Octubre 22, 2009
De Chilpancingo a Apatzingán
Suceden acontecimientos que con el paso del tiempo arraigan en su tradición el gusto por hacerlos parte de nuestros hábitos, sean en el esparcimiento, en el aprendizaje, o simplemente en aquello de cubrir lo que llamamos el tener tiempo libre y no saber muchas de las veces en qué destinarlo.
Aunque parezca el argumento de una historia de ficción, es un hecho real que La Sombra del Caudillo sin proponérselo se convirtió en una película maldita, porque nunca se permitió su estreno en 1960, sino que tuvieron que pasar treinta años para que el entonces gobierno de Carlos Salinas de Gortari permitiera su exhibición pública.


Fernando G. Castolo,
Cronista de Ciudad Guzmán
Bajo los mismos cánones arquitectónicos de la Catedral Metropolitana de Guadalajara, fue construido nuestro hermoso alcázar josefino, inspirado en los cortes neoclásicos y neogóticos del más importante monumento de los católicos en el occidente mexicano.
Ante la imperiosa urgencia de contar con un edificio que albergara las necesidades litúrgicas de la comunidad católica zapotlense, se iniciaron los trabajos de edificación el 27 de mayo de 1866, al tiempo en que el bachiller don Antonio Zúñiga Ibarra depositara la primera piedra en lo que fue el atrio cementerio del primitivo convento franciscano de Santa María de la Asunción.
Esta urgencia respondía al creciente número de habitantes que la ciudad experimentó en la segunda mitad del siglo XIX y, por consiguiente, el hecho de contar con un espacio que diera cabida a los mismos, para llevar a cabo los diversos ritos de la liturgia romana.
Es necesario recordar que la antigua parroquia, hoy conocida como El Sagrario, cayó de manera irremediable en el fuerte sismo que azotó a la población el 25 de marzo de 1806, dejando sepultado bajo los escombros a dos mil personas, según se acota en el documento de ratificación del juramento a San José.
Posteriormente, el culto religioso pasó a la pequeña capilla de la Orden Tercera Franciscana, misma que por sus diminutas dimensiones fue necesario ampliarla, realizándose de esa manera una capilla anexa que popularmente le conocemos como “del Nazareno”; es por ello que este templo de la Tercera Orden cuenta con dos espacios que, arquitectónicamente hablando, responden a diferentes criterios estilísticos por haber sido concebidos en diferentes épocas.
Entonces los principales vecinos de la ciudad, procuran conseguir un espacio de suficientes dimensiones como para poder construir en definitiva un gran templo, santuario y casa del patriarca José. Es en febrero de 1863 cuando el terreno donde funcionaban unas canchas deportivas le es entregado a la comunidad, por parte del gobierno federal, a fin de concebir la magnánima obra.
Con parte de la cantera del antiguo templo parroquial caído en 1806, se inician los cimientos y el levantameinto de los gruesos muros de lo que será el nuevo templo parroquial, al tiempo en que era reconstruido, reduciendo sus dimensiones espaciales, El Sagrario.
Por esa época era muy común escuchar los repetidos sucesos y enfrentamientos entre liberales y conservadores. Como parte de estos hechos fue saqueado e incendiado el convento dominico de Guadalajara, que se emplazaba sobre la avenida Alcalde. Los dominicos, por supuesto, ante esta ola de inseguridad abandonaron la capital jalisciense. Su convento en ruinas fue desmantelado y constuido en su lugar el templo de San José de Gracia, ubicado en el mismo lugar donde estuvo el convento. Otra parte de esa cantera se trajo a Ciudad Guzmán para continuar con los trabajos de construcción del nuevo templo parroquial; mientras que el portón prinicipal del convento se le instaló al viejo templo parroquial de la ciudad, El Sagrario, que hasta la fecha conserva.
Otra importante aportación de cantera de los muros y techos del alcázar zapotlense proviene de las minas del cercano pueblo de San Andrés Ixtlán.
Durante el proceso de construcción del templo parroquial fueron muchos los peones y albañiles que perdieron la vida. Era escasa la seguridad de la cual se proveían los trabajadores a fin de garantizar su integridad física mientras se desplazaban a lo ancho y largo de la descomunal edificación.
Cuando don Silviano Carrillo llega a regentear la mitra local, al templo únicamente le hacían falta las bóvedas, mismas que dejó concluidas cuatro años después, apresurando de esa manera los trabajos a fin de dejar terminado el hermoso santuario.
Fue el ingeniero tapatío Domingo Torres quien supervisó los trabajos de construcción en los últimos años.
Sin embargo, parecía que la madre naturaleza pondría suficientes obstáculos a fin de que el sueño del cura Carrillo no se concluyera. En enero de 1900 un sismo sacude al valle, agrietando significativamente las bóvedas del templo josefino. Esto, obviamente que mortificó sobremanera al sacerdote pero no lo desanimó. Finalmente, la solemnísima ceremonia de inauguración se llevó a cabo el 8 de octubre de 1900, con la presencia de las principales autoridades eclesiásticas de Guadalajara y la región, poniéndo con ello en servicio del culto público una obra monumental en la que se invirtieron 34 años y muchas vidas humanas.
Este templo parroquial, por sus magníficas dimensiones y exquisita arquitectura, y por haber sido inspirado en el más importante edificio católico de la región, desde un inicio fue conocido con el mote de “Catedral”, categoría que finalmente alcanzó en el año de 1972, al tiempo en que se eleva al rango de Diócesis la mitra local.
La Santa Iglesia Catedral de Ciudad Guzmán, resguarda en sus entrañas los tesoros y símbolos más emblemáticos de la comunidad católica de la región sur de Jalisco. Tallas escultóricas y pinturas de gran relevancia histórica; vitrales y candiles de finos acabados; pero, sobretodo, es el monumento que resguarda la fragilidad y desnudez de un pueblo que encuentra en él su fortaleza “En hambre, peste, temblores, / guerra, inundación, sequía…”