrocinado por el Ayuntamiento, con recursos del Archivo Histórico, con un contenido que deja mucho que desear, el otro costo “un ojo de la cara” y me refiero al de Bárbara Torres, el cual aparte de tener errores históricos, también faltas de ortografías –que son imperdonables- y plagio ya que hay párrafos enteros sacados de libro escritos por Fernando G. Castolo, y en los cuales no se citan fuentes, por eso se considera plagio. El otro libro que en su diseño que es muy malo es el de “La Feria”, del maestro Juan José Arreola.  

      Por esas y otras razones “27 de junio de 1917 y todavía soy” es un libro que no debió salir, o debió llevársele a un corrector para que lograra darle “una manita de gato” y saliera decente, este libro baja mucho el nivel de publicaciones que ha tenido el Archivo Histórico Municipal, hay que aclarar que el libro de Vizcaíno no es del Archivo. Desde el diseño se nota un libro viejo, pero sobre todo su contenido es malo y poco interesante la vida del autor, que, repito, un cronista y un premio Jalisco debe cuidar su título, y no quemando el buen nombre de Zapotlán, imagínese si algún extranjero lo ve ¿qué va pensar? Si ese es el nivel del cronista, cuál será el de los demás, puras vergüenzas.

 
criado por suplementolajirafa    4:50 pm — Categoría: Reseñas...

Agosto 31, 2009

La Propuesta de Héctor Alfonso Rodríguez

 

 
José Luis Vivar
 
Interesante, crítico y entusiasta. Así, con estas sencillas palabras es como me atrevo a calificar el libro Propuestas y Proyectos para Zapotlán (2009, Editorial El Juglar), de Héctor Alfonso Aguilar, quien con esa perspicaz constancia que lo caracteriza ha logrado materializar uno más de sus anhelos editoriales, después de algún tiempo prometido. De esta forma, en menos de cien páginas pone a disposición de la comunidad zapotlense un conjunto de propuestas que buscan el mejoramiento del espacio de esta ciudad en la que habitamos.
            Por desgracia me perdí la presentación de dicha obra, por hallarme en otras latitudes, pero es un gusto enorme saber que esos proyectos lleguen a las manos de la gente que como usted o como yo, deseamos que el lugar donde vivimos sea mejor cada día. 
            Es posible también que a raíz de su publicación este libro despierte todo tipo de reacciones: buenas, malas y las de mala leche. Sin embargo, con relación a esta última, Héctor Alfonso no debe inquietarse, pues al menos él ha tenido el suficiente carácter para plasmar sus ideas, escribirlas y compartirlas. No se ha quedado en pláticas de café o en sueño guajiro. Estar o no estar de acuerdo con él es una cuestión subjetiva. Pese a todo, sería interesante que alguien más se atreva a mejorar estas propuestas para enriquecer el panorama de nuestra bien amada Ciudad Guzmán.
             Y es que muchas obras arquitectónicas, programas y proyectos urbanísticos han nacido en forma espontánea, en una servilleta, en una plática de café e inclusive en unas cuantas cuartillas como las que se nos presentan. El progreso no consiste en levantar obras y confundir lo grande con lo grandotote, tampoco en presupuestos millonarios, sino en la medición precisa, en la armonía del espacio y en la materialización de un sueño que beneficie a sus pobladores.
            No sé si usted se acuerde que hace menos de cuatro meses muchos candidatos políticos hablaban de proyectos, pero en realidad pocos, muy pocos nos mostraron algo tácito que lograra entusiasmarnos y nos motivara a decir: ¡Esa es una buena propuesta! ¡Ojalá gane para que le lleve a cabo! Nada de eso. Las políticas partidistas se limitan a lo práctico, a pesar de losa discursos pletóricos de galimatías.
           
Queda entonces para la historia local este libro de un autor que no es arquitecto, pero sabe de que el espacio es vital para edificar; tampoco es economista, pero es consciente de la situación laboral de sus coterráneos; no es médico, pero ha vivido en carne propia –como otros ciudadanos-, la necesidad de contar con servicios clínicos de tercer nivel; tampoco es maestro pero ama la educación y está consciente que sin ella no hay buen futuro ni bienestar en ningún rubro. Por último, sí conoce de cultura, porque quienes lo conocemos nos consta su esfuerzo y apasionante entrega por acercarnos a una obra de teatro, un concierto, la presentación de algún libro, o un ciclo de conferencias relacionadas con la filosofía.
             Sería interesante que en otro espacio y otro momento, los editores de este libro se dieran a la tarea de invitar a un grupo de profesionales como epidemiólogos, ambientalistas, historiadores de arte, sociólogos, y desde luego, ciudadanos que comenten estas propuestas y estos proyectos de un personaje de esta ciudad donde vivimos.
 
criado por suplementolajirafa    10:45 am — Categoría: Reseñas...

Agosto 28, 2009

De nostalgia y proyectos

 

 
José de Jesús Juárez Martín

 

En el marco del Festival Cultural de la Fundación Hispánica 476 años de Ciudad Guzmán, bautizada en aquel lejano día como Pueblo de Santa María de la Asunción de Zapotlán tuve el gusto de participar en dos actividades, el primero en Gordoa 280 donde el Arq. Fernando G. Castolo, el 14 de agosto presentó  una estupenda conferencia acerca de esta población vocacionada para ser grande desde siempre. Sinceramente sus conocimientos de la localidad son bastos, enciclopédicos; su forma de hacerlo, una cátedra, sus materiales y las fotografías nostálgicas, más en color sepia que blanco y negro bañadas de romanticismo y cariño de los nacidos y avecinados en la tierra pródiga de Zapotlán, que esperan mejores días para esta población cosmopolita, porque hoy empieza el futuro de esta ciudad que cada día es más consciente de sus recursos, necesidades, potencial humano, falta sólo la voluntad y el trabajar en equipo que potencie los recursos y los trabajos porque es el grupo quien da un efecto sinérgico.
 
En la segunda actividad a la que asistí fue la presentación de una plaqueta íntimamente relacionada con lo establecido en el párrafo anterior “Propuestas y proyectos para Zapotlán”. Un ejercicio de prospectiva inusual en el campo literario, por eso y otras cualidades, interesante, un conjunto de cartas de buenos deseos del novel escritor e inquieto Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar, referentes para  acciones que generarían los cambios benéficos y la aceleración de un desarrollo urbano de la ciudad, equilibrado con el medio ambiente, la promoción de la cultura y el arte como elementos sustantivos en el arrebato de hacer para satisfacer y trascender.
 
Propone la construcción de un teatro que incentive las actividades culturales: conciertos, representaciones escénicas con uso múltiple por la sociedad del inmueble de mayor capacidad material, técnica, cómoda para los visitantes y habitantes de Zapotlán.
 
Un museo enriquecido con referencia específica de los hijos ilustres de está población que tuvieron que emigrar para formarse y distinguirse.
 
Nos comunica que desde la Administración 2006 hay un espacio elegido para “Centro de Cultura y las Artes”. No bastan las buenas intenciones, las acciones son las que lo podrían construir, toda obra tiene un mínimo de inspiración privilegiada y los trabajos completan, dan materialidad a la obra proyectada. En este aspecto recuerdo que el Mtro. Ramón Villalobos Castillo tiene al Noroeste de la ciudad, una obra enorme en construcción para escuela de “Artes Plásticas”, según ofrecimiento del propio “Mtro. Tijelino” y solicitud de ayuda material.
 
En el aspecto económico, pide a las autoridades faciliten la instalación a empresas ecológicas que pretendan establecerse por aquí, porque incidirá en la creación de empleos, de servicios subsidiarios que a todos beneficiaría.
 
Se testifica que en la administración de Alberto Cárdenas se saneó la laguna; se sugiere volver a limpiarse. En esto la sociedad tiene la palabra porque el agua tratada llega sucia a la laguna, revisar las descargas sería una acción benéfica, inmediata.
El necesario ordenamiento vial, no es sólo de arreglos técnicos y materiales; tal vez la raíz de la solución esté en una educación vial de excelencia. La ciudad fue construida con necesidades de otros tiempos, los requerimientos actuales demandan mejores obras a favor de la vialidad operativa. Los hospitales con servicios médicos de tercer nivel, la consciencia del desarrollo urbano ecológico sustentable, sin duda que es un reclamo, porque en ello nos va la calidad de vida, la salud de esta ciudad hospitalaria.
 
Esta realización editorial tiene nombres connotados en su inquietud por el mejoramiento material, moral y cívico de Zapotlán el Grande; espero la semilla caiga en tierra fértil de administraciones, instituciones y ciudadanos. Que nosotros seamos protagonistas y testigos de ese mejoramiento. Estas propuestas y proyectos dedicados a mejorar la convivencia zapotlense, se agradecen.
                                                          

 

criado por suplementolajirafa    4:22 pm — Categoría: Reseñas...
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